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■ Estrenan en México obra "Ars Omnia Vincit" de Sergio D. Durón

Celebra Banda Sinfónica de Zacatecas el tradicional concierto de Jueves Santo

■ Dirige Luis Manuel Sánchez Rivas gala en Plaza Armas

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

En el marco del Festival Cultural 2026, la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas celebró el tradicional concierto de Jueves Santo, en esta ocasión bajo la conducción del director huésped Luis Manuel Sánchez Rivas; el programa contempló un repertorio clásico y tradicional mexicano.

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En este concierto se estrenó en México la obra Ars Omnia Vincit del compositor Sergio D. Durón, en la que “explora las posibilidades tímbricas y rítmicas de la banda sinfónica con un lenguaje actual que exige precisión técnica y una profunda sensibilidad interpretativa”.

“La partitura alterna episodios de gran intensidad, donde las secciones de metales y percusiones construyen bloques sonoros densos y vibrantes, con momentos de apertura lírica, en los que las maderas despliegan líneas amplias y expresivas. Esta dualidad configura un discurso musical y simbólico: la tensión entre conflicto y belleza, entre adversidad y creación”. 

También se interpretó “La boda” de Luis Alonso de Jerónimo Giménez, una de las páginas más representativas de la zarzuela española, en la que su vitalidad rítmica y su carácter festivo estableció desde el inicio una conexión directa con el público. A partir de ahí, el programa se desplegó como una narrativa de contrastes y escalas monumentales. 

Después la banda se adentró en La Divina Comedia de Robert W. Smith, una suite sinfónica que traduce en sonido el célebre viaje de Dante Alighieri: el Inferno emerge con una densidad oscura y casi telúrica, donde las disonancias y los acentos rítmicos generan una sensación de caos; el Purgatorio introduce una tensión contenida, un tránsito entre la sombra y la luz; y finalmente, el Paraíso se abre en una escritura luminosa y expansiva que exige de la banda una sonoridad plena y equilibrada.

El concierto continuó con “Libertadores” de Oscar Navarro, una obra que dialoga con la memoria histórica del continente americano. A través de patrones rítmicos insistentes y una orquestación colorida, evoca tanto las raíces indígenas como los procesos de lucha por la libertad, creando un discurso que es a la vez evocador y enérgico.

Después surgió una explosión de vitalidad urbana con el “Mambo” de Leonard Bernstein, extraído de West Side Story. Aquí, la banda se enfrentó a un lenguaje profundamente rítmico, donde la precisión y el swing son esenciales. La obra funciona como un puente entre la música académica y el jazz, mostrando la versatilidad del ensamble y su capacidad para habitar distintos universos sonoros.

En la recta final, el programa se vuelca hacia la identidad nacional. El “Huapango” de José Pablo Moncayo emerge como uno de los momentos más esperados, no sólo por su popularidad, sino por su capacidad de condensar el espíritu de la música mexicana en un lenguaje sinfónico vibrante. 

A esta celebración se sumó la ya tradicional “Obertura solemne 1812” de Piotr Ilich Chaikovski, una obra de gran espectacularidad que despliega toda la potencia de la banda. Su carácter triunfal, con contrastes marcados entre secciones líricas y explosiones sonoras, prepara el terreno para el cierre.

Finalmente, el concierto culminó con la “Marcha Zacatecas” de Genaro Codina, un himno que trasciende lo musical para convertirse en un acto colectivo. En ese momento, la Plaza de Armas dejó de ser sólo un escenario para transformarse en un espacio de comunión, donde la música unió voces, memorias e identidades.

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