El Diccionario de Política elaborado por Bobbio y Mateucci, nos dice que la Quinta Columna es el término que se emplea para describir a un grupo o grupos de personas que actúan desde el interior del estado o de un organismo social, ideológica o políticamente organizado, con la clara intención de debilitarlos para favorecer intereses ajenos o antagónicos a los que representan las entidades mencionadas.
El concepto tuvo su origen y rápida divulgación durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y es atribuido al general franquista Queipo del Llano. Los hechos ocurrieron de la manera siguiente: cuatro columnas de nacionalistas intentaban tomar el control de Madrid, y, al no logarlo con la rapidez que esperaban, caían presa de la desesperación. En esas circunstancias, el general, con el propósito de estimular a sus comandados, les expresó que dentro de la ciudad existía una quinta columna nacionalista cuya finalidad consistía en debilitar la resistencia de los republicanos.
Por ende, añaden los autores italianos, la función principal de la quinta columna consiste en infiltrar a sus elementos en los puestos claves del estado, o de la organización que se propone debilitar, realizando actos de sabotaje, fomentando sentimientos derrotistas o afectando la moral de la población por medio de una oportuna labor propagandística, para, de ese modo, favorecer los intereses del enemigo.
La quinta columna está constituida por personas que simpatizan o están comprometidas con los enemigos del estado, ya sea por oportunismo, ambición personal o porque consideran que la sociedad o la organización marchan por un rumbo equivocado.
Con el paso del tiempo, el concepto de quinta columna se amalgamó con el de traición, el cual identifica a quienes dan la espalda a una causa, un sistema de valores y principios, una moral determinada o un modo de vivir con los cuales afirmaban coincidir.
Las acciones de los quintacolumnistas que más repulsa suscitan, son las que tienen como objetivo facilitar las injerencias diplomáticas, económicas e inclusive las incursiones en territorio propio de fuerzas militares extranjeras.
En México, tres dramáticas revoluciones populares, dos guerras injustas que mutilaron al país y ocasionaron grandes males a la población, varias invasiones de su territorio por fuerzas militares extranjeras, dan testimonio de la calidad revolucionaria de los mexicanos, de su invencible resistencia contra toda adversidad, de su constante batallar por edificar una sociedad mejor, como también confirman que, en el seno de iluminantes movimientos colectivos, también estuvieron presentes los quintacolumnistas que aplaudieron, jubilosos, al ejército yanqui, cuando éste desfilaba por calles aún humedecidas con la sangre de mexicanos inmolados por las balas que dispararon los propios homenajeados; por las Juntas de Notables que imploraron a Maximiliano aceptar la corona de un país que siempre abominó a las monarquías; por militares que faltaron a su honor, volcando el filo de las bayonetas contra aquél que las puso a su cuidado; por medios de información y comunicación completamente afines a la ultraderecha.
En estos tiempos, una senadora militante del icónico partido reaccionario, clama por la intervención de fuerzas militares estadounidenses en territorio mexicano, bajo el argumento de que vienen a combatir el narcoterrorismo; otro más, senador plurinominal que dirige los restos de un partido político que fue completamente desnaturalizado durante el régimen neoliberal, corre a Washington en busca de instrucciones y de apoyo material para realizar la santa cruzada de “salvación del país”; un embajador que, en el momento mismo de pisar territorio mexicano, se reúne –antes que con la titular del Poder Ejecutivo- con los enemigos del gobierno mexicano.
Venezuela también tuvo sus Guaido y hoy se encuentra bajo asedio de las cañoneras imperiales que van en pos de su petróleo. Cuba continúa bajo el agobio de la poderosa gusanera afianzada en los enclaves de poder de la nación americana; la República de Salvador Allende, Chile, aún no se repone de los ingratos episodios de 1973 y subsiguientes, que cancelaron el esperanzador proceso de transformación integral de una sociedad injusta, por la vía pacífica y democrática; y la Argentina, aún llora con las Madres de Mayo por las atrocidades cometidas durante la feroz dictadura de Videla.
Casi todas las calamidades que ha sufrido buena parte de la hermandad de América Latina y el Caribe, han sido ocasionadas por la ambición irrefrenable del país del norte, oportunamente apuntalada por cómplices nativos.
Apenas asoma la punta de la Quinta Columna que hace tiempo opera en el subcontinente americano. Se advierten los síntomas que auguran acontecimientos que creímos desterrados para siempre: el supremacismo blanco viene por sus fueros: Make America Great Again, (MAGA); las deportaciones masivas de latinos para evitar que esa minoría crezca a niveles peligrosos y amenace, con el tiempo, el poderío de los racistas arios; la confirmación de que los Estados Unidos no recurren a la diplomacia sino a la fuerza militar para imponer sus intereses.
¿Acaso somos víctimas a modo de una nueva y ya concertada división del mundo entre potencias?
Preparémonos: ¿tolerancia? ¿perdón? ¿amnistía para los traidores? No, como Juárez a Miramón: el Cerro de las Campanas. Unidad Nacional, Acuerdo en lo Fundamental de todos los mexicanos -y de todos los latinoamericanos- que amamos sinceramente a nuestras patrias; si fuese necesario, Guerras de todo el Pueblo: fuerzas armadas y población, unidos en la tarea de defender la soberanía y la independencia nacionales.



