Tras muchas décadas de una heroica y emblemática lucha histórica por la educación pública, democracia sindical y mejores condiciones laborales para el magisterio mexicano; la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (la CNTE) echa a la basura su prestigio. A decir por el contenido de su práctica actual, sus métodos de lucha frente a un gobierno diferente a los que venían enfrentando, el contexto nacional e internacional y las repercusiones de su protesta, puede visualizarse una coincidencia “inconsciente” y/o “casual” de objetivos políticos con la ultraderecha nacional y extranjera que son, a no dudarlo, los principales verdugos de la clase trabajadora.
La CNTE (17 de diciembre de 1979) irrumpe contra el corporativismo y por la democracia sindical. Antecede al trasplante del Patrón de Crecimiento Neoliberal en México (1982-2018). Por su naturaleza, representó un organismo muy aguerrido contra el neoliberalismo. Vivió el autoritarismo y la represión caciquil de estados como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán. Después, enfrentó el autoritarismo y represión como sistema, propio de una economía fundada sobre las bases del neoliberalismo.
El surgimiento de la CNTE representó una necesidad histórica del magisterio en un contexto en el que el Estado Mexicano promueve la inoculación de las luchas gremiales que, aunque limitadas, existía en un régimen corporativo postrevolucionario y del movimiento de masas del cardenismo.
En cambio, el régimen político decide retirar su vocación de “nacionalismo Revolucionario”, de “Economía Mixta” y privatiza, en condición de remate, a muchos organismos paraestatales. Con ello, el Estado pierde parte de su papel rector de la economía, se vuelve administrador y facilitador de las inversiones nacionales y extranjeras. Al propio tiempo mina la fortaleza de las organizaciones de trabajadores y aplica medidas que, paso a paso, promovieron la desvalorización de la Fuerza de Trabajo (salario).
Evidentemente, la CNTE se funda en un contexto histórico muy diferente. Un vistazo a sus documentos constitutivos permiten entender la influencia de un marxismo mal asimilado; la confusión entre sindicato y partido político de izquierda salta a la vista en definiciones teóricas esenciales, como el concepto de lucha de clases y la lucha por la destrucción del capitalismo. Otro tanto sucede cuando se habla de conciencia social, sin distinguir entre Conciencia de Clase y Conciencia Sindical, al que hacía referencia Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) en “Que Hacer”.
Aunque en su documento fundacional la CNTE hace referencia a la educación para la insurrección revolucionaria del magisterio, supongo que a la manera que lo haría un militante de partido de izquierda revolucionaria, todo indica que eso no sucede entre sus miembros. La formación real transcurre por la práctica misma de la lucha centista, por usos, costumbre, tradición de lucha, métodos y bajo la bandera de dirigencias que, aunque rotativos en métodos “horizontales” de elección, se convierten en los directores de cada momento, donde las asambleas se convierten en legitimadoras formales de entrada, o salidas, de sus movimientos sobre los presupuestos informativos que les suministran y decisiones ya tomadas. Es lo que ayer estuvo sucediendo en Oaxaca, Chiapas y Zacatecas.
A propósito de las protestas del año pasado, en esos días hablé “… del infantilismo expresado en inmadurez política, su ultraizquierdismo, el uso de métodos tradicionalmente artesanales de protesta, arcaicos, beligerancia que raya en vandalismo, delincuencia y violencia. Sin embargo, no se les criminaliza. Hay una realidad de libertad para manifestarse, expresarse y atención, consideraciones y búsqueda de acuerdos por la vía del diálogo. Qué mejor que hacer alianza estratégica con un gobierno que los escucha, los atiende y muestra disposición de avanzar en mejoras gremiales, educativas y de transformación social…”
En esos mismos días, resalté la influencia ideológica que la CNTE tiene de la guerrilla de los profesores Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Pero, conviene resaltar que, al lado de los activistas actuales, no está visible ningún intelectual, persona visionaria o un líder que sea capaz de asimilar la larga experiencia magisterial y ponerla en el contexto de nuestros días.
La historia de las luchas magisteriales en México, y ninguna otra, no es un simple cúmulo de anécdotas, fechas, datos inconexos y carentes de contexto. Quien así lo vea, quien así lo vive, ha pasado por el curso de la historia sin comprenderla, sin acumular la riqueza de la verdadera experiencia. Y estará en la creencia fanática de repetirla.
La CNTE raya en la inmadurez de su intransigencia. También se encierra en una lucha con demandas materialmente imposibles de cumplirse (100 por ciento de incremento salarial y retrogradar a la Ley del ISSSTE que reformó el PANísta Felipe Calderón). A eso, se agrega la antipatía con el pueblo al irrumpir con vandalismo, su provocación a la violencia y a la represión; al recurso mediático de la amenaza y al chantaje que el grueso de México rechaza.



