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Más soberanía, más México

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Por: JOSÉ NARRO CÉSPEDES •

Las declaraciones del presidente de Estados Unidos sobre la posibilidad de cancelar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han generado incertidumbre en distintos sectores económicos y políticos de América del Norte. Sin embargo, conviene distinguir entre la retórica política y la realidad jurídica. El tratado continúa vigente y cuenta con mecanismos institucionales que garantizan su permanencia, incluyendo revisiones periódicas y un horizonte de estabilidad que brinda certeza a las inversiones y al intercambio comercial entre nuestras naciones.

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El T-MEC no es únicamente un documento firmado por tres gobiernos. Es el resultado de décadas de integración económica, de cadenas de suministro compartidas, de inversiones cruzadas y de millones de empleos que dependen de una relación comercial profundamente consolidada. Pretender desmantelar unilateralmente esa arquitectura no sólo afectaría a México, sino también a Estados Unidos y Canadá, cuyas economías hoy funcionan bajo un alto grado de interdependencia.

Ningún presidente, por poderoso que sea, puede borrar de un plumazo una relación construida durante generaciones. Compartimos una frontera de más de tres mil kilómetros, pero también compartimos historia, cultura, familias, inversiones, infraestructura y una intensa actividad económica cotidiana. Millones de personas cruzan nuestras fronteras legales todos los días para trabajar, comerciar, estudiar o visitar a sus seres queridos. Nuestra relación rebasa cualquier coyuntura política y sobrevivirá a cualquier administración.

No obstante, sería un grave error interpretar esa realidad como una invitación a mantener una dependencia económica excesiva. Precisamente las amenazas recurrentes provenientes de Washington deben servir como una llamada de atención para fortalecer nuestra soberanía económica. México no puede construir su futuro dependiendo exclusivamente de las decisiones políticas de un solo país, por importante que éste sea.

Por ello respaldo plenamente la estrategia de nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum, orientada a defender la dignidad nacional, la soberanía y los intereses del pueblo de México. La relación con Estados Unidos debe mantenerse sobre la base del respeto mutuo, la cooperación y el beneficio compartido, nunca sobre el chantaje, la presión política o la imposición unilateral.

La mejor respuesta frente a cualquier amenaza externa consiste en fortalecer nuestras propias capacidades. Debemos ampliar nuestros vínculos comerciales con otras regiones del mundo, consolidar nuevas alianzas económicas con América Latina, Europa y Asia, y aprovechar las enormes oportunidades que ofrecen los mercados emergentes. Diversificar nuestras exportaciones significa reducir vulnerabilidades y construir una economía más sólida y resiliente.

Pero la diversificación internacional debe ir acompañada de una transformación profunda del mercado interno. La Cuarta Transformación ha colocado en el centro del desarrollo económico a quienes durante décadas fueron excluidos del crecimiento. Hoy sabemos que una economía fuerte no se construye únicamente a partir de indicadores macroeconómicos, sino mediante el fortalecimiento del poder adquisitivo de las familias, el incremento del salario, el apoyo al campo, el impulso a las pequeñas y medianas empresas, la inversión pública estratégica y la recuperación del papel del Estado como promotor del desarrollo.

Necesitamos avanzar hacia una economía social, donde el crecimiento no sea un privilegio de unos cuantos, sino una herramienta para combatir la pobreza, reducir las desigualdades y generar bienestar compartido. Ese es el verdadero sentido del humanismo mexicano que impulsa la Cuarta Transformación: poner a las personas por encima de los intereses financieros y convertir al desarrollo económico en un instrumento de justicia social.

México tiene todo para lograrlo. Contamos con recursos naturales, una ubicación geográfica privilegiada, talento, capacidad industrial, un sector agropecuario estratégico y una población trabajadora que ha demostrado su capacidad para competir en los mercados internacionales. Lo que corresponde ahora es seguir fortaleciendo nuestra independencia económica sin romper los lazos de cooperación con nuestros principales socios comerciales.

Nuestra relación con Estados Unidos no desaparecerá. La geografía, la historia y los vínculos humanos hacen imposible imaginar un futuro de aislamiento entre nuestros pueblos. Pero precisamente porque esa relación es permanente, debe construirse sobre bases de respeto entre iguales y no sobre relaciones de subordinación.

México debe mirar hacia el norte con responsabilidad, pero también hacia el sur, hacia el océano Pacífico, hacia Europa y hacia el resto del mundo. Una nación soberana no renuncia a sus alianzas; las multiplica. No acepta chantajes; fortalece sus capacidades. No responde con confrontación estéril; responde con mayor desarrollo, mayor justicia social y mayor independencia económica.

Ese debe ser el camino de nuestro país: más soberanía, más diversificación, más mercado interno y, sobre todo, más México.

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