A un siglo del inicio de la guerra cristera (que se cumplió ayer), continúa la pugna de grupos católicos conservadores y el Estado mexicano laico, “enemigos históricos que se han enfrentado en dos guerras civiles”, la de Reforma y la Cristera, dijo el historiador Felipe Ávila, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (Inehrm).
En entrevista con La Jornada a propósito del coloquio virtual A cien años del inicio de la guerra cristera, que se desarrollará el 3 de agosto, el también investigador refirió que en ambas contiendas “el triunfo fue para el proyecto liberal del Estado laico mexicano; sin embargo, los grupos católicos más extremistas no han aceptado estas dos derrotas históricas y siguen combatiendo en la actualidad aspectos de la política educativa y cultural estatal”.
Ávila explicó que la actividad que llevará a cabo el Inehrm –adscrito ahora a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación– responde a la importancia de repensar este tema porque hay una continuidad de proyectos conservadores originados en la Colonia.
Agregó que “el pensamiento conservador y su proyecto de nación tienen sus raíces e identidad en lo que establecieron los conquistadores y colonos españoles cuando sometieron a las culturas indígenas mexicanas en el siglo XVI: un sistema de coloniaje que persistió durante tres siglos y que se rompió con la Independencia; sin embargo, estos grupos, que se identifican con las raíces hispanas, han seguido combatiendo”.
Alertó que “hay una continuidad en el pensamiento, la cosmovisión y el proyecto de nación de los grupos conservadores que viene desde la Colonia, desde Hernán Cortés, y que ahora se identifican con Vox, la extrema derecha y los grupos hispanófilos en México. Aprovechan cada que tienen oportunidad para salir a la palestra”.
El historiador se refirió al “oportunismo” de grupos sinarquistas, el Yunque y organizaciones de católicos de derecha que “están buscando aparecer públicamente, como se vio en el intento de hacer el Paseo del Pendón y así reivindicar la raíz española dentro de la identidad mexicana”.
Su línea, continuó, se halla en defender a Hernán Cortés, Iturbide, Santa Anna y a Porfirio Díaz, porque “la derecha mexicana se identifica con estos valores, orígenes y la reivindicación de la hispanidad, particularmente, con una visión muy conservadora de la religión católica, que es elitista, porque hay también una religiosidad popular asociada con el culto a la Virgen de Guadalupe, que es totalmente distinta”.
Ávila señaló que esta pervivencia conservadora se ve en la oposición a “los libros de texto gratuitos, al matrimonio igualitario, al uso de la píldora anticonceptiva, al aborto y a los nuevos planes de estudio; lo vimos hace tres años con su rechazo a la Nueva Escuela Mexicana.
“Sigue habiendo un intento de un sector de la jerarquía católica y de los grupos católicos organizados radicalizados que siguen discordando con el gobierno y las leyes mexicanas, con lo que consideran restricciones para la libertad religiosa, la libertad de enseñanza y los contenidos que aplica la escuela pública.”
Ante el ascenso de las derechas y ultraderechas en el mundo, “impulsado por el gobierno de Donald Trump, esas organizaciones están buscando hacerse visibles, conquistar espacios y obtener recursos económicos para revivir lo que han estado sosteniendo prácticamente 500 años”.
Proyecto hegemónico
Tales pretensiones son “parte del desafío que están haciendo grupos conservadores de católicos fundamentalistas, que ahorita hacen causa común con otro proyecto, igualmente desafiante y que significa un peligro para la humanidad en general y para América Latina en particular, que tiene que ver con los grupos evangélicos fundamentalistas, que se agrupan alrededor del proyecto hegemónico de Trump”.
El también académico explicó que la Cristiada es un episodio “muy violento de una lucha secular de grupos conservadores, el clero católico y un sector del pueblo católico laico, mexicanos que desafiaron al Estado y se le enfrentaron con un ejército cristero, que entre 1926 y 1929 tuvo su momento más álgido”.
Tras una serie de enfrentamientos, en 1926 se emitió la conocida ley Calles, con la que el entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, modificó el Código Civil y obligaba a los sacerdotes católicos a que se registraran ante la Secretaría de Gobernación. En respuesta, el Episcopado Mexicano decretó la suspensión de cultos del 30 de julio, lo que hizo estallar la guerra cristera.
Mencionó que este episodio de nuestra historia debe ser suscrito en un contexto amplio. En el coloquio virtual (disponible en las plataformas del Inehrm) A cien años del inicio de la guerra cristera se presentará el repositorio digital Cristiada a Contraluz, a cargo del historiador Alfonso Adán Salas Ángeles, y se impartirán conferencias en torno a aspectos vinculados al conflicto entre grupos religiosos y el Estado mexicano, con la participación de los historiadores Carlos Martínez Assad, Cristina Gómez Álvarez, Raúl González Lezama, Cecilia Bautista García y Rodolfo Herrera Pérez.



