El Programa de Precios de Garantía a Productos Alimentarios Básicos, fue creado con el objetivo de incrementar el ingreso de los pequeños y medianos productores agropecuarios de granos básicos. Las reglas de operación establecen los límites de superficie y el volumen máximo de compra por productor, en el caso del frijol, en 2025 se coberturó una superficie máxima de 30 hectáreas por beneficiario y se les debieron acopiar a cada uno 15 toneladas a razón de 27 pesos por kilo.
Conceptualmente, el programa posibilita la reproducción de la vida campesina y garantiza la recuperación de los costos de producción, pero las protestas que los agricultores zacatecanos han protagonizado desde diciembre del 2025 ponen en evidencia los límites estructurales y operativos de la iniciativa gubernamental. La indignación de los que trabajan la tierra es un síntoma de la severa crisis que afecta a más de sesenta mil familias, es evidente que a pesar de los apoyos del gobierno el agro zacatecano está frente a una situación sin precedentes. En la zona productora de frijol cabalgan el hambre y la miseria.
No debe haber duda de que los campesinos son seres sentipensantes, ellos toman decisiones informadas, actúan de acuerdo a sus necesidades y a su criterio propio. Aquellos que dicen que sus reclamos obedecen a la manipulación les faltan al respeto y ponen al desnudo su ignorancia supina; los más grandes agitadores de los campesinos son la pobreza ocasionada por el mercado monopólico y la incapacidad de los responsables de la política agropecuaria, nada tienen que ver los supuestos agentes del mal que la prensa mendaz y el poder que la paga señalan sin descanso.
Este escrito recupera voces de productores que participaron en bloqueos de vías de comunicación y tomas de oficinas gubernamentales, son los mismos que se plantaron en la Plaza de Armas de la capital del estado para protestar contra la mala gestión de los centros de acopio de frijol que operan en nuestra entidad. Aquí se ponen en escena relatos que por lo común nadie quiere escuchar, los recuperamos para conocer las penurias, temores y causas de la ira de los hombres y mujeres que se han atrevido a levantar sus voces contra lo que consideran que es injusto.
Con la certeza de que los dilemas de la vida social se entienden mejor desde la mirada de los eternos perdedores que desde las versiones de los que hablan desde el poder, ponemos atención a voces como la de César:
“Para ser beneficiario primeramente tenías que integrarte a un padrón, después te daban un numerito y luego tenías que esperar a que te llegaran costales para recibirte. Estando aprobado y teniendo el número, esperabas a que te hablaran para recibir los costales para envasar el frijol cribado, sin piedras, que no tuviera palo, que no estuviera quebrado, que estuviera en las mejores condiciones. Pero los encargados del programa por medio de mordidas y moches metían otras personas brincando el padrón que ellos tenían”
(César, de Morelos)
La narrativa de César es surrealista. Los que nacimos y crecimos en zonas rurales jamás imaginamos una situación parecida, “kileábamos” frijol para comprar golosinas y juguetes, vendíamos sin dificultad costales para solventar las necesidades cotidianas, siempre nos preocupamos por hacer producir la tierra y nunca tuvimos que implorar al dueño de la tienda que nos comprara la cosecha. Era al revés, la comercialización de semillas fue un negocio, nunca una pesadilla. Ahora son angustiantes los trámites burocráticos que los productores tienen que realizar para entregar su grano y es kafkiano que cumpliendo los requisitos la mayor parte de ellos no pueden entregar su cosecha en los acopios.
Vayamos al testimonio de otro productor para conocer su triste circunstancia:
“Existe un centro de acopio de Enrique Estrada, pero nos dejaron fuera muy pronto, entonces yo acudí al centro de acopio de Pozo Hondo, Villa de Cos y me anotaron nada más; quedé en el 501 de la numeración, nunca me hablaron. Después, el 15 de diciembre fui y me anoté y me recibieron mi documentación en Calera de Víctor Rosales, ahí me recibieron mi muestra. Me dijeron que había pasado y me dijeron que cuando hubiera costales me hablarían, dejé que pasaran quince días, no me llamaron, entonces hablé con Daniel, me dijo que no había costales, que ya se me iba a atender al momento que me tocara. Volví a los quince días de nuevo, entonces ya se iban pasando las fiestas decembrinas, nunca me atendieron.
(Daniel, de Félix U. Gómez, Enrique Estrada).
El programa de precios de garantía ha habilitado 53 centros de acopio en el estado de Zacatecas. Si se atiende a la más elemental lógica administrativa, la ubicación de los centros debería corresponder un número potencial de beneficiarios. Pero según Daniel el centro de acopio de Enrique Estrada se llenó rápidamente, ¿Cómo es que se llenó sin atender a los productores del padrón que tenía que atender, como Daniel? ¿Los centros de acopio se abrieron sin un diagnóstico previo de beneficiarios? Muchas preguntas quedan abiertas, bien vendría la explicación pública esas cosas.
