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El ocaso de una era: adiós a MTV

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Por: Evelina Gil •

El fin del famoso canal de televisión MTV en el primer minuto de 2026 es un acontecimiento que muchos lamentan, sobre todo en lo que se refiere a los primeros años de transmisión de la señal, época que conformó gustos, modos y estilos tanto musicales como culturales y personales, como lo testimonia con mucha solvencia este artículo.

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¿Recuerdan dónde estaban el 1 de agosto de 1981?

Muchos ni siquiera habían nacido. Yo estaba por cumplir trece años y uno de mis mayores orgullos era una colección de discos (de vinil) y casetes con playlist de música “adulta”, nada que ver con Menudo o Timbiriche. No contaba con servicio de cable, pese a existir en México desde 1972, según resultados arrojados por Google. Lo más próximo eran las antenas aéreas de mi natal Sonora, que captaban señales defectuosas de canales de Arizona y California. Hubiera deseado, con todo mi corazón, estar ante un televisor cableado, en la fecha antes señalada, para presenciar el nacimiento de Music Television, mejor conocido como MTV. Si me dan a elegir entre revivir el primer alunizaje y los minutos inaugurales de este canal, me quedo con lo segundo… y no en vano aludo a ambos eventos: la primera imagen transmitida por MTV recrea aquella hazaña del 16 de julio de 1969, empezando por el despegue del Apolo 11 y el comandante Armstrong hincando una bandera en la superficie lunar… sólo que dicha bandera no es la de Estados Unidos sino el logo de MTV, mudando de colores y texturas al compás de una alocada batería acompañada de un bajo. Un videoclip que parecía realizado ex profeso para ese momento hizo parpadear alegremente las pantallas curvadas y los bulbos purpúreos de los televisores: “Video killed the radio star”, del dúo inglés The Buggles, rodado en 1979. Para quienes no alcanzan a entender lo que esto significó para los boomers más jóvenes y los X pubertos y, más adelante, para los millenials nacidos a partir de aquel mismo año, 1981, que asistieron al surgimiento de la versión latina de dicho canal, considero pertinentes un par de aclaraciones: los videoclips, como se les conoce en la actualidad, no llegaban ni a un centenar, y con la radio todavía determinando qué canciones escalaban en las listas mundiales, la iniciativa de Robert W. Pittman, de veintiocho años, de lanzar un canal televisivo de estas características debió sonar arriesgada, cuando no descabellada. Pero el joven ejecutivo debió tener muy bien sondeados a sus potenciales espectadores cautivos, pues al cabo de un año no sólo llevaba 8 mil 760 horas de transmisión continua sino, además, presentaba videos especialmente pensados para este canal, varios de los cuales alcanzarían estatus de obras maestras, dirigidos por experimentados cineastas; por mencionar sólo pioneros en la materia: Dancing With Myself, de Billy Idol (Tobe Hooper, 1981), Hungry Like a Wolf, de Duran Duran (Rusell Mulcahy, 1982), Thriller, de Michael Jackson (John Landis, 1983), o Dancing In The Dark, de Bruce Springsteen (Brian de Palma, 1985). Más adelante vendrían Martin Scorsese (Bad, Michael Jackson), David Lynch (Wicked Game, Chris Isaak), David Fincher (Vogue, Madonna), Jonathan Glazer (Karma Police, Radiohead), Gus Van Sant (Under The Bridge, Red Hot Chili Peppers), Tim Burton (Here With me, The Killers), entre muchos otros.

Si bien los videoclips alcanzaron estatura cinematográfica, el cine de la época, a su vez, asumió un formato muy próximo al del videoclip. La serie televisiva más popular de los años ochenta, Miami Vice, no sólo llegó a transmitirse en este canal sino que, además, honraba la cruz de su parroquia con tremendo soundtrack y, más específicamente, una novedosa técnica narrativa que era como un largo videoclip. La película de 2006 de Michael Mann, aunque aceptable, prescinde de estos elementos inherentes al material original.

¿Y a qué viene tanta nostalgia?

Viene a que la Paramount Skydance Corporation, actual propietario de la marca MTV, que empezó siendo gestionada por Warner Amex Satellite Entertainment (conjunción de Warner Bros y American Express) ha anunciado que, a partir de los primeros segundos de 2026, definitivamente desenchufará (unplugged, término empleado en su comunicado, que se siente sarcástico al aludir a uno de sus más amados programas) los canales satélites MTV 80’s, MTV 90’s, MTV 00’s, Club MTV y MTV live, conservando la señal original (MTV HD) que desde hace algunos años se dejó comer por la nefasta modalidad de los telereallyties. 

Recordemos que si bien inició transmisiones en Nueva York se propagó internacionalmente por Latinoamérica, Europa, Asia y, más recientemente (2005), África, con matrices en Brasil, España, Francia, Reino Unido y Japón, así como una ristra de oficinas centralizadas (México entre ellas), indicativo, supongo, de la inmensa popularidad alcanzada. Todas estas señales se apagarán paulatinamente y, especulemos, podrían rehabilitarse para emitir más programación infame como Teen Mom o Acapulco Shore. Por otra parte, para quien no se ha enterado de que el canal alterno musical VH1 murió junto con la pandemia, sepa que fue adquirido asimismo por PSC para alojar las múltiples señales de MTV que, al momento de esta redacción, están conectadas a un soporte vital que pronto les será retirado.

