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PAN: el principio de su debacle

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Por: Jaime Enrique Cortés Acuña •

El Partido Acción Nacional atraviesa algo más profundo que una crisis electoral: enfrenta un desgaste interno que ni el dinero ni la propaganda logran ocultar. En octubre de 2025, su dirigencia nacional anunció un “relanzamiento” que prometía reconectar con la ciudadanía, respaldado —según diversas versiones— por una inversión cercana a los 40 millones de pesos. El contraste es evidente: mientras se invierte en imagen, se evade el problema de fondo. Porque el deterioro del PAN no es de comunicación, sino de identidad; no es de narrativa, sino de credibilidad. La percepción de que intereses ajenos al bien público han colonizado su estructura ha dejado de ser una crítica aislada para convertirse en constante.

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En ese contexto, la presencia de grupos señalados públicamente como el llamado “cártel inmobiliario” deja de ser un dato y se convierte en símbolo. Más allá del origen del término, lo que refleja es una narrativa de captura que choca con cualquier intento de renovación. A ello se suman hechos que exhiben fracturas cada vez más visibles: en León, Guanajuato —uno de los bastiones históricos del panismo—, la renuncia de la alcaldesa en funciones, en medio de presiones internas, ha dejado al partido al borde de perder políticamente ese espacio, con una salida que apunta hacia Movimiento Ciudadano. No es un episodio menor: es la señal de una estructura que comienza a resquebrajarse desde dentro.

La crisis se profundiza cuando se observan los resultados de gobierno. Guanajuato se mantiene entre los primeros lugares en homicidios dolosos del país, una realidad que desmonta cualquier narrativa de control en materia de seguridad. En Chihuahua, el asesinato de un funcionario clave en tareas de investigación, en un contexto atravesado por la presencia irregular de agentes estadounidenses en territorio nacional, ha detonado un conflicto institucional de alto riesgo. La dimensión del caso abre cuestionamientos delicados sobre soberanía, coordinación y responsabilidades; ya provocó la renuncia del fiscal estatal y colocó a la gobernadora bajo presión política. No se trata de un hecho aislado, sino de un episodio que, por su naturaleza, podría escalar si no se esclarece con transparencia.

Zacatecas capital no escapa a esta lógica. Bajo un gobierno municipal panista, los resultados han sido insuficientes frente al potencial cultural y turístico de la ciudad. Pero más revelador que la falta de resultados es la reacción ante el desgaste: esta misma semana, el alcalde llevó al obispo de Zacatecas al edificio de la alcaldía, en un intento por sostener la legitimidad desde lo simbólico y lo religioso. La escena no fortalece; exhibe. Muestra a un gobierno que, ante la ausencia de resultados, recurre a recursos externos para contener su caída. El PAN no enfrenta una mala racha: enfrenta las consecuencias de haber sustituido el proyecto por la simulación. Y en política, cuando la forma intenta imponerse sobre el fondo, la caída deja de ser una posibilidad para convertirse en destino. 

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