Aunque Donald Trump ha presentado como concluida la guerra contra Irán, con el agregado falso de que ha destruido a sus fuerzas armadas, la realidad es terca y caprichosa, siguen cayendo cientos de misiles contra Israel y las bases militares de USA. Para muchos, se trata de un “conflicto entre locos” y no un violento coletazo de un imperio que se niega a morir e intenta someter, por la vía de las armas, a naciones que le son estratégicas para obtener el oxígeno económico y político que le prolongue su existencia.
El presidente estadounidense es uno de esos “locos” opresores, se presenta como el mesías del siglo XXI. Sin que se lo pidan, actúa por oficio y en automático “liberando” pueblos que, como Irán, están sometidos al fanatismo religioso; o a naciones como Venezuela, donde dice existe un narcogobierno de un cártel inexistente y una dictadura que, curiosamente, es electa democráticamente.
Aparejada a la guerra armada, el mundo vive la guerra de mentiras sólo útiles a quienes imponen y defienden relaciones de poder. Estas relaciones son sociales, económicas, políticas, ideológico-culturales y militares. Éstas últimas son el brazo violento con el que se sostiene y garantiza la prevalencia de la estructuración imperialista. Por añadidura, son injustas, contrarias a la libertad, democracia y respeto de los Derechos Humanos.
La guerra iniciada por EEUU-Israel contra Irán pretende reinstalar relaciones de poder entre naciones. Es una guerra imperialista con el objetivo de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” porque, entre líneas, se entiende que esa grandeza se ha perdido.
La sociedad capitalista actual se caracteriza por el desarrollo de naciones que pasaron de emergentes a competidores económicos reales. Algunos casos, como lo está demostrando Irán, se especializaron en dos o tres actividades y en muchas otras continúan presentando atraso. Otras naciones como Rusia y China evidencian un desarrollo multisectorial integralmente impresionante. Desde hace años han roto con la existencia de un mundo económicamente unipolar. Que la oligarquía económica y política de Estados Unidos y la de Europa tengan problemas para aceptarlo no cambia la realidad vigente.
Con ello, la sociedad mundial ha reestructurado su existencia económica. El mundo multipolar tiene como pivotes a nuevas economías causando el debilitamiento del imperio estadounidense. Desde la implementación de las políticas neoliberales USA optó por exportar capitales para valorizarse en las naciones subdesarrolladas. Ahí, aprovechó la explotación de la Fuerza de Trabajo barata. A mediano plazo, eso significó la desindustrialización de las naciones exportadoras del Capital. Los Capitales pudieron acrecentarse, pero dejaron de ser exclusivos de una nación matriz.
Ese procedimiento de valorización transnacional se hizo en detrimento del crecimiento económico nacional de origen. En cambio, tiene que importar productos de sus propios capitalistas, representando un desequilibrio en la balanza comercial que se compensa con la obtención crédito. A la larga, endeuda al país. Actualmente se calcula que EEUU tiene una deuda externa cercana a los 39 billones de dólares, representando el 124 por ciento del PIB. Las guerras aumentarán esa cifra.
La guerra ha permitido ver el impresionante desarrollo científico, tecnológico, de la táctica y la estrategia militar de Irán. Se trata de muchas décadas de investigaciones y desarrollos prácticos del conocimiento de punta que, hasta ahora, permanecía sin conocerse, ni siquiera sospecharse. Contrariamente, aunque el belicoso Israel tiene algunos desarrollos propios la mayor parte de su artillería pesada depende del desarrollo de la industria de Estados Unidos. No es lo mismo producir sus propios medios que comprarlos. Eso se expresa la diferencia entre Desarrollo y Subdesarrollo.
Mucho tenemos que aprender de Irán pero, a ojo de pájaro, la región que albergó a la cultura Persa demuestra que la existencia de una industria armamentista en manos del Estado permite un desarrollo más integral de todos los componentes, incrementa la velocidad de la producción al no depender de diversos proveedores, disminuir la cadena de suministros y se consiguen costos de producción muy inferiores a los que se tienen en naciones donde esa industria recae en diversos capitalistas privados.
Por eso, muchos analistas han hecho comparaciones de costos asimétricos entre un misil Tomahawk de 2.5 a 3 millones de dólares contra misiles iraníes de 250 mil dólares. Estados Unidos produce 90 misiles al año, Irán crea 1 mil 200. