Nunca, como ahora, me había nacido tanta inquietud en saber en quién podría recaer el Premio Novel de la Paz. Abrí la posibilidad de que se lo dieran a un violento, clasista, racista y genocida como Donald Trump por el poder que le significa ser el actual presidente de Estados Unidos y ejercerlo como candidato “destapado” en voz del violento y genocida primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Pero no se lo dieron al tronco, se lo dieron a una rama a la que, desde hace años, he llamado la derecha asesina de Venezuela, hoy comandada por María Corina Machado “galardonada” como embajadora de la paz.
A la derecha asesina de Venezuela no la he llamado así con una intensión despectiva, sino como concepto, como descripción que resalta la característica promotora de la violencia y su antinacionalismo como estrategia propagandística internacional para promover el injerencismo extranjero. Igual que, con el mismo tenor, uso como concepto el de la derecha corrupta de México, haciendo énfasis a la característica que más la identifica.
Dice mi amigo el doctor Francisco Roa Cueva, “es el mundo al revés”. A Corina Machado, promotora de la violencia en Venezuela, le otorgan el Premio Novel de la Paz. Ese otorgamiento no puede desligarse de sus “amigos de causa”: todos promotores de actos violentos que luego imputan al gobierno venezolano, para apretarse la barriga y gritar que en Venezuela hay violencia. Violencia que ellos mismos programan y financian con el apoyo del Gobierno de EEUU.
Documentado está que, las llamadas “guarimbas” (vandalismo violento que incluye asesinar quemando vivos con gasolina a los contrarios) es recurrente en las protestas promovidas por la prófuga de la justicia María Corina Machado, Henrique Capriles, Lilian Tintori, Julio Borges, el autoproclamado presidente Juan Guaidó y Leopoldo López, éste último tras un arraigo domiciliario escapa de Venezuela y de inmediato lo hacen parlamentario. Vaya forma “democrática” de representar a los europeos.
El tronco Internacional de la derecha pretende caminar con métodos que se han vuelto arcaicos. Como tronco común, Donald Trump, asesores y funcionarios operativos no han demostrado creatividad y menos innovación de métodos y estrategias. A la derecha asesina de María Corina Machado le animan sus objetivos personales y, a partir de ellos, se vincula con el extranjero que, en apariencia, puede garantizarle su complimiento. Su lucha no es social, es por un interés personal, literalmente usan a los enajenados ideológica y políticamente, pequeños sectores a los que engañan y los ponen en las barricadas a luchar contra sus propios intereses de clase.
Las fuerzas progresistas del mundo tienen una oportunidad inigualable. La derecha política internacional no es otra cosa que la representación política del capital imperialista del mundo. El capitalismo imperialista de corte neoliberal vive un periodo de crisis. La búsqueda de una solución a esa crisis lo lleva a su interés de conquista y colonización de otros mundos. Donald Trump ha sido muy claro en eso cuando habla de apropiarse del Golfo de México, hacer de Canadá un estado más de la Unión Americana, apropiarse de Groenlandia. Al tiempo que las guerras en Ucrania, las del Medio Oriente (Israel-Palestina y otras naciones) y el acoso a Venezuela no son otra cosa que el cinismo abierto a apropiarse de la riqueza de algunas naciones como “solución” a su crisis.
La nominación de María Corina Machado como Premio Novel de la Paz es una estrategia de proporcionarle una bandera a la derecha asesina para que, desde adentro y hacia afuera, haga una labor de desgaste al gobierno venezolano que no ha permitido que Estados Unidos se apropie de la reserva de petróleo más grande del mundo, de las reservas de agua dulce, cobalto, oro negro, Plata, Oro y otros recursos preciados por los grandes capitales gringos.
Destino diferente tiene para la peruana Lina Boluarte que, con menos del 4 por ciento de aceptación social, es sacrificada por el propio imperio norteamericano al promover su remoción con el 99.99 por ciento de los votos de los legisladores quienes procedieron a destituirla por inútil.
No todo ha sido una decisión soberana. Las fuerzas progresistas de Perú que han reprochado el golpe de estado contra Pedro Castillo, quien permanece encarcelado, coinciden con la derecha en destituir a Lina Boluarte porque han recibido la indicación de desechar a una figura que, con todo el poder del gobierno peruano, no logra cohesionar a un porcentaje aceptable de ciudadanos. Eso permite que, por algunas horas y por un objetivo elemental, la derecha y la izquierda coincidan. En la búsqueda de un reacomodo, la derecha de Perú impone a otro de los suyos. Seguramente será derrocado por el imperio o por el pueblo, pues al no haber cambios sustanciales en el proyecto nacional, está condenado al fracaso.



