Es indudable que dicha velada ni es un encuentro ni mucho menos un festival, es un remedo aburrido de forzadas voces que demeritan a los anteriores que organizaba el mismísimo vate Sampedro y en la actualidad es una caricatura y producto de holgazanes y burócratas que nada le aportan a la población zacatecana.
En las 18 ocasiones que se dieron cita los poetas, siempre es la misma cantaleta: el poeta Eudoro Fonseca, la poetisa Laura Elena González y el norteño Jorge Humberto Chávez, los que fácil han estado en 10 de los dizque festivales, peor aun con la nueva modalidad del fruncido Fonseca Yereña con su estilo de poesía religiosa y que al tomar micrófono, aburre mas que un curita y confunde mas que un profe de matemáticas.
Ramon López Velarde era un poeta alegre, vivaracho, muy político, muy militante, era un abogado valiente y que sufrió persecuciones y amenazas, un periodista de mucha talla y siempre con altísima creatividad, enamoradizo, siempre activo, en dizque su honor se hacen rondas de poetas donde entre ellos se leen sus escritos y ante un escasísimo público que no ve por donde justificar los gastos de una Universidad que siempre anda precaria y sufre ahora por pagar aguinaldos a su personal académico y administrativo.
El responsable directo de tanta irresponsabilidad y alta mediocridad es el poeta Juan José Macias alias “el macanas” y quien con un uso doméstico del oportunismo, no resuelve ningún problema del grave analfabetismo cultural que sufre la población zacatecana; las lavanderas, los campesinos, los albañiles, los taxistas, las tablajeros, los obreros cerveceros, las empleadas de las tiendas 12 horas paradas, de nada tienen la culpa que una runfla de invitados comodinos se tomen selfis en un ventaneo que es un fracaso donde quiera se le vea, intrascendente, sin comunicados, sin desplegados, sin manifiestos y lo peor: poesía aburrida, inalcanzable, egoísta e ininteligible.
Juan José obtuvo la estafeta del festival desde hace 4 o 5 ocasiones y no se ve para nada una ruta o un propósito, mas que cumplir con 8 mesas de lecturas, un taller expedito de poesía en su galería Godiva y una visita cuasi religiosa a la cuna del poeta jerezano, un andamiaje ridículo donde se cancela a la mejor poesía nacional, que de paso, también sufre la crisis de la credibilidad por estar insistiendo en la narrativa de la queja, el constante egoísmo, el agravio de la soledad, la disconformidad emocional provinciana y la actitud apolítica ante el drama de un país que lucha por salir adelante con sus jornaleros agropecuarios y estudiantes populares.
Lo peor del caso es que “el macanas” es siempre asesorado por el escritor e historiador y académico Arturo Burciaga, quien de la manera mas simplona, dirige tras bambalinas la ristra de invitados a los cuales pertenecen a su circulo de bohemios donde el master David Ojeda Álvarez era el mandamas del control político de talleres y de premios, de publicaciones y de viajes, de nuevos talleres y de un sectarismo donde el derechista actor Joaquín Cosío les cocía las papas del sectarismo y el orgullo bueno para nada.
La literatura zacatecana ha contado con grandes procedimientos inolvidables, pero también de muchos fracasos y derrotas: recuerdo haber acompañado al entonces gobernador Miguel Alonso Reyes al teatro Calderón a escuchar al narrador valedor del cañón de Juchipila, el gerásimo Tomás Mojarro y el evento fue un verdadero monólogo ininteligible, aburrido e incoherente y, en síntesis, un caos donde micrófono y contexto, fue una pérdida de tiempo, un ardid para pagar o cobrar emolumentos.
Lo mismo sucede con este festivalito, “internacional”, con la presencia de dos poetas, una colombiana y un español, que de paso andaban en nuestro país y fueron jalados a participar en esta simulación que es ya un autentico fiasco y una fachada donde los propósitos de Macias el Juan José quizás sea el que su editorial burciana tenga nuevos libros donde editar en la vecina Aguascalientes y seguir despreciando a los impresores zacatecanos.
Simulación y consumación, no opera tampoco que los festivales donde el maestro Sampedro coordinaba, hayan sido la maravilla en el contexto nacional, era la misma cantaleta: un ritual donde braman quedito las soledades y las vanidades y un enredo acaparado y lleno de desilusiones en que pareciera ser, volverán el próximo año a tomarse selfis y fotos grupales y luego publicarlas en su muro para seguir en la vida provinciana y ajena al mundo que les reclama y desea sean insensatos y rebeldes y no una caricatura o un aparador en el largo escaparate de premios insulsos y puestos de burocracia perezosa.



