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Entrevista a Jessica Sequeira: Entre palmeras, tambores y Mistral desde Chile

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 718 / Entrevistas / Literatura / Chile

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Por Antonio Cienfuegos

Desde Santiago de Chile, la escritora Jessica Sequeira teje una obra singular que desborda los géneros literarios y las fronteras geográficas. Actualmente investigadora postdoctoral en la Pontificia Universidad Católica estudiando los vínculos literarios y musicales entre América Latina y Asia, con formación en Cambridge y Harvard, y raíces en Mangalore, India, Sequeira es autora de libros que oscilan entre la poesía experimental (Una luminosa historia de la palmera), un diálogo con Mistral y su poemario Tala (con su libro Taal), la ficción especulativa (A Furious Oyster), y el ensayo narrativo (Otros paraísos). Su trabajo se caracteriza por una curiosidad omnívora que conecta ecología, filosofía, historia y traducción cultural. En esta entrevista, conversamos sobre su visión poética, sus preocupaciones ambientales y su manera de habitar la literatura desde una conciencia transnacional.

 

Antonio Cienfuegos: Jessica, tu obra abarca poesía, ficción, ensayo y traducción. ¿Cómo definirías tu proyecto literario en su conjunto? ¿Existe un hilo conductor que una libros tan distintos como Una luminosa historia de la palmeraJazz of the affections y Taal?

Jessica Sequeira: Mi obra intenta recuperar las conexiones entre historias, geografías y formas de conocimiento que las narrativas modernas tienden a separar. Me atraen espacios como el océano, que, más allá de su belleza, ha sido escenario de migraciones, comercio, contacto lingüístico e imperios. También me atraen figuras como la palmera, con su tiempo botánico que organiza la experiencia. Intento jugar entre dos niveles: una gran arquitectura histórica y una intensidad lírica muy personal. La literatura, para mí, es una especie de resonancia: un campo de sutiles correspondencias entre lenguas, costas y mundos emocionales. Mis propias intersecciones se han centrado principalmente en Latinoamérica y Asia, y entre el español, el portugués y el inglés, rastreando las consecuencias de la migración y el empirismo a partir de mi propia vida. Me interesan las pequeñas cosas —la vida de las personas, las plantas, los animales— y también cómo estas experiencias forman parte de historias y movimientos más amplios.

AC: En Una luminosa historia de la palmera (LOM, 2025), tu último libro, construyes una “historia luminosa” a partir de viñetas que cruzan tiempos y geografías. Es un libro difícil de clasificar: ¿poesía en prosa? ¿ensayo narrativo? ¿Ficción histórica? ¿Por qué elegiste esta forma híbrida y qué crees que permite frente a formas más convencionales?

JS: Me gustan los libros bien estructurados que reinventan o rompen con las formas convencionales. En este caso, escribí viñetas poéticas, como una serie de recuerdos en la historia del tiempo natural, ambientados en diferentes épocas y lugares. Éstas se intercalan con reflexiones más abstractas, como anotaciones en un cuaderno. La fragmentación me permitió recorrer Chile, el Mediterráneo, el mundo árabe, la India, etc., dando vida a la información del archivo. ¿Qué es la poesía? ¿Qué es la historia? El tipo de poesía e historia que me gusta leer y escribir tiende a tener cierta narrativa, una textura que se puede experimentar. También me gusta considerar la experiencia sensorial: lo que puedo tocar, oír, saborear, oler, etc. La palmera es una figura que trasciende continentes, imperios, climas y símbolos religiosos; intentar narrarla desde un único registro —ya sea académico, poético o puramente narrativo— me parece que reduce su complejidad.

 

AC: En el poema “Canción de las preguntas” propones tratar a la historia “como a un ser al que amas”, no como un campo de batalla. Ésta parece ser una postura ética y metodológica clave en tu trabajo. ¿Cómo se traduce esa actitud en tu escritura y en tu manera de investigar?

