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Esbozo de una instrucción inequitativa en la Provincia de Zacatecas

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

El Plan para el establecimiento de ocho escuelas para niños “del común” y una para niños decentes, inspirado en los ordenamientos de la Constitución de Cádiz, y que deberían operar en la ciudad de Zacatecas estuvo inspirado en un espíritu liberal. Este proyecto que en el documento de archivo aparece trunco, sin autores ni fecha, pero que debió redactarse en la etapa final de la guerra de independencia mexicana, pugnaba por una educación pública que no estuviera a cargo del Estado, sino sostenida básicamente por las cooperaciones obligatorias de los ciudadanos, bajo la vigilancia y rectoría del municipio. Serían los propios vecinos los que con sus aportaciones económicas solventarían los gastos de las escuelas por lo menos en lo que hacía a la adquisición de libros, papel, dotación de mobiliario y demás utensilios que requerían. El documento no menciona un fondo específico sacado de las arcas del Ayuntamiento zacatecano destinado al gasto educativo, porque, además, como ocurre en la actualidad, siempre se estaba quejando de lo «exhausto de sus fondos». 

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En el Plan para el arreglo de las escuelas de primeras letras de la ciudad de Zacatecas encontramos un proyecto de enseñanza pública con tendencia a la obligatoriedad bajo coerción, todavía lejos de ser gratuita, y en el arranque de la transición entre lo laico y lo clerical cuyo sostenimiento, como ya se ha dicho, recae en los vecinos tutelados por las autoridades municipales y la clerecía.

No deja de ser sintomático, la división radical de los alumnos en niños ricos o «decentes» y pobres o del “común”, lo que nos da idea de lo elitista y selectiva que fue la sociedad novohispana. En teoría, la educación para todos sólo que separados por las diferencias de clase.  En una época en que la estabilidad social se encuentra amenazada a raíz de las escaramuzas y turbulencias del movimiento de independencia, el grupo o casta hegemónica, acaso reaccionando por instinto de conservación, ve en la educación un bastión para mantener sus privilegios y apartan a sus vástagos separándolos de la chusma en su propia escuela, en la que se preserve el orgullo e identidad criolla española. 

Por otra parte, el establecimiento de las ocho escuelas en los cuarteles fijaba las fronteras entre una minoría de privilegiados y la inmensa mayoría de pobres en la que los padres “envilecidos” como dice el documento en cuestión, veían a la educación de sus hijos, «con la más cruel y reprensible indiferencia».

Por lo que hace a los maestros, había un trato discriminatorio para los que se empleaban en las escuelas de los cuarteles. Los 600 pesos anuales que devengarían como sueldo y que eran tomados de las rentas de las escuelas sostenidas por el Colegio, equivalían a 50 pesos mensuales y a 12.5 pesos semanales; muy por abajo de los veinte que se pagarían a los de la escuela de ricos. De este monto todavía había que pagar la renta de la casa habitación. 

Las materias de enseñanza, así como la elección de la Junta que el documento también menciona, nos dan la idea de una educación bifronte con rasgos laicos y religiosos. Al lado de la lectura, la escritura y la enseñanza de las cuentas (operaciones matemáticas elementales), no podía faltar la predicación de la doctrina y la moral cristianas plasmadas en el Catón cristiano y los catecismos de Fleuri y del Padre Ripalda.

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