Hay frases que condensan un momento histórico entero. El 31 de mayo, en su rendición de cuentas a dos años del triunfo electoral, nuestra querida Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, pronunció una que quedará: «¡México no es piñata de nadie! México es un país libre, independiente y soberano».
La dijo desde el Monumento a la Revolución, ante miles de mexicanas y mexicanos, y ante el mundo entero que escuchaba.
Fue la síntesis política de un gobierno que en 20 meses ha tenido que sostener la dignidad nacional frente a presiones externas sin precedente: aranceles, amenazas, señalamientos sin pruebas, intentos de intervención disfrazados de cooperación.
La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue precisa: «Debe quedar claro que en mi gobierno no se hace la guerra como en el pasado. Nosotros construimos paz con justicia».
Y esa paz, dijo, se construye con dos exigencias concretas hacia el exterior: detener el tráfico ilegal de armas hacia México y atender el problema del consumo de drogas en Estados Unidos. Coordinación, sí. Subordinación, nunca.
Esto significa algo muy sencillo, que México tiene Presidenta, pero también significa algo más profundo, la soberanía no es un concepto del siglo XIX guardado en los libros de historia; es una práctica cotidiana de gobierno que se defiende en cada decisión, en cada negociación, en cada «no» que se pronuncia cuando alguien pretende tratar a este país como territorio conquistable.
La rendición de cuentas del 31 de mayo fue también eso, un acto soberano.
Una economía que creció en inversión, que redujo el desempleo al 2.5 por ciento y que tiene al peso como la segunda divisa más apreciada frente al dólar en el mundo entero no depende de la aprobación de nadie.
Depende de decisiones internas bien tomadas, de austeridad, de no vender el país a cambio de aplausos internacionales.
Desde Zacatecas entendemos bien el valor de esa postura.
Somos un estado fronterizo con la historia, con la migración, con las consecuencias directas de décadas de dependencia económica y abandono.
Sabemos lo que cuesta cuando el gobierno de arriba dobla las rodillas. Y sabemos lo que significa cuando no lo hace.



