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miércoles, 8 febrero, 2023
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2023: Atenerse a la esperanza

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Por: GERARDO ROMO •

¿Quién no ha hecho una lista de buenos propósitos al iniciar un año nuevo? Estos suelen ser buenos momentos para la renovación en lo personal, y desde luego a nivel comunitario.

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Este tiempo me hace recordar a Pedro Casaldáliga, un teólogo y sacerdote que vivió y escuchó al pueblo indígena y campesino de Brasil, en la región del Mato Grosso (los más pobres entre los pobres de esos territorios). Aprendiendo de ese acompañamiento mutuo, que inició en 1968, y culminó en 2020, luego del último suspiro del profeta.

Esta es su prédica:

Yo me atengo a lo dicho:/ La justicia,/ a pesar de la ley y la costumbre,/ a pesar del dinero y la limosna.

La humildad,/ para ser yo verdadero./ La libertad,/ para ser hombre./ Y la pobreza,/ para ser libre./ La fe cristiana,/ para andar de noche,/ y, sobre todo, para andar de día./ Y en todo, hermanos,/ yo me atengo a lo dicho:/ ¡La Esperanza!

En esa certeza Casaldáliga y el pueblo vivieron momentos dulces y amargos, de plenitud total y también de muerte. De dichas y tristezas.

Juan José Tamayo recuerda uno de los principales legados de Casaldáliga “trabajó por otro mundo posible”, donde la justicia no se confunde con la limosna ni la humildad con la humillación. 

Y qué difícil es hoy mantener la esperanza, la realidad que vivió Casaldáliga en Brasil no es muy distinta a la que se sigue viviendo hoy allá en aquel País pero sobre todo aquí, en el nuestro, en la tierra que pisamos y nos alimenta.

Hoy me quiero enfocar en agradecer a quienes desde sus espacios de vida y convivencia construyen como Casaldáliga otro México, otro Zacatecas posible.

Cómo no agradecer a las miles y miles de maestras y maestros, que pese a la adversidad, siguen siendo sembradores y sembradoras de horizonte para formar niñas y niños, cuyas voces deben ser escuchadas por el mundo adulto que se empecina en ignorarlas.

Cómo no agradecer a las y los campesinos que no pierden la esperanza en que sus tierras darán fruto, (aunque no llueva, aunque no se les paguen bien sus cosechas, aunque muchas veces, aunque ellas y ellos nos alimentan, ellas y ellos mal comen).

Cómo no agradecer a las obreras y obreros que chambean a diario ocho horas y más. A las enfermeras, a los médicos que estuvieron antes, mucho antes del covid y ahora, entregando sus vidas, aún en el riesgo de perder las vuestras.

Cómo no agradecerte a ti que estás leyendo esto porque te levantas, aunque las fuerzas se agoten y las ganas de seguir se extravían más de lo deseado.

Cómo no agradecer a las familias que no dejan de buscar a quienes esperaban en casa y siguen sin llegar. (Ustedes son la sal de la tierra, las y los más amados de Dios, aunque la oscuridad del sufrimiento pueda nublar la presencia de la misericordia que no se ve, pero que existe. Ustedes son misericordia).

Cómo no agradecerte a ti mujer, que te abres camino contracorriente, que encabezas desde hace ya mucho tiempo la revolución de las conciencias más importante que este País ha visto nacer, la lucha feminista.

Cómo no agradecer al minero que debajo de la tierra extrae la riqueza que no vemos, pero que con esta actividad, muchas veces ingrata, se sostiene buena parte de la economía estatal y nacional (aunque algunas mineras se siguen negando a pagar impuestos).

Cómo no agradecerte a ti hermano migrante, porque no pierdes la esperanza de que México y Zacatecas sean distintos. Porque tú con el sacrificio del éxodo forzado, de empezar de cero, construyes esperanza a lo lejos, para que no la perdamos quienes acá estamos. Quiero agradecerte por tu lucha, porque ésa lucha es la del Gigante en cuyos hombros esta tierra, este México, en buena medida, sigue en pie.

Hoy es tiempo de gratitud. 

Que este 2023 nos encuentre construyendo, en comunidad, espacios de fraternidad y alegría capaces de tejer universos de esperanza indestructibles.

 Que reconociéndonos diferentes los unos de los otros caigamos en la cuenta de que somos uno en todos y todas en uno. 

Que el amor se haga costumbre hoy mañana y siempre.

Y como diría el padre Mayo Ismael Bárcenas, durante las misas que suele ofrecer a las comunidades donde asiste, entre ellas, Fresnillo, su tierra: Creo en Dios que habita dentro de ti y dentro de mí.

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