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Servir al pueblo con honestidad

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Por: Verónica Díaz Robles •

En la política hay principios que no admiten matices, y la honestidad es el primero de ellos. Es lo que distingue al servicio público del oportunista; a quien representa al pueblo de quien pretende servirse de él.

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Por eso, este 3 de mayo, cuando Ariadna Montiel Reyes asumió la presidencia nacional de Morena, avalada por más de mil 830 morenistas, su mensaje fue claro y contundente: en el movimiento de la Cuarta Transformación, los corruptos no tienen cabida.

No se trata de una frase para ocupar titulares. Es una definición ética y política de lo que somos. Durante años, en otros tiempos, la política se confundió con la ganancia personal, el privilegio y el reparto opaco del presupuesto público. La indignación de millones de mexicanas y mexicanos frente a esa forma de ejercer el poder fue, precisamente, lo que dio origen a este movimiento.

Bajo el liderazgo de nuestra querida Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, se consolida un modelo de gobierno donde los recursos del pueblo regresan al pueblo. Los programas de Bienestar son hoy derechos constitucionales, para que ningún gobierno pueda volver a quitarle al pueblo lo que por justicia le pertenece.

Esa es la prueba concreta de que la política puede hacerse con honestidad, sin robar, sin mentir y sin traicionar.

La honestidad no es una promesa: es una práctica diaria que se mide en obras, programas, transparencia y resultados. Cuidar el dinero del pueblo es cuidar la dignidad del pueblo, porque cada peso bien utilizado se convierte en una beca, una pensión, un apoyo al campo, una despensa o un servicio de salud para quien más lo necesita.

Desde Zacatecas, donde tantas familias han puesto su esperanza en este proyecto, esta convicción se vive todos los días. En los 58 municipios llegan pensiones, becas, apoyos al campo y programas sociales que ya no se pierden en el camino, sino que llegan directamente a quienes deben llegar. Esa es la transformación que el pueblo siente, defiende y reconoce.

Desde el Senado de la República respaldo el rumbo que traza la nueva conducción de Morena, en sintonía con lo que ha sostenido Ariadna Montiel: la honestidad es un mandato ético que no admite excepciones.

Lo respaldo porque coincide con lo que aprendimos desde abajo, en las brigadas, en las comunidades y en las terracerías: para servir al pueblo hay que estar con el pueblo, sin atajos, sin privilegios y sin corrupción.

Porque la Cuarta Transformación no se sostiene en discursos vacíos, sino en la honestidad cotidiana de quienes tenemos la responsabilidad de representarla.

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