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En defensa de la soberanía y la transformación

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Por: Verónica Díaz Robles •

La soberanía es una conquista que se defiende todos los días. Los pueblos que la dan por sentada terminan perdiéndola, no de golpe, sino por entregas silenciosas. México lo aprendió con dolor, y por eso hoy la defensa de la soberanía nacional no es un asunto de diplomáticos ni de tratados: es una tarea del pueblo organizado.

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Nuestra querida presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, lo ha dicho con toda claridad ante el mundo entero: en México mandan las mexicanas y los mexicanos, y las decisiones de nuestro país se toman aquí, no en otro lugar.

Frente a las presiones externas, ha sostenido una ruta serena y firme: colaboración y coordinación sí, subordinación jamás.

Y esa convicción no se quedó en el discurso, quedó escrita en nuestra Constitución con la reforma en materia de soberanía, que blinda la independencia nacional frente a cualquier intervención extranjera. La soberanía de México no está en negociación.

La soberanía no se amenaza únicamente desde afuera. También la amenazan, desde adentro, los sectores conservadores que durante décadas entregaron el petróleo, los ferrocarriles, los bancos y hasta la política económica a intereses ajenos, y que hoy quisieran regresar por sus privilegios.

Cada vez que piden intervención extranjera contra su propio país, cada vez que celebran las presiones sobre México, nos recuerdan por qué esta lucha no ha terminado.

¿Y cómo se defiende la soberanía cuando la amenaza es doble? No sólo con leyes, aunque las leyes importan. No solo con la voz firme de la presidenta, aunque esa voz nos representa con dignidad. La soberanía se defiende con un pueblo consciente y organizado, que conoce sus derechos, que sabe lo que ha conquistado y que no está dispuesto a devolverlo.

Un pueblo que entiende que la pensión, la beca, el salario recuperado y la vivienda no fueron regalos, fueron decisiones soberanas que sólo un gobierno del pueblo podía tomar.

Ahí está el corazón de la defensa de la Transformación. No es la defensa de un gobierno ni de un partido, es la defensa del derecho del pueblo de México a decidir su destino. Por eso, el movimiento está construyendo en todo el país los Comités de Defensa de la Transformación, comités de mexicanas y mexicanos libres que se organizan, casa por casa, para cuidar lo conquistado y para que nunca más nadie decida por nosotros. No son estructuras electorales ni aparatos burocráticos, son la memoria viva de un pueblo que ya sabe lo que es gobernar para sí mismo, y que entiende que la conciencia también se organiza. Porque con el pueblo todo, sin el pueblo nada.

Esa es hoy mi encomienda y mi convicción: encabezar la defensa de la Transformación y la soberanía nacional en Zacatecas no es un cargo, es una responsabilidad con la gente que lleva años creyendo en este proyecto. Por eso estoy recorriendo los 58 municipios del estado, en asambleas donde la gente habla de soberanía con sus propias palabras, la tierra que produce, el trabajo que alcanza, la patria que no se vende. Lo sé desde que me sumé a esta causa; la soberanía no se defiende desde los escritorios, se defiende en el territorio.

No vamos a permitir que intereses externos ni la derecha conservadora vuelvan a decidir sobre el destino del pueblo de México. Hoy, más que nunca, es momento de cerrar filas con México. Y desde Zacatecas lo decimos con la certeza de quien camina cada comunidad: la soberanía nacional se defiende junto al pueblo.

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