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sábado, 28 enero, 2023
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Mitos y leyendas de la democracia occidental

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Por: MANUEL ESPARTACO GÓMEZ GARCÍA • admin-zenda •

Nada en la vida es blanco o negro, nada es completamente bueno o completamente malo, ni siquiera en la política; los polos del siglo pasado encabezados por el comunismo y el capitalismo como modos de producción demostraron tener en común más cosas de las que los doctrinarios puros pudieran imaginar, o tal vez si lo sabían, pero premeditadamente hay que crear el dogma para generar adeptos, el caso es que declararse puro vende y en política, vende mucho mas.

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A finales del siglo pasado y a comienzos del nuevo milenio, las posturas radicales perdieron fuerza, los propios partidos políticos tuvieron que mesurar sus posturas y aquellos que giraban alrededor del centro, tuvieron buenos dividendos, el sistema político tuvo que adaptarse (y desde mi punto de vista, para bien) a una nueva forma de hacer política, sin tantos aspavientos, o cuando menos así se planteo en aquellos momentos.

Como antecedente y en el marco de este encuentro de posturas y del desgaste radical, hay que decir también que la única lucha en la cual ha ganado la izquierda mundial la batalla, ha sido la de los derechos humanos, fundamentales o garantías individuales a la derecha. En Europa hace más de una década que inicio la andanada social encabezada por los partidos de izquierda a poner en la mesa de la discusión social y luego en el centro de los congresos nacionales, las libertades humanas tan amplias, como jamás se habían pensado; por ejemplo, el PSOE en la presidencia española de Rodríguez Zapatero y teniendo como líder del congreso a Mariano Rajoy del PP y actual presidente del país ibérico, lograron pasar los matrimonios igualitarios y hubo avances importantes en materia de salud, como la interrupción del embarazo, también lograron avances en el trato de los animales y aprobaron la prohibición de la tauromaquia, aunque después se revirtió con la asunción del PP.

En el resto del mundo hubo intentonas similares sin cuajar como ley, salvo los europeos, sólo los países sudamericanos donde gobernó la izquierda hubo avances significativos.

Con el pasado antecedente y con la enorme introducción, queda claro que en todo lo demás, la derecha y el centro se llevaron las medallas, incluso el Presidente Obama, quien es para mí además de uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos, es sin duda un personaje icónico de nuestros tiempos, a quien sólo le falto sentar en la silla del salón oval a Hilary, para coronarse como el más grande de todos los tiempos, sin embargo a los grandes no se les da todo, aunque suene contradictorio, son más que las menos las ocasiones en las cuales el gobernante en turno fracaso al momento de imponer a su delfín. Pero en fin, aquí de lo que se trata de identificar a Obama como el máximo representante de la política del centro, del buen manejo del sistema binomio gerencial que priva en EUA, tuvo la virtud de sacar reformas sociales muy importantes para los norte americanos, redujo la pobreza, creo empleos y fue amable en su política exterior, sin embargo les dio gusto a los republicanos siendo, cuando menos omiso en la reforma migratoria, y desgraciadamente quedara marcado como quien inicio las deportaciones masivas de paisanos ilegales, record que se romperá pronto, con la llegada de Donald Trump, a quien le quisiera dedicar las siguientes 300 palabras.

El triunfo de Donald Trump es tan legítimo como cualquier otro, en una de las democracias más avanzadas y con un sistema electrónico de votación a prueba de fuego y con un colegio electoral representativo, nadie se puede llamar sorprendido. Las instituciones no fallaron y en todo caso, nos podríamos preguntar ¿Qué paso, entonces, porque perdió Hillary?  Perdió porque confió su campaña a una estrategia buena pero de alto riesgo, al concentrar sus baterías a exhibir lo xenofóbico de Trump y hacer números con latinos, negros, asiáticos y mujeres, que, lamentablemente le fallaron al momento de la decisión, más del 30 por ciento de latinos votaron por el republicano y las mujeres al final, no fueron solidarias entre ellas, sin embargo estos son solo algunos datos negativos de la candidata perdedora, a Trump hay que reconocerle que tuvo la capacidad para polarizar al electorado, tuvo la visión de ubicar en este momento histórico que las posiciones radicales vuelven a estar de moda, que el consenso no es el estandarte que buscan las mayorías, que la gente ya no confía en el acuerdo político y que está totalmente superada la fase, que un servidor narraba en un inicio, aquella donde los extremos eran rechazados, hoy por el contrario vemos como las posturas opuestas vuelven a tomar fuerza.

Inicié mi escrito diciendo que nada es totalmente bueno o completamente malo, al final del texto lo sigo sosteniendo como a una veladora en medio de una ventisca; por el bien del mundo y en especial de México, quisiera pensar que más allá del show mediático de Trump para ganar electores, está un hombre cuerdo, con dos dedos de frente para no llevar al mundo al despeñadero. ■

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