La noche fue amarga, pero pese a la derrota de la selección mexicana de futbol, los más de un millón 350 mil personas que acudieron al Zócalo, Paseo de la Reforma y el Ángel de la Independencia festejaron.
Tras el silbatazo final muchos lloraron, se enojaron, pero las calles pronto se convirtieron en algarabía, pues el dolor, como el triunfo, también devino en fiesta para quienes presenciaron el partido en contra de la selección inglesa.
Los aficionados comenzaron a llegar desde las 9 de la mañana al Ángel de la Independencia; mientras en el Zócalo había gente formada desde la madrugada de ayer. Tras seis horas y en medio de una fuerte lluvia que azotó el centro de la capital, el FIFA Fan Fest en el primer cuadro reportó lleno total; y así, cada 60 minutos los asistentes fueron llenando los alrededores de Reforma, el Monumento a la Revolución y la glorieta del Ángel.
Unos 15 minutos antes de comenzar el partido, las autoridades reportaron lleno total y pidieron celebrar “donde te encuentres”.
Pese a los primeros dos goles de los ingleses, los mexicanos no perdieron el ánimo y apoyaron a la selección. Luego vino un grito que devolvió la esperanza, cuando llegó un tanto del tricolor. Tras otra anotación del equipo de la rosa, un penal volvió a subir los ánimos del público, pero el esperado empate nunca llegó.
Tras el silbatazo final, algunos lloraron y otros se retiraron de inmediato del Ángel de la Independencia. Otros, en cambio, optaron por reconocer el esfuerzo de la selección y celebraron la entrega mostrada en la cancha, pese a la eliminación, con gritos de “¡Mé-xi-co!”
Las pantallas y bocinas se apagaron y las estaciones del Metro aledañas, como Insurgentes, Sevilla y Cuauhtémoc –que habían estado cerradas para evitar aglomeraciones– fueron reabiertas.
Campeó el silencio
En el Zócalo la tristeza también fue notable, caras largas y serias. Ya no se oyó retumbar el grito de “¡Vámonos al Ángel!” Tampoco las trompetas y matracas. Al contrario, algunos decían: “nos vamos a la casa”, aunque el recorrido fuera largo, como el de dos hombres que llegaron de Puebla al Zócalo desde antes de las 8 de la mañana.
“Jugaron como nunca y perdieron como siempre”, recordó uno de ellos que se sintió decepcionado, todavía con el impermeable puesto.
Muy pocos se quedaron al concierto de la Sonora Santanera, y grupos de jóvenes gritaban vivas y cantaban el Cielito lindo como si no existiera la derrota.
En tanto, en los alrededores del estadio Azteca se desplegaron decenas de elementos de la policía capitalina, quienes se mantuvieron en las cercanías para resguardar a los aficionados y prevenir incidentes durante el desalojo del inmueble.
Si bien todo permaneció en calma y tranquilo, se registró un conato de riña luego de que un aficionado arrojó cerveza contra otro grupo de seguidores, entre quienes había niños, que no pasó a mayores. Antes de la justa deportiva la movilidad de los aficionados se mantuvo sin contratiempos.



