La facilidad con la que personas ajenas a la ideología de la izquierda progresista, o al proyecto de la 4T, son aceptadas como candidatas o candidatos solo porque “son muy conocidas” —o impulsadas por un cacique, como es el caso de Verónica Díaz—, que vaya usted a saber cuáles fueron los méritos que tuvo para que dicho cacique la impulsara a la Delegación del Bienestar y después al Senado, y que ahora el gobernador la imponga como candidata para 2027 —con nulas posibilidades de ganar—, todo ello sin haber comprobado suficientemente su lealtad, su capacidad o su honestidad.
¡Vivimos tiempos extraordinarios! Fue una de las frases peculiares de quien encabeza la nueva gobernanza —para mal, que nos quede claro—, y lo único que podemos agregar al respecto es que le faltó completar la frase, que debió haber sido: ¡vivimos tiempos extraordinariamente malos!
No puedo entender qué es lo que tiene en la cabeza este señor: si verdaderamente la gente que lo rodea —tan mala o peor que él mismo— lo ha convencido de que todo está bien y de que es un buen gobernante, o si simplemente se trata de un cinismo extremo salir con esa afirmación cuando Zacatecas se encuentra, y ello desde hace ya más de 30 años, en los últimos lugares de todos los rubros que usted pueda imaginar: empleo, economía, salud, educación, y así hasta el infinito.
Pero los números son muy fáciles de manipular y maquillar. Si no me lo creen, revisen los medios de las últimas semanas que afirman que nuestro estado, Zacatecas, se encuentra en el sexto lugar nacional en cuanto a exportación. Claro, eso dice la letra grande, mientras que la letra chiquita aclara que el 97.9% de lo exportado corresponde a la minería, una actividad que solo ha depredado el suelo zacatecano, lo ha devastado ecológicamente, no paga o paga impuestos mínimos, menores al 7%, cuando cualquier trabajador paga arriba del 35%, que ofrece los peores sueldos frente a cualquier otra actividad económica, y que debe quedarnos claro no deja nada o deja demasiado poco a la economía y, con ello, al progreso de nuestra entidad.
Aun así, el secretario de Economía anda buscando la aprobación para que la Federación acepte y reparta, cuasi gratuitamente, concesiones por el orden de 3 mil 700 millones de pesos en nuevos proyectos mineros que, ni de maldita la cosa, servirán a nuestro estado. Y vaya usted a saber si algo ha conseguido, porque en días recientes la Presidencia de la República anunció una investigación sobre las últimas 100 concesiones mineras otorgadas a espaldas del proyecto de la 4T.
Pero eso sí, estamos saliendo del año del “Bienestar” para entrar en el año del “Progreso”, porque, como diría el dicho, de lengua me echo un taco. Estas gentes de la nueva gobernanza no tienen ni la remota idea de lo que significan esas palabras y no pueden reconocer que Zacatecas es el estado más pobre del norte de la República. Presumen que el cacique se encuentra en las primeras filas del escenario político nacional, pero la pregunta es: ¿qué ha hecho por Zacatecas? Prácticamente nada, a pesar de su amplia área de influencia en la política nacional, donde claramente ya se ha vuelto un lastre para la Cuarta Transformación, mientras su hermano solo observa para ver si alguna migaja cae de la mesa de la Federación y pueda presumirla.
Un ejemplo que permite entender cómo se hacen las cosas por estos rumbos tan dejados de la mano de Dios. Todos observamos el entusiasmo por construir el segundo piso, no de la 4T, sino del bulevar metropolitano, dizque porque estaban muy interesados en la vialidad. Cuando la sociedad echó abajo dicho proyecto, se olvidaron totalmente de aquello que decían era su prioridad en materia de movilidad urbana. La verdadera prioridad —está claro que no para ellos— era el Platabús, hoy completamente en el olvido. Tan es así que el propio subsecretario de Transporte declaró recientemente que no hay para cuándo, lo que deja claro que todo se trataba de un negocio para llevar recursos a los bolsillos de la nueva gobernanza. Un negocio que lo sigue siendo, porque no solo no aclararán en qué se gastaron los 500 millones de pesos ya erogados, sino que además existen demandas, y esa demanda —de mí se acuerda— se perderá, lo que obligará a pagar una multa millonaria de la cual, mínimamente la mitad —si no es que más—, se quedará en el bolsillo de usted ya sabe quién, y que vive aquí, no en Tabasco.
¿Y Milpillas, apa? Esa sería la pregunta. Los legisladores federales Ramírez Cuéllar y José Narro anunciaron que se encargarían de conseguir los permisos y no han hecho maldita la cosa. Lo que la sociedad no olvida es que, si hoy estamos en crisis hídrica, es porque el 80% del agua del subsuelo fue concesionada a las mineras y a la cervecera, sin olvidar las importantes concesiones otorgadas a la familia Monreal. Tendrían que ser ellos quienes pagaran la construcción de la presa, pero eso sí, ya organizaron a sus huestes a sueldo para protestar contra la nueva Ley del Agua que busca retirar dichas concesiones.
Solo atinan a presumir que nuestro estado es líder en la reducción de hasta un 70% de los homicidios dolosos, cuando todos sabemos lo manipulables que son esas cifras, y lo que no dicen es el incremento exponencial de personas desaparecidas, seres humanos que seguramente, según su lógica, andan de vacaciones en la Riviera Maya.
La crisis en el ámbito turístico y cultural es enorme, no solo por la falta de recursos, sino también de ideas. Ya desapareció la Orquesta Sinfónica y está en capilla la Banda del Estado, que pronto cumpliría 100 años. En fin.
Termina un año —el 2025— malo, para iniciar otro peor —el 2026—, y la sociedad, aguantando.



