La lucha de los privilegiados acaparadores de agua, con el bloqueo de las comunicaciones terrestres, nació muerta. Sólo un milagro sociopolítico podría darles una remota tregua y tendencialmente sería transitoria. Al final de cuentas, su lucha está condenada al fracaso, por dos motivos centrales: primero; antes de morir de sed una amplia mayoría empuñaría las armas para arrebatar el monopolio que del vital líquido hace un puñado de capitalistas del campo y la industria nacional y extranjera; segundo, la forma y método de lucha diseñada por los rancheros (los campesinos son otra cosa) perjudica al grueso de los mexicanos y no van a soportarlo por largo tiempo; o los remueve la fuerza pública o lo hará la población civil, con las consecuencias que eso implica.
Precisemos los conceptos: por “hidromafias” debe entenderse a los grupos de capital agropecuario o industrial que se han apropiado, por la vía de la política y la corrupción, de un recurso natural que durante los 6 sexenios de neoliberalismo mexicano pasó de propiedad SOCIAL a propiedad PRIVADA, donde el Estado Mexicano perdió la rectoría y la capacidad de salvaguardar un bien natural propiedad de la nación en detrimento de la diversidad de actividades de grandes sectores de población rural y urbana del país.
La propaganda de la inconformidad de las hidromafias está basada en confusiones, distorsiones y mentiras reconvirtiendo a los victimarios en víctimas; la propaganda es cobijada con la falacia de información que, en realidad, es malainformación, desinformación y enajenación ideológica y política. En esa función propagandística han caído, por lo que son y por vocación, los monopolios capitalistas de la comunicación porque el régimen político de la Cuarta Transformación ya no les permite obtener los dividendos que les significaba encubrir y justificar las acciones corruptas, de injusticias y desigualdades sociales de los 36 años de régimen neoliberal. Por eso, no ocultan su alineación en la derecha corrupta, fascista y opositora y siguen un comportamiento golpista, embustera y de magnificación de los inconformes, perdiendo la decencia de la veracidad informativa.
De esta forma, meten a campesinos, a rancheros capitalistas, a auténticos, a sancochados y a falsos líderes del campo en un mismo saco; sin hacer distingos de lo que son como clase social y los intereses que de ella emanan. Hagamos la otra precisión y distinción conceptual: los campesinos son quienes trabaja la tierra propia, al partido o como peones asalariados; mientras que los rancheros acaudalados son auténticos capitalistas agropecuarios que viven de la producción de sus empleados del campo y que no necesariamente tienen su origen o viven en el campo; muchos de los que, violando la ley, convierten el derecho humano al agua en mercancía, la venden a campesinos con tierras pero sin concesión, venden la concesión, trafican el líquido a empresas industriales o a gobiernos municipales para satisfacer las necesidades domésticas.
Ejemplos: los hermanos Lebarón, con 150 pozos de riego; los Monreal Ávila, con 843 mil 460 metros cúbicos que explotan a menos de 15 kilómetros de la ciudad de Fresnillo misma que padece de desabasto; la exministra Olga Sánchez Cordero, con 2 millones 557 mil 136 metros cúbicos; Vicente Fox, Jaime Rodríguez Calderón (“El Bronco”); Guillermo Padres, César Duarte y sus más de 50 millones de metros cúbicos; Diego Fernández de Cevallos, Marko Cortés y otros.
De todos ellos, sólo la familia Lebarón ha dado la cara. Saben que ni la justicia ni la legalidad les asiste, permanecen agazapados pero alentando a sus peones y dirigentes campesinos, en quienes tienen algún tipo de influencia, para que bloquen las carreteras con la falsedad de que el actual Gobierno Federal les va a quitar el agua que muchos de ellos no tienen, a arrebatar las concesiones (pozos, presas o ríos) que solo ven en sus patrones. Incluso, me consta que de entre los manifestantes hay campesinos sin propiedad, son campesinos asalariados, “acarreados”, carne de cañón, manipulados para cuidar los intereses de sus propios verdugos, mientras protagonizan fratricidas, ilegales e insensibles retenciones de transeúntes.
La derecha, especialmente PAN y PRI y los monopolios de la comunicación, nos presentan una narrativa falsa. Ni la iniciativa de ley, ni la aprobación en lo general de la misma, contemplaron o contemplan expropiar los pozos a los campesinos que los usan conforme a las normas, tampoco impiden que las herencias de propiedad conserven la concesión que tenían.
La intensión se enfoca a garantizar el derecho humano al agua, retirar de la política neoliberal un recurso fundamental, evitar la privatización y sacar del mercado un bien que tiende a exentar del mismo a quienes no puedan comprarlo, cuyo precio lo regularía la oferta y la demanda. Con la nueva ley se acaba un negocio lucrativamente inhumano, el del cartel del agua, el de las Hidromafias.



