México enfrenta una alta dependencia de insumos para elaborar medicamentos. Es un factor de vulnerabilidad que puede ser revertido. Las condiciones están dadas para hacerlo, plantea Luz Astrea Ocampo, presidenta del consejo directivo de la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (Amelaf). La revisión del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá es una oportunidad. También las políticas que se están impulsando desde el gobierno federal, en coordinación con la industria, apuntan en ese sentido, dice la también directora general del Grupo Neolpharma.
Son dos países, China e India, de donde llegan a México 90 por ciento de los principios activos farmacéuticos (API, por sus siglas en inglés), explica Luz Astrea Ocampo, en entrevista con La Jornada. Los API son el compuesto biológico en el medicamento que ejerce el efecto terapéutico en el organismo del paciente. La mera sustancia, para los legos.
“Las tensiones geopolíticas actuales, que dificultan el tránsito de mercancías, así como la pandemia de covid-19 en 2020, revelaron la importancia de que ningún país deje de tener producción nacional de insumos para medicamentos”, dice. Trae a la plática la relevancia de la “soberanía sanitaria”. Hay un riesgo alto para el país –añade– de mantener una dependencia como la actual.
–Cuando un país tiene su planta productiva local, puede reaccionar más rápido que cuando debe importar –plantea–. Los tiempos de transportación marítima desde Asia son largos y cuando hay un conflicto bélico, un desastre natural, un huracán, etcétera, se prolongan más. Si hay una fabricación local, existe garantía no sólo de abasto, sino de calidad.
–¿Qué hace falta, desde el gobierno y el sector privado, para avanzar en este tema?
–Voy a empezar por la parte de materias primas. Somos menos de 20 fabricantes. Presido la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos y acabamos de crear un comité de materias primas. La intención es colaborar con nuestras autoridades para, en conjunto, crear ese entorno habilitante que tiene que ver con un marco regulatorio que vuelva más rápidos los trámites, incorpore nuestros productos a los registros de medicamentos de los fabricantes locales más rápido y ayude a construir puentes de diálogo con Estados Unidos para exportar los productos elaborados en México. Considero también importante crear parques industriales. Ya están los Polos de Bienestar. Hay que buscar cómo colaborar para darles esa vocación de materias primas, no de producto terminado.
Considera que en este momento –luego de que en mayo un decreto gubernamental ubicó a la industria farmacéutica como toral para el desarrollo del país– hay condiciones para convertir a México en un centro de fabricación mundial de API. “Hay esa concurrencia de un gobierno que quiere que funcione y una iniciativa privada que dice: ‘hay que construirlo’”, apunta. “Existe una enorme oportunidad, hay mucho desabasto también en Estados Unidos y México puede jugar un papel importante”.
Además de reducir la dependencia de Asia, potenciar la industria mexicana de insumos farmacéuticos tiene un claro aporte económico. Las subastas de medicamentos para el sector público, no sólo orientadas al precio más bajo, son un ejemplo.
“Pensemos en todo lo que genera un medicamento producido en el país: empleos aquí, impuestos que se pagan en el país, que se quedan aquí, a diferencia de comprar un medicamento que puede ser más barato, que viene de Asia, pero que las utilidades, los trabajos se van afuera.”
Hay, enfatiza, condiciones para crecer internamente como industria y hacerlo también con la mira puesta en Estados Unidos. Es posible, considera, que las ventas de medicamentos mexicanos a aquel país –ahora en torno a 2 mil millones de dólares al año– crezcan dos o tres veces.
–Es posible lograr ese crecimiento. Pero no puede hacerse sin la materia prima. Podemos llegar en entre 24 y 72 horas a cualquier punto dentro de Estados Unidos, a diferencia de las semanas que toman de China, sobre todo que hay la intención por parte del gobierno estadunidense de reducir su dependencia de los productos asiáticos –menciona–. Entonces sí podemos crecer dos o tres veces y lo interesante de este sector es que empieza desde la petroquímica, sigue con la industria química; después, con ese insumo se realiza la materia prima que luego se procesa en una planta de manufactura de medicamentos y en estas plantas de manufactura de medicamentos.
–¿Cómo pinta el panorama, con el proceso de revisión del tratado comercial en curso?
–México es una economía fuerte, una de las principales del mundo. El país dispone de un bono poblacional que le permite un crecimiento. La base empresarial de México, el empresario mexicano no son una veleta que vaya y venga, son empresas familiares, de diferentes tamaños que se van a quedar aquí y yo veo un deseo del gobierno por apoyar esto. Tenemos que aprovecharlo.
–¿Cree que en la región de América del Norte la industria farmacéutica puede lograr una integración entre los tres países del tipo que existe con la automotriz?
–Por supuesto. A diferencia de otros sectores donde ya existe una base de manufactura muy plantada, aquí la tenemos que crear los tres países. No existe una base de manufactura farmoquímica fuerte en ninguno de los tres países. Eso representa una enorme oportunidad para todos, no solamente en la parte de los químicos; también hay la posibilidad de crear maquinaria, equipos, tecnología, servicios de calidad. En los tres países hay una serie de universidades y empresas que pueden aportar mucho para cerrar esa brecha en poco tiempo.
–¿Hay alguna iniciativa en este sentido?
–Empezamos a hacer esos diálogos. Pero basta leer lo que los gobiernos de los tres países han anunciado y es un deseo auténtico por construir esa base, por generar una soberanía propia.



