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Bienestar, justicia y ruta clara: Zacatecas y México en construcción.

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Por: MARIANO CASAS •

En México estamos ante un cambio profundo. Tras décadas de políticas centradas en la fuerza y el castigo, la Cuarta Transformación (4T) colocó en el centro algo que parecía olvidado: el bienestar de las personas. Programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, las becas Benito Juárez, las pensiones para adultos mayores, la inversión en salud, la ampliación de universidades y la cultura comunitaria no solo han devuelto dignidad y esperanza a millones, sino que también frenan donde más duele al crimen organizado: su capacidad de reclutamiento.

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Esta visión es respaldo científico, no intuición. Un estudio de 2025, elaborado por Prieto-Curiel y otros expertos, demuestra que un solo gran cártel en México genera pérdidas de más de 19 mil millones de dólares al año, y que la forma más eficaz de reducir su poder no es solo con patrullas, sino con inversión social permanente: educación, empleo y oportunidades para las y los jóvenes antes de que sean seducidos por el crimen organizado. El mismo estudio advierte: “Si el Estado no invierte más en deporte, educación y comunidad, el ciclo violento continuará, sin importar cuántos operativos se realicen”.

Esta idea cobra mayor fuerza al ver lo que no funcionó en el pasado. En 2006, el expresidente Felipe Calderón declaró una supuesta “guerra contra el narcotráfico” y militarizó la seguridad pública. El resultado está documentado: los homicidios vinculados al crimen organizado pasaron de 2,826 casos en 2007 a más de 15,000 en 2010. El país vivió el periodo más sangriento desde la Revolución, y los cárteles crecieron no solo en violencia, sino en capacidad de cooptación política y social. La llamada “guerra contra el narco” no frenó la delincuencia: la hizo más dispersa, más violenta y más poderosa.

Y ahí entra el momento actual. Hoy México está haciendo algo distinto: en lugar de más guerra, está apostando por más justicia social. Y aunque el cambio toma tiempo, ya hay resultados tangibles. Zacatecas, uno de los estados más golpeados por la violencia en años pasados, logró reducir significativamente la tasa de homicidios en 2025, colocándose entre los estados con baja incidencia delictiva en meses recientes. Esta recuperación no es obra de la casualidad, sino del trabajo coordinado entre comunidades, gobierno y políticas sociales que empiezan a rendir frutos.

Sin embargo, para consolidar la paz hacen falta otros actores que aún van detrás del cambio: los jueces y magistrados del país. Hoy más que nunca deben cumplir con su función constitucional: impartir justicia sin simulaciones, sin privilegios y sin proteger a quienes lavan dinero o capturan instituciones desde dentro. Mientras haya sentencias laxas, corrupción judicial o puertas giratorias, el esfuerzo social y la seguridad pública se verán boicoteados desde adentro.

El asesinato del presidente municipal de Uruapan, Michoacán —un hecho sumamente lamentable— demuestra una realidad cruda: los municipios siguen siendo la primera línea de ataque del crimen organizado, y no cuentan con las herramientas ni la protección institucional adecuada. No puede seguir siendo así. Los alcaldes deben estar protegidos, las compras públicas auditadas y los programas sociales blindados de la cooptación criminal. La paz también se construye con gobiernos locales fuertes, transparentes y vigilados por la ciudadanía.
Si algo queda claro tras revisar la evidencia, es que:


● Invertir en bienestar no es “gasto asistencialista”, es política de Estado para quebrar el modelo de violencia.
● Reducir el reclutamiento del crimen organizado es más eficaz que cualquier operativo militar.
● La responsabilidad del Poder Judicial es tan grande como la del Ejecutivo: sin castigo al crimen de cuello blanco, el crimen de calle se recicla.
● Zacatecas avanza, y ese avance debe consolidarse, no suponerse como permanente.

La 4T ha demostrado que la violencia no se combate con más violencia, sino con oportunidades reales, con justicia que no protege privilegios, y con un pueblo que sabe hacia dónde quiere caminar: hacia la paz con dignidad y derechos.

Que no nos gane el miedo, ni la resignación. Que nos mueva la convicción y el bienestar. Porque la verdadera seguridad nace donde la justicia y la esperanza hacen hogar.

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