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Por sus pistolas

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Al más puro estilo de una película hecha en Hollywood, la incursión en el espacio y territorio venezolano, más concretamente caraqueño cuyo fin fue el secuestro de Nicolas Maduro, la teleaudiencia y los adictos a las redes fueron testigos del nuevo show de Trump. Cual moderno César, pero de caricatura; el presidente norteamericano, cumplido su objetivo pudo a ver dicho: “llegué, vi y vencí”. Una vez estudiado los movimientos, hábitos y gustos del mandatario venezolano, era cuestión de tiempo para ordenar su captura. 

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Atrabiliario, aprovechado, abusivo; por la fuerza y eficacia de la tecnología militar más moderna y sofisticada fue por su presa. Fue una acción que se asemeja a la actuación de los libretos de las novelas y películas del viejo oeste en donde el vaquero valentón diciendo ser el justo y salvador del pueblo se enfrenta al fanfarrón que lo ha provocado diciéndole que vaya por él, sí es que puede y no es cobarde y que ha osado desafiarlo y en un santiamén lo eliminó.

De Nicolás Maduro se pueden decir muchas cosas. Lo peor y faltarían calificativos: que era un sátrapa, dictador, enemigo de la democracia, violador de los derechos humanos, represor y hasta narcoterrorista. Puede ser un impresentable, pero la forma como fue secuestrado junto con su esposa no le correspondía hacerlo a una potencia extranjera. Los problemas y asuntos de Venezuela corresponden a los venezolanos. Las acusaciones para perseguirlo hasta capturarlo son solo pretexto para robar su petróleo.

Al ordenar su secuestro, Trump se erige en el policía del mundo. Atacó a Venezuela y a su presidente de facto sin invadirla y ocuparla con un ejército regular. Con ello, el presidente norteamericano ha dejado ver que más que restablecer la libertad y la democracia, restituir el estado de derecho en la tierra de Simón Bolívar, lo que el busca al retener y juzgar a Maduro por narcoterrorista son otras cosas. Desfachatadamente lo declaró con cinismo: lo que queremos es el petróleo. Un petróleo que dice que es suyo, de los norteamericanos y que será entregado a las compañías petroleras gringas para que reconstruyan la infraestructura petrolera, extraigan y vendan el oro negro. Aun no juzgan al precio y ya esta exigiendo una cuota de 50 mil barriles de petróleo.

La acción atropellada de Trump, propia de un truhan, se inscribe también dentro del juego de la geopolítica. El bloqueo y restricciones comerciales que Estados Unidos le impuso a Venezuela durante el chavismo de Hugo Chávez y que propiciaron como efecto de las restricciones del Imperio inflación, crisis económica y política, empobrecimiento de la población que dio lugar a la diáspora de millones de venezolanos. Esta situación de crisis y empobrecimiento a lo que se agregó la violencia social, obligó a Venezuela a comerciar su petróleo con China y Rusia con los que estableció acuerdos e intercambios diversos. Estos vínculos buscan terminar también la invasión yanqui. Es parte también del corolario de la doctrina Monroe (destino manifiesto y reclamo de su espacio vital incluidos). 

Entre las lecturas que se han hecho del atropello trumpiano, está la de que el presidente norteamericano ha reaccionado como fiera herida. Al secuestrar y trasladar a Maduro a Nueva York para que sea juzgado por los tribunales, recurrió a una acción desesperada. Encima tenía el acoso de los señalamientos de la prensa crítica que lo ha estado acusando por su relación con el pederasta y padrote más famoso (delincuente sexual), Jeffrey E. Epstein, y que involucran al presidente en situaciones muy comprometedoras para su persona y el cargo que detenta. John Mearsheimer, filosofo y catedrático de la Universidad de Chicago, califica a la fallida administración de Trump con una palabra: desesperación.  Agrega que lo que se ha gastado en las aventuras desesperadas (de crear) guerras locas, debió utilizarse en modernizar el país (Véase la columna de Miguel ángel Velázquez, “Ciudad perdida”, en La Jornada, 6/01/2025). Un país matriz del neoliberalismo y que tiene ya un buen rato sufriendo sus estragos: bajo crecimiento, desempleo, inflación, problemas de migración, incremento de la drogadicción, y lo más importante, pérdida de competitividad ante potencias industriales y comerciales, China en primer lugar, cuyos productos son más baratos, de mejor calidad y ressultan más competitivos, sobre todo los electrónicos y los relacionados con la industria digital y la informática.

La gran tragedia de Venezuela no es que hayan secuestrado al que era su presidente de facto. Como en México, el país de Doña Barbara ha sufrido la maldición del petróleo al que también allá escrituro el diablo. La situación económica y política que favoreció el fenómeno del chavismo fue la corrupción que propicio el manejo de esta riqueza petrolera y la incapacidad para administrarla mejor y haberla usado como palanca para superar el subdesarrollo.  Esto no ha sido posible porque el acecho del imperialismo gringo regresa por sus fueros a clavar sus garras.

Depuesto Maduro, la transición será gradual marcada por un chavismo o madurismo sin Maduro. La permanencia del aparato chavista que ha gobernado ya un cuarto de siglo a la hermana república bolivariana, así lo constata. La democracia y libertad por la que ha clamado y reclamado la oposición, pueden esperar. Haber impuesto a Corina Machado o a cualquier otro presidente títere, con la fuerza que tiene el chavismo había sido un riesgo que Trump no podía darse ese lujo. Al pistolero matón todavía le quedan balas en su revolver para seguir cometiendo fechorías y atropellos.

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