Por afirmaciones del expresidente Andrés Manuel López Obrador, sabemos que el escritor mexicano Carlos Monsiváis acuño la frase de que “la verdadera doctrina del conservadurismo es la hipocresía”. Muchos citan esta frase por una especie de automatismo, fanatismo o dogma. Si reflexionamos el contenido profundo de la afirmación veremos que la hipocresía está aparentada, o mejor dicho emerge, con la existencia de relaciones sociales injustas, la necesidad de ocultarlas y presentarlas como razonables.
Si por conservadurismo entendemos todo tipo de postura interesada en reproducir, preservar o retornar a un estado social de cosas que permitan el sometimiento de una porción de la sociedad por otra (la lucha entre las clases sociales), podremos entender que esa postura sólo puede existir en un ambiente donde se establecen relaciones sociales de desigualdad.
En la sociedad capitalista actual, esas relaciones sociales son de explotación del Trabajo Asalariado por el Capital. Son de explotación por cuanto el Capital se apropia del superávit (el plus) de Valor que el Trabajo genera durante el Proceso de Producción. En tal virtud se trata de una relación injusta porque el Capital obliga al Trabajo a laborar más allá del tiempo socialmente necesario (Plustrabajo) para producir el coste de su sobrevivencia. Ese excedente que se le expropia al trabajador se va acumulando de forma creciente como Capital y se convierte en un poder económico dominante que también se desdobla en poder político y en poder ideológico.
Pero, también hay otras formas de explotación encubiertas que no pasan por el Proceso de Producción y acumulan Capital, se realizan en las esferas de la Circulación, se dan en la gran variedad de opciones que les permite la economía de las actividades ilícitas, tanto en las que se le conocen como delitos de la delincuencia organizada como los que elegantemente se le llaman delitos de cuello blanco. En México pueden sonarles nombres como el de Joaquín Guzmán Loera, o el de Ricardo Benjamín Salinas Pliego, sólo por ejemplificar.
Se trata de un proceso sentado sobre relaciones injustas que, a nivel de la conciencia, son encubiertas con un bagaje ideológico que las justifica con una falsa racionalidad. Como parte de esa necesidad encubridora surge la hipocresía como ideología y práctica, como pensamiento y comportamiento, como enseñanza y ejercicio de creencias, como doctrina.
Ahora bien, la hipocresía es falsedad, fingimiento, farsa, mentira, características que llevadas a lo social representan un elemento esencial del discurso (ideología, concebida como falsa conciencia) de la clase dominante (“la ideología dominante es la de la clase dominante” Karl Marx y Federico Engels). Por lo mismo, la hipocresía es pensamiento y comportamiento propio del Capital. Del Capital brota la hipocresía como necesidad para reproducirse, sostenerse, reeditarse o recuperarse. Es una de las muchas opciones que tiene una clase social para someter al resto de la sociedad.
La derecha mexicana como la internacional, que representan los intereses económicos del Capital, desde lo ideológico y lo político, son regularmente hipócritas por la arquitectura de intereses y por la formación de la que han sido objeto. Son defensores del Capital aún desde la ignorancia de que cumplen ese papel.
Desde ese cuadro teórico es posible entender la postura de nuestra derecha corrupta de México, de la derecha asesina de Venezuela o desde la derecha fascista que representa el núcleo de los oligarcas económicos de Estados Unidos, de los que es vocero actual el presidente Donald Trump.
Esta es la circunstancia por la cual la derecha no puede hablar con la verdad. La verdad, es creadora de la conciencia social sobre la causa fundamental de las desigualdades sociales (las relaciones sociales injustas), de las que se deriva el clasismo, racismo, discriminación, la ausencia de oportunidades de mejor calidad de vida de grandes porciones de la sociedad mientras una cúspide usufructúa los resultados de la explotación y puede presentarse como seres de bien, honorables pero socialmente altaneros y prepotentes.
Esta perspectiva teórica, sumada a una observación crítica de los hechos concretos, facilita una comprensión diferente a la difundida por los medios monopólicos de la comunicación (que son empresas capitalistas) sobre temas como el del conflicto Ucrania-Rusia que, en realidad, es Estados Unidos-Asia. O el de Israel-Irán que es Estados Unidos-Medio Oriente. La guerra comercial de Estados Unidos, hasta ahora país hegemón del imperialismo, contra el mundo. O del discurso hipócrita contra México por temas como el de la pobreza, la antidemocracia, el contrabando, el narcotráfico, entre otros que ven amplificados en su propio espejo.
El discurso político de los representantes de las economías que representan el Capital Imperial, con Estados Unidos a la cabeza, destaca por la gran hipocresía. Otros le llaman doble moral o doble discurso. Lo mismo sucede con la derecha mexicana, acusan de lo que son. Su doctrina es la hipocresía.