JS: La idea de que la historia debe tratarse «como a un ser al que se ama» es lo opuesto a la que parece imperar ahora: que el pasado es un territorio que conquistar, corregir o explotar. Esto se observa con frecuencia en los debates sobre los orígenes nacionales, por ejemplo; tanto las naciones como los orígenes parecen ser fuente de odio patriótico. Reflexionar más allá de estas divisiones modernas, a través de nuestra animalidad común, la naturaleza que compartimos, crea un lenguaje diferente. En el libro, concibo la historia misma como un animal o un árbol, algo vivo y que respira. Amar no significa idealizar ni suavizar, sino acercarse con atención, paciencia y disposición a escuchar incluso lo que resulta incómodo. Creo que el amor también puede manifestarse como la voluntad de imaginarse a uno mismo desde otras perspectivas y de dedicar tiempo a explorar mundos distintos al propio. En ese sentido, cualquier investigación de antecedentes se percibe como una relación, no como una mera extracción (como puede ocurrir en la historia académica). En este libro no pretendo plantear grandes argumentos, sino crear conexiones a través de la naturaleza, con sus silencios y ambivalencias. Y, por supuesto, la atención misma es el fundamento del amor.

AC: En Jazz of the affections (2025) abordas la crisis ambiental a través del cultivo de palta (aguacate) en Chile, entrelazándola con historias de amor. ¿Por qué unir estos dos temas aparentemente distantes: el ecocidio y el deseo romántico? ¿Ves una conexión íntima entre la devastación del paisaje y las dinámicas afectivas humanas?

JS: En Jazz of the affections, mientras dos personas intentan mantener su relación romántica superando diferencias culturales y estéticas, la tierra que los rodea se está agotando. El hombre del libro es un músico de jazz británico de origen indio; la mujer es una chilena que está terminando su doctorado en literatura en Inglaterra. Finalmente, regresan a su país, Chile, donde el cultivo intensivo del palto -aguacate- ha transformado radicalmente el paisaje. Hay ríos desviados, colinas cubiertas de monocultivos de palto, comunidades con acceso limitado al agua.

La tierra, como el amor, puede cuidarse o explotarse. Y las tensiones entre el cuidado y la explotación impregnan tanto lo ecológico como lo afectivo. Más que explicar la conexión, quería que el lector la sintiera: que escuchara cómo la aridez de la tierra altera el ritmo de las conversaciones, el silencio entre dos personas, la forma en que se tocan o se distancian. El jazz me ofreció la forma de improvisar sobre una estructura repetitiva. Con deseo, volvemos a los mismos gestos, a las mismas preguntas, pero cada vez con una inflexión diferente. El monocultivo de palto también tiene algo de esto, pero en un sentido negativo: una repetición en el paisaje, la misma figura multiplicada hasta el agotamiento. En ese sentido, tienes razón al decir que la devastación del paisaje y la dinámica del afecto comparten la misma dimensión. Por supuesto, la ficción se nutre de la vida real y en estas páginas hay mucha observación y experiencia personal, transformadas en las de personajes imaginarios. Estos temas son, lamentablemente, muy relevantes.

Hoy leí en las noticias que se derogaron 40 políticas de protección ambiental en Chile, dejando a animales y plantas vulnerables a la extinción, y a salares, glaciares, bosques y desiertos expuestos a prácticas mineras y madereras que no consideran el entorno. Este presentismo machete que ignora por completo el pasado y el futuro de nuestro planeta es totalmente opuesto al cuidado pausado y afectuoso que sustenta tanto las relaciones humanas amorosas como la poesía y la ficción de calidad.

Jessica Sequeira
Jessica Sequeira

AC: En 2024 publicaste Taal en dos versiones, en Chile (Pez Espiral) e Inglaterra (Pamenar Press). El libro es una especie de diario intelectual y musical, centrado en la música india, el ritmo y la relación entre arte, cuerpo, historia y espiritualidad. ¿Qué significa Taal, y qué sentido tiene en el libro?

JS: El título viene de “​taal”, también conocido como “tāla”​, el sistema de ciclos rítmicos en la música clásica india, ​que aquí se refiere especialmente en la tabla​, el instrumento de percusión que yo toco, que son dos tambores que se tocan con las dos manos. ​En el libro, ocupo ese concepto como metáfora para ordenar la experiencia, el pensamiento y la vida.​ También juega con el doble sentido ​en español de tala / talar (cortar árboles), para pensar la relación entre creación y destrucción, algo que aparece a lo largo del libro.​ La tabla y los ciclos rítmicos organizan la estructura del libro, incluso formalmente (secciones, silencios, páginas, repeticiones).​ Hay siete secciones, que corresponden a la “rupak taal” de la música india: Tin Tin Na / Dhin Na Dhin Na. Jugué con el formato del libro, donde en las partes “Dhin” y texto en ambos lados de la página, y en las partes “Tin” y “Na” sólo en la derecha, pensando en el libro como el tambor izquierdo y derecho. El libro ​reflexiona sobre figuras como​ ​Gabriela Mistral​, Rabindranath Tagore, Violeta Parra​, Annie Besant​, Stella Díaz Varín​ y Mahatma Gandhi, para pensar cómo la poesía, la música y la filosofía viajan entre culturas. Es un libro muy personal, sobre mi propia transformación y búsqueda de armonía​; por eso incluye distintos formatos como poesía, ensayo y ficción.