Peregrinar de un centro de acopio a otro para entregar frijol implica gastos económicos tan innecesarios como inaceptables, eso es indigno. Lo más indignante es que tras el calvario, Daniel no fue atendido ¿Cómo explicarlo? Existen evidencias del manejo incorrecto del programa que para la mayoría de los ciudadanos son desconocidas, pero los productores las tienen claras y así las denuncian:
“Aquí en este programa yo detecto un chingo de transas, ahí le va, se las voy a enumerar. Mire, luego y primeramente, funcionarios asociados con coyotes, funcionarios sobornados este…por coyotes, funcionarios cumpliendo compromisos políticos; de estos funcionarios que estoy hablando son los encargados del programa, son los encargados de repartir el apoyo, son los analistas y los responsables de centro.
(Rodrigo, de Laguna Seca, Pánuco)
Rodrigo es contundente, deja claro que las trabas para la recepción de grano en los centros de acopio no son casuales y mucho menos obedecen a criterios técnicos, son actos razonados para discriminar a miles de productores y favorecer a un pequeño segmento al que se el entregaron papelitos que los agricultores llaman “Fichas VIP”. El Gobierno Federal creó un un programa que según los mismos campesinos “es bueno”, pero intereses bastardos han impedido que llegue a la mayoría de los pequeños productores zacatecanos.
La rabia campesina se manifiesta de muchas formas, las cifras alegres del incremento de la inversión y la ampliación de la cobertura resulta tan ofensiva como la afirmación de que “se atiende directamente al productor” cuando miles de ellos atraviesan una situación sin precedentes en la historia reciente. La ferocidad del mercado de granos es devastadora, los campesinos no encuentran explicaciones ni salidas, por ello formulan reclamos y preguntas como la de Juan:
“Nunca se había visto, o a lo menos de lo que yo tengo de vida, nunca había estado en una situación como la que me encuentro para poder vender mi producto. No me lo robé, lo he trabajado, lo he laborado, lo he sembrado, lo he cultivado, lo he desgranado, lo tengo procesado ya cribado y no lo puedo vender, esto es como un secuestro de nuestro trabajo, ¿en qué mundo estamos?”
(Juan, de San Blas, Villa de Cos).
Los atracos que se han cometido contra los productores en Zacatecas han profundizado la crisis que desde hace dos años desencadenaron los fenómenos climáticos, a pesar de su laboriosidad los productores de frijol van de mal en peor. Este año la gente pudo vender su cosecha a trece pesos a la salida de la parcela, pero por llevarlo al centro de acopio invirtió para limpiarlo y sufrió mermas de más del 20%. El esfuerzo para incorporarse al programa implicó pérdidas y ahora ya no pueden vender su producto ni a siete pesos, se sienten traicionados, creen que han sido la fachada pública de negocios privados:
“Nomás nos usaron como un antifaz, nos usaron de escudo para decir que el programa iba a ser fundado para acopiar nuestro frijol y eso no es así, aquí estamos trescientas personas que servimos de burla”
(Andrés, de Tacialeche, Guadalupe)
La sensación de fraude es generalizada, los productores sienten que han sido objeto de múltiples engaños, para ellos, la burocratización del proceso de acopio no fue más que una ficción técnico-normativa para impedir el acceso al programa federal a la mayoría de los pequeños productores. Los criterios de selección de beneficiarios -lo dicen los agricultores-, se ciñeron más a la atención de clientes políticos y compromisos de orden electoral que al fortalecimiento de una actividad económica de la que dependen trescientos mil zacatecanos.
El desaliento y la tristeza predominan entre los productores. Reclinado sobre las estructuras de una de las gradas que se construyeron para el XL Festival Cultural Zacatecas, un viejo corpulento de manos enormes y mirada esquiva expresa una verdad dolorosa:
“Tenemos deudas, una casa que sostener, una familia; este…desde luego hay que mantener a los hijos, a la esposa, educación, gastos médicos, mantenimiento de casa, mantenimiento vehicular, mantenimiento de maquinaria, de implementos. Tenemos gasto muy fuertes, ya la gente no va a tener par sembrar las tierras, no va a tener para pagar sus deudas. Hay gente que se endrogó con un tractor, con un implemento y no lo va a pagar, va a haber un recesión por culpa de una mala administración de un programa”
(Francisco, de Sombrerete)
John Steinbeck en “Las uvas de la ira” narró la desgracia de una familia de agricultores de Oklahoma que agobiada por las deudas y la miseria se vio obligada a abandonar sus tierras en tiempos de La Gran Depresión. Dejar de sembrar, para los campesinos de la novela de Steinbeck no fue una simple cuestión financiera, fue también existencial e identitaria. La pérdida de los medios de subsistencia genera en los individuos frustración, miedo, ansiedad, depresión, desesperanza y sobre todo rabia. Esos son los sentimientos que ha provocado entre los productores zacatecanos la imposibilidad de comercializar su producto a precio justo.
En lugar de reclamos o disputas palaciegas es hora de atender dignamente a los campesinos, es momento de dialogar con ellos y buscar salidas a los problemas enormes que enfrentan. La demagogia, la indiferencia y los engaños tendrán consecuencias irreparables para los productores y para todos los zacatecanos, hay que olvidar esas retóricas aunque sea por un rato.
Asumamos cada quien la responsabilidad que nos compete y entendamos:
Por el bien de todos…¡Primero los campesinos!



