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¿Magia para bajar de peso?

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Por: GERARDO ROMO •

Hace apenas unos días, por alguna razón, entré a una de las 697 farmacias Guadalajara que hay en la zona conurbada Zacatecas-Guadalupe y, al llegar al mostrador de las medicinas, leo un letrero en mayúsculas: LEALTAD.

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Y le pregunto a la dependienta: ¿Ustedes venden la lealtad?

Contesta como quien encuentra un tesoro: ¡SÍ!

Y de inmediato aclara: “Es una insulina para bajar de peso”.

¿Y cómo funciona?, le pregunto.

“La verdad no lo sé”, me dice.

Entonces recuerdo que quizás ese producto milagro pueda ser el antídoto que siempre busqué para eliminar mi lonja longeva… que comenzó a tomar su irrefutable forma redonda en mi cuerpo desde que era un niño de preescolar y que desde entonces me hizo estar inconforme con mi figura física.

Y en tono de broma le pregunto a la joven en bata blanca: «¿Y no ofrecen créditos para liposucción? No hubo respuesta.

Entonces recordé que, en mi lucha contra la talla del disgusto, que en algún tiempo alcanzó los 99 kilogramos, acudí con un médico que, luego de revisarme y pasarme por la báscula, que creí descompondría, me sugirió hacer cinco comidas, entre ellas dos tiempos de colaciones con nuez, almendra, arándanos… y más), pero con un añadido fundamental: ¡tómese estas pastillas!, me dijo mostrándome un frasco cuya sustancia pudo ser diseñada en los mismísimos pasillos de Hogwarts.

¡Si te tomas una pastilla en la mañana y una en la noche, tu cerebro recibirá unas señales que inhibirán tu deseo de comer! Me prometió el médico en mi natal Fresnillo hace poco más de una década.

Preferí no meterme pastilla alguna y seguir sucumbiendo a la delicia de una galleta, tan minúscula y poderosa, o a un taco de birria, tan grasoso y suculento, o por qué no a las crepas de cajeta con nuez que tan deliciosamente y con tanto cariño mi madre preparaba no sólo para mí, sino a toda persona que la solicitara en el Café Romo, ¡eso sí! acompañada, de preferencia, de un delicioso y único capuchino Don Pete; quien tuvo la suerte de probarlo sabe de lo que le hablo, simplemente el mejor capuchino del mundo y sus alrededores, con el jarabe secreto que endulza alma, corazón y vida.

Así pues, si bien toda mi vida he aprendido a caminar con el sobrepeso, nunca esa batalla ha sido acompañada de milagros de mentira, aunque sí, muchas veces, he deseado un día que en un mágico abrir y cerrar de ojos no sea más esclavo de las delicias que me compulsan a la hora del desayuno, la comida o la cena, o aún en medio de estas. Sí, un comedor compulsivo como quien les escribe ha de saber que come por todo y por nada y lo saborea todo… ¡aunque no lo mastique!

La Clínica Mayo ofrece una estrategia de 6 pasos para el éxito en la batalla contra el sobrepeso.

El primero: ¡Asegúrese de estar listo!, aunque advierte que es un esfuerzo que requiere tiempo, esfuerzo y compromiso de largo plazo y pregunta: ¿estás motivado para bajar de peso?

En el segundo paso invita a que encuentre una motivación interna, pero cuando la lonja aparece frente al espejo o debajo de las camisas, es fácil que el impulso interior se esfume.

Fíjese objetivos realistas, sugiere el paso tres… y recuerdo que la industria nos invita a fijarnos metas del realismo mágico que sólo buscan la ganancia de la farmacéutica en turno antes que el alivio de una enfermedad para que seamos siempre padecientes crónicos.

Cuarto paso: “Disfrute de alimentos saludables” Y cómo he de lograrlo si en la tiendita de abarrotes, que es mi verdadero Hogwarts, hay delicias que te dan todo, menos salud y tientan de tal forma que terminas en sus redes: grosor Sabritas, Marinela o Coca-Cola, chicharroncitos o cueritos nadando en vasos de medio litro.

Paso quinto ¡Vuélvase activo! mandatan. Sí, ahí he de decir que activo estoy, trato de ejercitarme, aunque en tiempos de Mundial ¡El sillón es rey!

Y como último paso, la Clínica Mayo pide que cambie de perspectiva, que resume sencillamente con un “no te des por vencido” como quien acude al coaching para encontrar el sentido de la vida.

Y en medio de todo esto, creo que la fórmula para el verdadero cambio es la LEALTAD, sí, hacia uno mismo y a un Poder Superior que todo lo mueve en el amor que lo hizo carne para construir una comunidad fraterna. No hay fórmulas mágicas.

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