 

AC: En Rhombus and Oval (2017), colección de cuentos situados en Buenos Aires, exploras la vida cotidiana con una mirada extrañada y de extrañamiento (acaso extranjera). Propones un habitar de la ciudad. ¿Qué te interesa de lo urbano como escenario literario, y en particular de ciudades latinoamericanas como Buenos Aires o Santiago?

JS: El entorno urbano me interesa como un espacio de intensidad y fricción. La ciudad concentra diferentes épocas —históricas, sociales, emocionales— en pocos metros cuadrados. Caminar por Buenos Aires o Santiago es como atravesar capas superpuestas: modernidad y ruina, memoria política y vida doméstica, cosmopolitismo y precariedad. Esta densidad genera una narrativa propia. En los relatos de Rombo y Óvalo, me interesaba precisamente esta perspectiva ligeramente desplazada, no del todo integrada. Quería reproducir la experiencia urbana con su fragmentación, ritmo y surrealismo, compuesta de encuentros y desvíos. Creo que un poeta puede ser, quizá no un extranjero, sino alguien que podría pertenecer a todas partes, abierto a incorporar todas las influencias y experiencias. He vivido en Santiago durante una década, y antes de eso viví en Buenos Aires durante cinco años; son ciudades llenas de recuerdos para mí, que dialogan con las memorias políticas y cotidianas de las propias ciudades. Más que usar la ciudad como un mero telón de fondo, me interesa pensarla como una forma de habitarla.

 

AC: Eres también ensayista y prolífica traductora. En Otros paraísos reflexionas sobre el pensamiento en la era tecnológica, y has editado junto a Mónica Drouilly Jugar con espejos, sobre traducción de culturas asiáticas en Latinoamérica, que ahora tiene un segundo volumen llamado Saltamontes en el bambú. ¿Cómo se alimenta tu creación literaria de estos trabajos de no-ficción y traducción? ¿Ves la literatura como un espacio de traducción cultural en sí mismo?

JS: Hay un placer en la escritura de ensayos y en la creación de personajes que, creo, tiene que ver con adentrarse en lo desconocido, con perder el sentido de uno mismo y la certeza. En la poesía también, aunque ese “desconocido” a menudo reside en el interior de uno mismo. Gran parte del placer de escribir, para mí, reside en imaginarme a mí misma en otros mundos, lo cual requiere cierto grado de investigación, pero también la capacidad de olvidar esa investigación y empezar a preguntarse “por qué” y “¿qué pasaría si…?”. En cuanto al trabajo de traducción y edición, que también he realizado en gran medida, puedo decir que profundizar realmente en la obra de otros, a nivel de la frase, del lenguaje mismo, es una forma de lectura profundamente profunda. Y la lectura profunda es la raíz de la creación. Traducir autores como Augusto Monterroso, Gabriela Mistral y Teresa Wilms Montt me ha enseñado muchísimo sobre cómo funciona la estructura de una frase, un párrafo, una idea.

 

AC: En Dignity in 20th-century Latin American Literature (por salir) estudias las influencias de India en autores latinoamericanos. Como escritora que trabaja entre mundos —residente en Chile, con ascendencia de India—, ¿cómo defines tu propia posición cultural y literaria? ¿Te sientes parte de una tradición específica o más bien en los márgenes de varias?

JS: Soy escritora en Chile, lo cual influye en mis inquietudes políticas, mi entorno social y mis influencias literarias. El libro que mencionas, que es una versión de mi tesis doctoral, retrata nueve escritores latinoamericanos y la influencia de India en su pensamiento y poética. No me encasillo en una sola tradición nacional. Me gusta pensar que trabajo en el eje marítimo que conecta el Pacífico Sur con el Océano Índico. Actualmente, mi escritura transita entre Chile y la costa de Konkan, entre el español y el inglés, y también entre diferentes historias coloniales. Mi familia india y las culturas que he heredado, y también las que han sido olvidadas, me brindan muchos de los temas que me interesan. En este momento, estoy leyendo al escritor indio Amitav Ghosh, quien narra los mares de la India como una red histórica y cultural que conecta territorios distantes y revela sus resonancias ocultas. También me interesan estas rutas invisibles; quizás por eso me interesan tanto los puertos, las traducciones y los desplazamientos, y en el margen, un espacio de posibilidad.

