spot_img

Fútbol, Cinismo, Calendario Escolar, balas en la sierra: La desconexión de Mario Delgado con las Escuelas.

Más Leídas

- Publicidad -

Por: Claudia Lizbet Soto Casillas •

La política educativa en México parece diseñarse en oficinas con aire acondicionado, lejos del polvo de la sierra y del sonido de disparos.  La reciente y errática intención del Secretario de Educación, Mario Delgado, de suspender clases en junio bajo el infundado argumento del calor y el Mundial de Fútbol, no fue solo una falta de prospectiva; fue una muestra de que a sus desiciones les falta calle, territorio en la realidad nacional. Aunque la medida se revocó tras el alud de críticas, el daño narrativo quedó para la historia: para la autoridad federal,  la escuela es un trámite prescindible, el derecho a la educación puede suspenderse, pero para el niño en el México real, la escuela es, a veces, el único sitio donde no se tiene miedo.

- Publicidad -

Calificar la labor docente de junio como una «simulación administrativa» es de un desconocimiento del trabajo de quienes integran el mayor  colectivo de trabajadores de gobierno del país. El secretario olvida que, para miles de niños en situación de hacinamiento o violencia doméstica, trabajo infantil e incluso abandono, el aula no es solo un espacio técnico de aprendizaje, como el lo señalaba; es un refugio. Es el lugar donde hay una silla propia, un trato digno y un momento de paz que su hogar, a menudo convertido en olla de presión por la precariedad, no puede ofrecer. Incluso, si le hubiera asistido la sensatez, los momentos de partidos podrían haberse convertido en momentos que cultivaran momentos gratos entre compañeros. 

Cuando se decide, desde un escritorio centralista sin consula, quitar un mes de clases, no se están «adelantando vacaciones», se está expulsando a los niños de su espacio de convivencia para devolverlos a realidades de violencia o al cuidado inexistente. Esta decisión ignora la carga desproporcionada que cae sobre los y las cuidadoras, a quienes se les avisa sin consulta previa que deberán gestionar un mes extra de crianza en un sistema que no ofrece estancias ni apoyos, ni espacios verdes dignos donde los niños puedan construir momentos de activación.  

Si el Secretario se queja de las tareas administrativa, debería mirarse al espejo. El personal docente no inventó la burocracia. Es cínico señalar que los maestros solo hacen trámites cuando es la propia institución es quien los demanda. A pesar de ello, el maestro frente a grupo en la escuela rural, en la sierra o en la periferia urbana, sigue haciendo pedagogía en medio de la adversidad.

Mientras en la capital se discutía si el fútbol es razón para cerrar escuelas, en las montañas de Chiapas el tejido social huye. Familias enteras, niños llorando y los pies cansados, bajaban de la sierra a las dos de la madrugada huyendo de enfrentamientos, solo tomaron lo poco que podían llevara a píe con ellos. El abandono  fue absoluto,  el Ejército no intervino para evitar enfrentamientos, dejando a los desplazados a su suerte en la oscuridad de la noche, sin acompañales. 

¿Qué relación hay entre las familias desplazadas en Chiapas y las escuelas?, para esos niños desplazados, la escuela a la que lleguen, no será un sitio para llenar formatos. Se convertirá en un espacio de diálogos reparadores, en el único lugar capaz de reconstruir el tejido social y rescatar sus fondos culturales tras el trauma del desarrigo.  La labor del docente en estos contextos es de una nobleza inmesa para la cual no se le forma, acutaliza o acompaña; es el psicólogo de emergencia, el mediador de paz y el único adulto que le garantiza al niño que su vida tiene valor. Reducir esta labor a trámites es una muestra del desconocimiento inmoral de las multiples tareas que hace un docente desde el amor y cuidado. La educación es un acto de amor. 

La escuela mexicana es mucho más que un edificio de cuatro paredes para cumplir un calendario. Es el órgano vital de una comunidad que se resiste a morir. Si el Estado no es capaz de proveer infraestructura digna frente al cambio climático, ni seguridad frente al crimen organizado, lo mínimo que debería hacer es respetar a quienes sí están en el territorio: las y los educadores.

Necesitamos una Secretaría de Educación que tenga “calle», que sepa que en México se educa entre el calor asfixiante, el miedo a la guerra, familias en condiciónes laborales de largas jornadas, alumnos con precariedad económica y una serie de condiciones adversas que pueden conocerse si se tiene la volutad. La revocación de la medida del calendario no debe ser el fin del debate con prospectiva real, la educación es un tema serio pero sobetodo es un acto de amor  a nuestras niños y niñas que debe existir desde el docente hasta quien esten en la titularidad de la Secretaria de Educcación. 

¡Que a tu teoría y a tus derechos no les falte calle!

Dra. Claudia Lizbet Soto Casillas 

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -