La Gualdra 686 / Río de palabras
Adiós al pueblo. El CCH Naucalpan, la literatura prohibida y el año 1999
“La Secretaría General tiene el agrado de comunicarle que ha sido seleccionado para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México, en el plantel Colegio de Ciencias y Humanidades 2 Naucalpan, Grupo 0118, Turno Matutino”. Con estas palabras se marcaba un camino de viajes constantes y el 18 de agosto de 1997 ingresaba oficialmente al bachillerato, un episodio plagado de acontecimientos significativos y decisiones que cambiarían el curso de mi vida.
Estaba próximo a cumplir 15 años y por vez primera salía de mi pueblo natal. Todas las mañanas a las 5 AM subía al camión que se dirigía al metro Cuatro Caminos para poder llegar al CCH. La confrontación fue avasallante, mucha gente, una escuela enorme, diversidad de pensamientos y formas de vestir que ahora podríamos atribuir a múltiples tribus urbanas, me recibían. Conocí la filosofía, la literatura y las prácticas de libertad que los espacios educativos, con vínculos críticos, otorgan. Estaba fascinado, sin embargo, descubrí muchas inseguridades en el adolescente que llegaba del pueblo de la pólvora y mis calificaciones eran terribles. Carencias económicas y afectivas se hacían evidentes en mí; con el paso de los días reventaron, con fuerza, mostrando su poder destructivo y creativo. Sobre todo, en el último año de mi estancia en la prepa.
Mentía sobre mi familia cuando me preguntaban algo, siempre dije que mi padre trabajaba en una empresa, la realidad era que ni siquiera lo conocía, y mi madre, que en ese momento laboraba de obrera en una bodega de plásticos, apenas lograba juntar lo de mis pasajes y necesidades básicas. Recuerdo que no teníamos teléfono, pero algunos de mis compañeros ya contaban con el servicio por lo que pedimos apoyo a una tía, de mi madre, para que pudieran comunicarse conmigo. La escena, ahora que rememoro, era chusca. Cuando mis amigos me buscaban tenían que esperar en línea hasta que fueran a avisarme y yo salía corriendo a contestar, tropezando en la calle con quien se me atravesara.
En las aulas, la revelación era constante; autores, hasta ese momento desconocidos, se me mostraban como una luz que aclaraba el camino, ése que no está visible para quienes no han adquirido conciencia, no la de una edad madura, sino la de un ser sensible. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada de García Márquez, La revuelta de Eli Bartra, Santa de Federico Gamboa o Existe el realismo mágico de la maestra Margo Glantz, deconstruían mi mente primigenia y la dotaban de otras posibles realidades.
Entonces ocurrió, llegó a mis manos un libro prohibido y censurado. Parece que en los noventa seguía un tanto inaccesible, ya que el título no lo encontramos en la vasta biblioteca del plantel. Me refiero a la novela El vampiro de la colonia Roma publicada a finales de los años 70 por Luis Zapata, y que analizaríamos como parte de una tarea escolar. Algunos padres de familia se escandalizaron, mi madre comenzó a tener curiosidad por lo que mis maestros me estaban dando a leer; un día me pidió prestado el ejemplar, pero nunca se lo otorgué.
Y es que recuerdo una especie de fascinación y morbo naciendo en mí al leer cada fragmento de la vida de Adonis García. Su homosexualidad, adicción a las drogas y la subversión que significaba ser y vivir diferente, me producían un deseo inexplicable; sensación que podría comparar con la excitación sexual y que sentiría nuevamente, años después, al leer Diario del ladrón de Jean Genet. Con esa energía nueva creciendo en mi espíritu llegó el segundo año de bachillerato y con él también otros compañeros. Parecía predestinado que todos mis nuevos amigos, uno a uno, asumieran su identidad sexual poco a poco, situación que se volvería compleja para todos incluso para mí que mantenía una relación heterosexual con quien sería mi última novia.
Era 1999 y llegó el estallido de la huelga, acción en contra del entonces rector Francisco Barnés de Castro quien presentó ante el Consejo Universitario una propuesta de modificación al Reglamento General de Pagos con la finalidad de modificar las cuotas y anclarlas al valor del salario mínimo. Me recuerdo apoyando a los grupos de CGH con quienes anteriormente asistí a diversas manifestaciones y participé en la toma de un camión de la extinta Ruta 100 para ir a protestar por la libertad de un compañero.
La indicación llegó rápidamente, los planteles estaban cerrando. Alguien gritó “Acatlán ya cerró, Vallejo también, sólo faltamos nosotros”. Era la mañana del 11 de febrero y creamos una barricada de muebles en el estacionamiento con la finalidad de cerrar los accesos y tomar las instalaciones del CCH. Bancas, escritorios, archiveros, todo estructurado en un gran montículo, que ahora recuerdo como una especie instalación artística, se levantaba orgulloso entre los barrotes azules de las puertas. Ninguno de los participantes imaginamos que esa acción se prolongaría por nueve meses, se fragmentaria el CGH, se intervendría el mural El derecho a la cultura, de David Alfaro Siqueiros, ubicado en Ciudad Universitaria y finalmente, la policía federal irrumpió en las instalaciones la madrugada del domingo 6 de febrero del año 2000, por indicaciones del entonces presidente de México Ernesto Zedillo Ponce de León, para terminar con el movimiento estudiantil.
La sensación fue extraña al regresar, tras asistir algunos meses a las denominadas “clases extramuros” que, en el caso del CCH Naucalpan, se impartían en casas habitacionales rentadas y adaptadas para tales actividades muy cerca del extinto parque Divertido. El reencuentro con docentes y alumnos tomó el mismo curso de meses anteriores y nos encontramos en las dinámicas académicas que fluían nuevamente y de forma adecuada. Mi relación amorosa duró lo que la huelga, decidí terminarla tras regresar al plantel. Así, tiempo después descubriría el desamor, tras mi primera relación erótico-afectiva con un hombre. Allí comencé un viaje de autoconocimiento, aceptación, rechazo y mucho dolor.
Ver las parte 1, 2, 3 y 4 de este artículo en:
https://ljz.mx/18/05/2025/dos-veces-fue-otono/
https://ljz.mx/18/06/2025/dos-veces-fue-otono-2/
https://ljz.mx/10/07/2025/dos-veces-fue-otono-parte-3/
https://ljz.mx/21/08/2025/dos-veces-fue-otono-3/
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_686



