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Moscas, de Fernando Eimbcke

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Por: Educación Dual •

La Gualdra 725 / Cine

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Olga (Teresita Sánchez) es una mujer solitaria, de carácter fuerte y taciturno que vive en un edificio departamental en la Ciudad de México, sitio donde la mayoría del tiempo trata, sin éxito, de matar a las moscas que se cuelan en su hogar a lo largo del día. Al encontrarse en una situación económica un tanto precaria, y con la necesidad de realizarse un procedimiento quirúrgico en el pie, se ve obligada a alquilar un cuarto para las personas que van a visitar a sus enfermos en el hospital ubicado frente a su edificio. 

Luego de establecer una serie de reglas estrictas (no usar la cocina, desocupar el baño rápido, no dar detalles sobre el familiar hospitalizado) Olga recibe a Tulio (Hugo Ramírez), quien mete a la habitación, a escondidas, a su hijo de nueve años, Cristian (Bastián Escobar). Eventualmente Olga los descubrirá y aunque en un inicio se mostrará reacia a entablar cualquier tipo de relación con ambos, al ir avanzando los días terminará pasando más y más tiempo con Cristian, quien, por su parte, está tratando de obtener noticias sobre su madre, enferma e internada.

Con un sello autoral que remite a cineastas como Jim Jarmusch o Yasujiro Ozu, el realizador mexicano Fernando Eimbcke (Temporada de Patos, 2004; Lake Tahoe, 2008) ha mostrado, en diferentes momentos de su carrera, un interés particular por retratar situaciones comunes y espacios cotidianos que, a su vez, son habitados por personajes hastiados, atrapados en la repetición y la rutina de un mundo que avanza sin detenerse.

En Moscas (2026), el director vuelve a hacer uso de ese estilo personal, y lo hace a modo de comedia de enredos, pero también retratando la precariedad de aquellos que deben navegar dentro de un sistema que parece diseñado para rechazarlos y expulsarlos en lugar de acogerlos. 

El realizador centra su atención en las relaciones humanas y los vínculos familiares, ya sean genéticos o elegidos. Si bien los terrenos por donde el filme se pasea son comunes y se trata de un drama en el sentido más estricto, también hay cierta sequedad en el humor que se presenta, lo que le permite al relato oscilar entre el sinsentido y el absurdo con enorme soltura e ingenio.

Una vez más, Eimbcke contempla lo caótico y lo resiliente en el movimiento de lo cotidiano, además de presentar un cautivador retrato sobre la infancia, su primer acercamiento al duelo y la pérdida. En un momento donde el cine mexicano continúa evolucionando, Moscas es una valiosa propuesta que nada a contracorriente respecto a las tendencias y temáticas que se suelen abordar dentro de las producciones nacionales.

Ahí, donde cada vez es más común encontrar cine de comedia burda o de denuncia, la cinta de Fernando Eimbcke abraza la ternura, la empatía y la inocencia como principales distinciones. En una película que apuesta por la sencillez, la coherencia de las acciones y los gestos mínimos, el realizador vuelve a hacer lo que mejor sabe: crear un microcosmos con personas que se sienten reales y reconocibles ante la audiencia.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_725


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