La nueva educación digital/sentimental

Cultural y artístico. Son los mayores legados de MTV que apenas quienes lo conocimos de verdad somos capaces de inferir. Para muchos fue el espejo en el que elegimos reflejarnos. Nuestros músicos favoritos adquirieron el plus de volverse visibles; adquirir rostro, cuerpo y voces habladas. Fueron, pues, nuestros influencers y copiamos sus peinados, sus cortes de cabello (extremos, en muchos casos) y su vestuario, porque, más que buenos músicos, que parecía suficiente, impusieron tendencias. En mi subjetiva experiencia MTV llegó cuando más lo necesitaba, en el punto más álgido de mi adolescencia. El gel se volvió producto de primera necesidad, trasladado en mi mochila junto con mis libros, pues de lo contrario no lograría emular el look de Madonna. El retorno de las casacas, inspirado por la nueva ola británica rebautizada como new romantic, postmodernos Byrons y Shelleys. El dramatismo enfocado en el delineado de ojos y el permiso para hurgar entre las prendas olorosas a naftalina de tu madre, tus tías, incluso tu abuela, para brindarles un segundo derrotero. Camisolas, sombreros, zapatillas de ballet o botas con estoperoles. MTV inflamó nuestra creatividad a niveles estratosféricos. No una tribu urbana: fuimos legión. Posiblemente sea inútil explicar esa clase de epifanía que representó el MTV primitivo para muchos de sus padres o adultos más próximos: los sueños surgidos de esta dinámica y su derivación en obras artísticas, tanto musicales como visuales, pictóricas y literarias. Me permito recomendar una hermosa película irlandesa, Sing Street (John Carney, 2016), sobre unos adolescentes que crean un grupo musical y filman un videoclip amateur, cuando era tremendamente complicado hacerlo, más en busca de huir de la mediocridad de una secundaria pública que de la verdadera fama. 

Es falso, como le escuché decir a un youtuber treintón, que hoy te puedes crear tu propio videoclip con un celular ordinario: No. No uno digno de MTV. Releer, por favor, la lista de directores que pusieron su grano de arena para alimentar este acervo. “Es el signo de los tiempos”, la explicación anodina que hasta la IA te da cuando pretendes indagar por qué se apaga todo, exceptuando la programación que ni siquiera justifica el nombre del canal. Dinero. Sí, en primer lugar. La producción de realities no exige tantos recursos, ni económicos ni intelectuales, como sí la producción de videoclips que, te han convencido, es mucho más accesible en internet. Si las salas de cine son cada vez más reducidas, impersonales y carentes de alma; si el streaming comienza a convencernos de ahorrarnos la ida a esas salitas encarecidas, ¿qué se podía esperar del destino de los canales de música? Ironía: a la estrella de la radio no la apaga nada, ni siquiera su verdadera némesis que es Spotify. Y el día que las salas de cine comiencen a “desenchufarse” te expondrán los mismos argumentos: es el signo de los tiempos. Sale muy caro mantener estos establecimientos, por mucho que mermen el tamaño de los vasos de refresco y los recipientes para palomitas. Culparán al cliente en vez de buscar maneras de innovar una experiencia imposible de replicar en casa. Y junto con el cierre de los cines, supongo, vendrá una crisis de ambición cinematográfica; películas protagonizadas, si bien nos va, por influencers y exparticipantes de esos mismos realities que mataron a MTV, futuro que hace rato empezó a suceder.

Aquí corto mi ficción especulativa/catastrofista, no quiero llevarla demasiado lejos. La tecnologización no necesariamente implica evolución. Para empezar, es totalmente falso que en YouTube encontrarás el acervo de MTV. Cuenta con un canal con 11 mil 500 millones de seguidores; cantidad, digamos, respetable. La mala noticia es que, si bien está consagrado al contenido musical, abarca desde 2016, año en que ya la música había dejado de ser prioritaria para la señal principal. Claro que es posible encontrar los videos más populares de la cadena, pero una buena cantidad de material de los años ochenta y noventa se evaporará junto con las señales especializadas en estas décadas. Ahora bien: quienes fuimos asiduos a MTV sabíamos que cada 31 de diciembre se programaba un top de los cien mejores videos del año, una verdadera delicia. En YouTube los encontrarán en su versión más resumida: los número uno de cada año, desde 1984 hasta 2024. Y supongo que algo harán con 2025, pero nunca encontraremos las listas completas alojadas en internet.

El suicidio de los zombies

Y sí, aunque en YouTube circulen los primeros minutos de MTV, en muy baja resolución, yo elegiría presenciarlos en su origen, en aquel colosal televisor que reaparece en mis sueños, expectante por el mundo que estaba por abrirse ante mis ojos… por conocer los rostros de algunos artistas de los que sólo conocía su manera de interpretar. Lo que por nada del mundo quiero presenciar es el instante en que la eutanasien, a la joven edad de cuarenta y cuatro años, muy probablemente al ritmo de “Internet Killed Video Star”, de The Limousines, rola de hace quince años y cuyo divertido video representa un asalto zombie que nos hace pensar, simultáneamente, en Thriller y en George Romero. Al final, spoiler, los zombies se suicidan

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