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domingo, 27 noviembre, 2022
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Octavio Paz o la universalidad del pensamiento humano

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La Gualdra 551 / Filosofía

Había una pinta hace tiempo en muchos muros en varias ciudades que decía: “Más (José) Revueltas y menos (Octavio) Paz”, la contraposición entre Paz y Revueltas como intelectuales antagónicos resulta dudosa o por lo menos cuestionable si atendemos el reconocimiento mutuo que hubo entre ambos insignes escritores-pensadores claves de las letras mexicanas del siglo XX.

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Para Paz -tal y como consigna en el tomo 4 de sus Obras Completas (México, FCE)-, José Revueltas representó una narrativa maestra que expone una visión agónica y contradictoria del marxismo y del cristianismo. Y además fue, junto con Carlos Fuentes, pese sus diferencias, un intelectual que siempre tuvo una voz firme de apoyo al escritor duranguense durante su encarcelamiento injusto. Por su parte Revueltas consideró a Paz el guía intelectual crítico de su generación. Desde la cárcel preventiva de Lecumberri le escribe una carta fechada el 19 de julio de 1969: “Martín Dozal lee a Octavio Paz; tus poemas, Octavio, tus ensayos, los lee, los repasa y luego medita largamente, te ama largamente, te reflexiona, aquí en la cárcel todos reflexionamos a Octavio Paz, todos estos jóvenes de México te piensan, y repiten los mismos sueños de tu vigilia” (Luz espejeante. Octavio Paz ante la crítica, México, UNAM-ERA, 2009, p. 503).

La carta expone con vehemente elocuencia sentida, casi en un estilo de oralidad confesional e íntima, que los intelectuales críticos del 68 en México son jóvenes apasionados por la obra paceana y su espíritu de revuelta crítica y encuentran, esos jóvenes, junto con Revueltas, la única verdad que se despliega y encarna en la poesía viva de Paz: “ese canto luminoso”.

Octavio Paz es quizá uno de los intelectuales mexicanos más importantes del siglo XX. Su obra es una meditación universal sobre nuestra condición en y desde nuestra particular circunstancia mexicana, hispanoamericana, insular, periférica. Al igual que Borges y Kavafis asume el margen como una posición estética, ética, política. Su obra una y sorprendentemente diversa representa después de Sor Juana –según el juicio del gran crítico Harold Bloom– la mayor aportación poética mexicana a las letras universales. Añade el autor de El canon occidental que su obra vitalista y erótica conjuga un universalismo estético-poético y una visión aderezada de tantrismo y pensamiento oriental desde su recepción barroca hispánica. Elogia sobremanera El laberinto de la soledad (México, FCE) como una poderosa narrativa hacedora de mitos más que por sus aciertos interpretativos, su fuerza poética reside en su potencia de recreación de las raíces mexicanas profundas.

La vasta y poliédrica obra de Paz es reconocida por intelectuales tan diversos como Julio Cortázar, José Lezama Lima, María Zambrano, Severo Sarduy, Haroldo de Campos, Charles Tomlison y muchos otros más. Su obra con una clara vocación universal sigue siendo leída y comentada en muchos espacios de investigación. En las grandes capitales de todo el mundo se encuentran sus libros traducidos. Su obra poética, crítica, autobiográfica, ensayística (más una obra de teatro), se adentra en las entrañas del ser humano, en su finitud errante, búsqueda amorosa y erótica, así como en su exigencia insobornable de trascendencia y libertad humana.

Estrictamente hablando no es un filósofo, está lejos de los canones y formatos académicos, pero sus obras son reflexiones profundas sobre nuestra humana condición y su escritura es un ejercicio luminoso, gozoso, pensante que da luz y lucidez para entender y atender quiénes somos y por qué. Sus ensayos y poemas –¿ensayos poéticos, poemas filosóficos?– siempre invitan a pensarnos, experimentarnos, sentirnos de otra forma, en otras coordenadas; lo suyo es el arte de la sugerencia que cuestiona, problematiza e interpela.

Sus libros, verdaderas joyas literarias, invitan a reimaginar nuestra situación y condición humana. Su claridad meridiana constituye uno de los más grandes regalos para el lector. Y por su fuera esto poco, Octavio Paz, a través de sus revistas y publicaciones como Plural y Vuelta, contribuyó a que muchos hispanoamericanos pudiéramos acceder al pensamiento crítico vivo contemporáneo más importante del siglo XX, por sus revistas y traducciones muchos jóvenes de fines del siglo XX nos acercamos, antes de Internet, a la literatura, arte y pensamiento más sobresaliente del siglo XX y también nos acercó a tradiciones literarias y culturales orientales poco conocidas en México e Hispanoamérica.

Hombre de carne y hueso que padeció las pasiones y afectos más extremos, su enorme poder cultural y político no estuvo exento de polémicas y controversias. Juzgarlo de manera maniqueísta sería tan desacertado como negar o ningunear su reconocimiento de aportación universal a las letras universales.

Desde las entrañas de nuestra cultura mexicana múltiple, heterogénea, su obra, siempre actual y sugerente, tiende puentes con las tradiciones culturales de todos los tiempos. Su potencia dialógica universal da cuenta de la vigencia y urgencia de su lectura siempre renovada y siempre fértil: “Al decir lo que dicen / los nombres que decimos / dicen tiempo: nos dicen, / somos nombres del tiempo. / Conversar es humano” –concluye un gran poema, quien bien podría ser el corolario del giro hermenéutico contemporáneo. A través de la vasta obra paceana se puede reconstruir una cartografía móvil y fidedigna del siglo XX y desde ahí el mapa de la humanidad entera: tal es su impronta universal.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_551

 

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