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lunes, 28 noviembre, 2022
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Notas en torno a la economía y la política

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Estamos viviendo un giro en la política monetaria; con el supuesto objetivo de “reducir la inflación” se vuelve a la austeridad, el control salarial, etc. Si seguimos la política impulsada en Estados Unidos de América, leemos cómo, durante varios años, con el denominado “helicóptero Bernanke”, una forma de dispersar billones de dólares, conocido con las siglas QE (quantitative easing o flexibilización cuantitativa) poniendo más dinero en circulación en la economía, lo que entre otros efectos produce una baja de los tipos de interés. La Reserva Federal, FED, inyectó cantidades ingentes de recursos públicos a la economía; mediante esta política, Ben Bernanke, esperaba lograr… precios de activos crecientes, para «aliviar las condiciones financieras generales y estimular la actividad económica» a nivel general. 

Esto implicaba reducir el precio del dinero (lo contrario de lo que estamos viviendo actualmente: la subida de las tasas de interés, que aún continúa). En general, los resultados del QE, que tenía como objetivo estimular a los bancos a dispersar esa inyección de dinero público, a través de préstamos a familias y empresas, que estaban, por su situación económica, sin acceso al crédito. Lo que a su vez debía generar un mayor consumo en los hogares y animar la inversión empresarial, generando empleos y crecimiento económico. Con el propósito, entre otros, de convertir en propietarios de viviendas a sectores amplios de los trabajadores, llevándolos a desistir de luchar por aumentos salariales. Pero los bancos no se apegaron a ese “guion”, por el contrario, dirigieron ese dinero, teóricamente destinado a los hogares y empresas en dificultades, privilegiando -de nueva cuenta- las inversiones financieras, que tenían como objetivo impulsar al alza los precios de las acciones (volviendo a generar las “burbujas financieras” que desembocaron en la crisis del 2007; fortaleciendo -otra vez- la economía de casino global, podemos recordar la frase de “demasiado grande para caer”). En suma, ello implicó un reducido aumento en la inversión de capital capaz de producir empleos con salarios altos, y reducido empoderamiento de los trabajadores; el “goteo hacia abajo” no funcionó, en cambio, al subir el precio de los activos financieros, los que realmente se beneficiaron fueron quienes poseían acciones, capital privado y otros activos. El balance de esta política fue negativo para amplios sectores de la población, incluso con tasas de interés muy bajas, los hogares con ingresos reducidos, y sin posesión de activos financieros, terminaron recurriendo a endeudamientos con intereses altos, sin acceso a los créditos blandos, y quedaron -en gran medida- atrapados en un círculo de dependencia de las deudas que contraían, como intento de solventar sus bajos ingresos. El resultado, se reforzaron las lacerantes desigualdades entre… “el 1% más rico, y el 99%” para recordar la consigna que enarbolaron durante las protestas en 2011-12. 

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Ahora, ante las dificultades económicas actuales, que junto con otras causas, vienen también de esa dinámica viciada,  (Fobaproas repetidos a escalas incomparablemente mayores), llegaríamos al fracaso de esas políticas que pretendían “estabilizar el sistema” siempre sesgadas a favor del sector financiero, incluyendo nuevas formas del mismo, como el capitalismo de la interpretación económica ortodoxa, vuelve a recetar las consabidas fórmulas, de descargar el balance de la FED, y un aumento de las tasas de interés, contención salarial, negando otras alternativas que pueden ser cruciales. 

De acuerdo con interpretaciones heterodoxas, el aumento actual de los precios al consumidor está impulsado por los problemas en la logística a escala económica global, (interrupciones en las cadenas de suministros) generadas por la pandemia, incluyendo, más recientemente, la invasión rusa de Ucrania y los aumentos de precios provocados por la pretensión de no disminuir los beneficios de las empresas, pasando el costo a la población. Pasando por alto que eso puede provocar un estancamiento con inflación que no resolverá ni los problemas de la cadena de suministro ni la economía de los trabajadores de bajos ingresos, desempleados o de los endeudados. Una reflexión aparte, merece la concentración de las inversiones el complejo militar-industrial, en la guerra y la carrera armamentista desatada, donde los factores geopolíticos forman parte del cálculo económico (el gasto en armamento y la destrucción a través de la guerra es un significativo substituto del QE) y político (la hegemonía en medio de una crisis global que se amplía y profundiza, a medida que nos adentramos en la tercera década del S. XXI) por el enfrentamiento entre las potencias por el dominio mundial, dejando visible, para quien quiera verlo,  un nivel de “irracionalidad sistémica” que raya en lo demencial, basta advertir la forma en que se provoca, y al mismo tiempo se pretende, desviar la atención sobre los riesgos de una conflagración nuclear, sin duda, uno de sus signos más evidentes -entre otros-. 

Es sin duda, crucial, pensar en lo que estamos viviendo en México, y lo que sucede en otros países, recientemente escuchamos el discurso en la ONU, de un Jefe de Estado, Gustavo Petro, develando esta “irracionalidad sistémica”, impulsada por el afán de lucro, que precipita al mundo en una confrontación bélica suicida, y que se niega a advertir que, por ejemplo, la guerra contra las drogas no ha funcionado, y que la lucha contra el cambio climático ha fracasado. 

Ante este panorama deberíamos de reconsiderar la urgente necesidad que tenemos de replantearnos el rumbo que en México -y en Zacatecas- actualmente seguimos. Dos posibles opciones las estamos viendo, por ejemplo, con la extrema derecha y el triunfo electoral de Gorgia Meloni en Italia, o bien, hacia la izquierda, con Gustavo Preto o con la política sobre el sistema fiscal en España o el debate en la contienda electoral en Brasil, con Lula contra Bolsonaro. No son las únicas opciones ni las que nos garantizan que lograremos “sacar las castañas del fuego”, pero son referentes, entre otros, donde, por ejemplo, se juega una sociedad autónoma en proyecto, todas ellas son referentes importantes a la hora de redefinir nuestras alternativas, son parte de la reflexión colectiva que de un modo u otro hemos comenzado  a emprender.  

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