 

AC: Tu escritura tiene una musicalidad muy particular, evidente en títulos como Jazz of the affections o en el ritmo de tu prosa. ¿Cuál es el rol del sonido, del ritmo, de lo musical en tu poética? ¿Escribes “de oído”, por así decirlo?

JS: A menudo escribo en verso y luego elimino los cortes de línea para llegar a la prosa. De esa forma, el ritmo es más lírico, más conectado con el aliento natural de la frase. En Jazz de los afectos y Taal, la referencia musical es específica, pero en realidad, toda mi obra está impregnada de un interés por la música en el sentido de un ritmo cadencioso que da belleza a las unidades de sonido. Hay también algo de surrealismo en todo esto. En mi novela Una ostra furiosa, por ejemplo, el poeta es quien mejor sabe escuchar, y quien, a través de la energía de las tormentas eléctricas, es capaz de oír a los vivos, que imagino con cierta imaginería del oído. El oído también aparece en Jazz de los afectos, en la idea del músico tentado por las composiciones fáusticas que pueden afectar las emociones, en el pintor que se obsesiona con representar oídos, etc. Escuchar, para mí, es un acto fascinante tanto fisiológica como psicológicamente.

 

AC: Para el público mexicano, que tiene una relación tan visceral con el aguacate y con la poesía, ¿qué resonancias crees que pueden tener libros como Jazz of the affections o Una luminosa historia de la palmera? ¿Hay algún diálogo posible o imaginado con la literatura mexicana contemporánea?

JS: La poesía y la palta son fundamentales para una buena vida; ¡en eso podemos estar de acuerdo! En cuanto a mis conexiones con la poesía mexicana, puedo mencionar a algunos poetas con los que me identifico. Me interesa la obra de Cristina Rivera Garza en todos los géneros, desde la novela hasta el poema. Algunos libros me gustan más que otros, pero la amplitud de miras de una persona que puede escribir un libro como Autobiografía del algodón, con su lirismo y sensibilidad histórica, es verdaderamente poderosa. Hace muchos años traduje al inglés un pequeño poemario suyo, que se publicó como Seams / Costuras en una pequeña y linda edición de Girasol Press. Octavio Paz, con todos sus defectos personales, ha sido importante para mí al reflexionar sobre las conexiones entre poesía y filosofía. Mi libro sobre escritores latinoamericanos influenciados por la India tiene un capítulo sobre su obra. Este mes estuve en la India para visitar a mi familia y participar en el Festival de Artes y Literatura de Goa. Un amigo mío, Indranil Chakravarty, también estaba allí; acaba de publicar un libro titulado The tree within sobre los años de Paz en México. Amado Nervo ha sido importante para mí, aunque más por sus cuentos que por su poesía; traduje un libro suyo titulado Cuentos misteriosos, precursores de la ficción especulativa actual. Por supuesto, también he leído poesía mexicana a través de Bolaño. Podría seguir enumerando ejemplos, pero quizás sea mejor que vaya allí de visita.

 

AC: Por último, ¿en qué proyectos trabajas actualmente? ¿Hacia dónde se dirige tu exploración literaria después de estos libros que tan diversamente mapean las conexiones entre naturaleza, historia, afectos y traducción?

JS: Actualmente tengo dos libros de poesía inéditos que espero editar pronto: uno sobre la migración china en el norte de Chile y otro que rescata la figura del loro como original, no como imitador. En un cuaderno tengo anotaciones de ideas para mi próxima novela, en sus primeras etapas. También tengo algunos libros en inglés que espero traducir al español para mantener mi obra bilingüe. Ahora suelo escribir directamente en español o de forma bilingüe con inglés (es un ejercicio de auto traducción), pero tengo varias obras antiguas que me gustaría que leyeran en Latinoamérica. Mi grupo musical, Lux Violeta, pronto lanzará un nuevo álbum con canciones de letras poéticas, algunas escritas por mí; en estos tiempos difíciles, quizás sea también el momento de empezar a escribir canciones de protesta política. Me gustaría seguir colaborando en proyectos poéticos y musicales con amigos y colegas en Chile, México y otros lugares. Si estás leyendo esto y te sientes identificado, no dudes en escribirme.

 

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