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Groenlandia y la ignorancia de las elites

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Por: José Luis Pinedo Vega •

Nuestro planeta es único en el universo, y por supuesto no se hizo en seis días, por lo cual la humanidad debería aceptar como la mayor prioridad el no perturbar su equilibrio.

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Groenlandia, -territorio autónomo de Dinamarca, con una extensión territorial mayor que la de México (2.17 millones de km2) con tan solo poco más de 20 mil habitantes- desde mediados del siglo XX ha jugado un papel importante siendo objeto de expediciones e investigaciones científicas y climáticas trascendentes. El 81% del territorio está cubierto por una capa de hielo con una altura sobre el nivel del mar de entre uno y 3.2 km de altura. Una de las investigaciones más trascendentes ha dada cuenta detallada de la historia o evolución del clima desde la época paleolítica. Para ello se extrajeron kilómetros de lo que se han llamado “zanahorias” de hielo, cuya superposición de capas, contienen atrapada la composición de la atmósfera a lo largo del tiempo –capsulas de tiempo, como las llamó Clair Patterson, quien inventó el método y quien en 1955 calculó con gran precisión la edad de la Tierra (4 550 millones da años)-. Esos estudios han dado cuenta que la atmósfera evolucionó paulatinamente y que la coexistencia de las especies biológicas actuales son el resultado de esa evolución. 

Actualmente se siguen monitoreando los cambios de la capa de hielo en Groenlandia y entre otras cosas, se ha evidenciado que, catastróficamente, en el 2023 la capa de hielo perdió 129 mil toneladas debido a los cambios climáticos. Considerando que el espesor promedio de la capa de hielo de Groenlandia sobre el nivel del mar es 1.8 km, puede ser verificable con cálculos relativamente sencillos, que si se fundiera completamente todo el hielo de Groenlandia el nivel del mar aumentaría en 7.4 m. 

Los casquetes polares tienen una función primordidal en el equilibrio térmico del planeta. Por eso es imperativo que ambos casquetes -incluida Groenlandia- sean zonas geográficas donde haya un mínimo de actividad humana y que estén exentas de actividades industriales. Pero, para los analfabetos escéptico-climáticos eso no importa. 

A pesar de que en el propio Estados Unidos se han sucedido devastaciones enormes por inundaciones, sequías e incendios forestales, para la administración Trump los cambios climáticos “no existen”, solo existen los negocios.  Para ellos, Groenlandia es considerada, por una parte, como una fuente virgen de recursos naturales -petróleo y shalle gas, litio y materiales estratégicos-, cosas que es muy discutible que sean muy fáciles de explotar, pero que es la idea que pretenden vender a inversionistas y las compañías petroleras y mineras. Para explotar los recursos naturales de Groenlandia habría que perforar entre 1 y 3 kilómetros de hielo, y en el caso del petróleo y shalle gas, además habría que inyectar reactivos químicos para romper las placas de roca y hacer que se libere el gas, cosas que además de contaminantes alterarían en forma irreversible el permafrost.

Pero, Groenlandia no solo es vista como una fuente de recursos estratégicos, Trump la reclama como una zona de interés geopolítico, donde se pretende instalar bases militares para “controlar y bloquearle rutas marítimas a China y Rusia”. Y esta pretensión sin duda es para congraciarse con el complejo militar norteamericano, y garantizar y ampliar su dominio y espacio de acción. 

Desde fines diciembre, al mismo tiempo que preparaba la invasión de Venezuela y anunciaba nuevos aranceles para Canadá, Trump volvió con el tema de anexar Groenlandia, declarando que para ello no escatimaría hacer uso de la fuerza. Y fue hasta este acto de prepotencia y soberbia -el enésimo más uno-, que finalmente los líderes europeos comenzaron a entender que no eran más que peones en el tablero geopolítico de Estados Unidos. Y esa fue la gota que fragilizó la alianza Atlántica y que, al menos en el discurso, puso pausa a la subordinación de los líderes de Unión Europea y de Canadá respecto a Estados Unidos. 

A los ojos del mundo está claro que Trump, con sus órdenes ejecutivas de imponer aranceles a diestra y siniestran -que no es otra cosa que exigir mayor tributo del exterior –exhibía un sistema tributario en crisis y una ambición desmedida de intensificar el flujo de capitales para enderezar el imperio, sin tocar a sus multimillonarios. Recurrió a intensificar el neo-colonialismo, haciéndolo extensivo a los países europeos. Pero, nadie vio nada y nadie cuestión nada. Los líderes europeos atrapados en la narrativa de que Rusia era su peor amenaza y suponiendo que eran aliados protegidos bajo el paraguas de la OTAN, se convirtieron en obedientes e incondicionales lacayos y aduladores, dispuestos a acatar sus instrucciones a pesar de que sus economías se hundían en el estancamiento y crecía las movilizaciones sociales.

Los despertó de su letargo la amenaza de intervención militar a Dinamarca, socio de la OTAN. Finalmente, se dan cuenta que Trump no respeta ni a los socios, y sobre Groenlandia les duele darse que realmente no tomados en cuenta como jefes de estado sino como peones. Pero no los despertó la amenaza de catástrofe climática que significaría la explotación de recursos natrales si Estados Unidos se anexara Groenlandia. 

Y la cumbre de Davos, celebrada entre el 19 y 23 de enero 2026, se convirtió en el escenario del desencanto transatlántico. Los temas principales no fueron precisamente: los desafíos mundiales, el crecimiento económico limitado y la IA, como había sido planeado. Los líderes europeos se centraron en externar su desencanto con la actitud de Trump y su apoyo a Dinamarca, e incluso ofrecieron desplazar tropas militares a Groenlandia para evitar una invasión. Pero en ningún momento mencionaron preocupación alguna por el riesgo de catástrofe climática de la iniciativa de Trump. 

Lo bueno del desencanto para los europeos, es que ahora será fácil eludir la exigencia de aumentar al 5 % del PIB el gasto en defensa. 

Fiel a su estilo, Trump en Davos, le dio un giro a su versión amenazante. Ya no dijo nada de tomar Groenlandia por la fuerza. Se erigió como el único líder mundial preocupado por la seguridad mundial ante el “inminente riesgo de una invasión de Groenlandia por Rusia o China” (sic). Dijo que ni Dinamarca ni la Unión Europea tenían capacidad de defensa de Groenlandia… 

No se sabe en qué parará la pretensión de Trump sobre Groenlandia. Pero, independientemente no está demás estar del lado correcto de la historia. Seamos partícipes de la exigencia, de prohibir todo tipo de actividad industrial y sobrepoblación de los casquetes polares. 

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