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■ Devotos denostan vestimentas modernas para el Niño Dios

Día de la Candelaria: tradición y fe ante prácticas contemporáneas

■ Pese a debates y gastos, miles de familias mexicanas mantienen viva esta tradición

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

Cada 2 de febrero, miles de familias mexicanas celebran el Día de la Candelaria, una tradición que implica convivencia, fe y también un gasto económico que, en algunos hogares, representa un esfuerzo importante al inicio del año. A ello se suman las críticas y debates que en los últimos años han surgido en torno a la forma en que se viste al Niño Dios, lo que ha generado discusiones públicas sobre el respeto a la tradición religiosa.

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Para quienes participan como padrinos o madrinas del Niño Dios, la celebración inicia desde diciembre, cuando la imagen se coloca en el nacimiento y se organizan convivios familiares. Una madrina consultada explicó que parte de los gastos corresponde a la entrega de recuerdos o bolos para los invitados.

“Normalmente hago 40 bolos y en eso gasto alrededor de mil a mil 200 pesos”, señaló.

A ese gasto se suma la ropa del Niño Dios. En diciembre se adquieren o mandan confeccionar cobijitas y sabanitas, cuyo costo ronda los 400 pesos, mientras que el traje que se utiliza el 2 de febrero, cuando la imagen se levanta y se lleva a bendecir, tiene un costo similar.

“Ya para cuando lo levantamos es el vestidito y también son como 400 pesos, aparte del bolo”, explicó.

Sin embargo, la mayor inversión suele recaer en la familia que resguarda el nacimiento y organiza la comida del Día de la Candelaria, ya que debe ofrecer alimentos a quienes participaron en la partida de la Rosca de Reyes y a familiares cercanos.

De acuerdo con testimonios recabados, una reunión para alrededor de 40 personas puede representar un gasto de entre dos mil y dos mil 500 pesos, dependiendo del menú y del número de invitados. Tradicionalmente se sirven tamales y bebidas calientes como atole o champurrado, aunque en algunas casas se opta por pozole, guisados o incluso buñuelos.

En conjunto, los gastos de la celebración pueden oscilar entre 3 mil 800 y 4 mil 500 pesos, al sumar los bolos para los invitados (entre mil y mil 200 pesos), la vestimenta del Niño Dios en diciembre y febrero (alrededor de 800 pesos en total) y la comida para unos 40 asistentes, cuyo costo ronda entre 2 mil y 2 mil 500 pesos. 

Esta cifra equivale aproximadamente a entre dos y poco más de dos semanas de ingresos para una persona que percibe el salario mínimo en México, por lo que, para muchas familias, mantener la tradición representa un esfuerzo económico considerable al inicio del año, aunque se asume como parte de la convivencia y la fe. Cabe resaltar que la cifra puede variar considerablemente, pues cada familia adapta la celebración a sus posibilidades económicas y al tamaño de su círculo familiar.

Además del gasto económico, otro tema que ha cobrado relevancia en los últimos años son las críticas hacia la costumbre de vestir al “Niño Dios” o como lo llaman a una figura de porcelana, sumado a que también se acostumbran más atuendos modernos o personajes ajenos a la tradición religiosa.

Mientras que antiguamente se respetaban ciertos lineamientos (el primer año vestirlo de blanco, el segundo con ropa de color y el tercero como rey con corona), hoy en día se comercializan trajes de profesiones y personajes contemporáneos. 

Esta práctica ha provocado quejas y discusiones en redes sociales y espacios públicos, donde algunos creyentes consideran que vestir una imagen sagrada de esa manera resulta ofensivo o una falta de respeto, mientras que otras personas defienden la costumbre como una adaptación cultural y una forma de mantener viva la tradición entre las nuevas generaciones.

Las polémicas suelen intensificarse cada año conforme se acerca la fecha, generando debates entre quienes buscan conservar la tradición religiosa original. 

De acuerdo con información difundida por México Desconocido, el Día de la Candelaria se celebra 40 días después de Navidad, es decir, el 2 de febrero, fecha en que, según la tradición católica, la Virgen María acudió al templo para purificarse tras el nacimiento de Jesús y presentar al niño ante Dios.

En esa ocasión se bendecían velas o candelas, símbolo de la luz que Cristo representa para el mundo, origen del nombre de la festividad.

Durante el Virreinato, esta celebración coincidió con rituales agrícolas indígenas que marcaban el inicio de la temporada de siembra, por lo que los tamales se incorporaron como alimento principal de la fecha, una costumbre que permanece hasta la actualidad.

La festividad también está ligada a la Rosca de Reyes del 6 de enero. Quienes encuentran la figura del Niño Jesús dentro del pan se convierten en padrinos y deben ofrecer tamales el 2 de febrero, cuando la imagen se retira del nacimiento, se viste y se lleva a la iglesia para su bendición.

Aunque muchos creyentes participan activamente en la celebración, especialistas señalan que no todos conocen el significado original de la fecha ni el simbolismo de las velas, que representan la iluminación espiritual traída por Cristo.

A pesar de los debates y del gasto que implica la organización de la reunión, la tradición continúa vigente y representa para muchas familias mexicanas un momento de convivencia y continuidad cultural que cierra el ciclo navideño y da paso a las siguientes celebraciones religiosas del calendario.

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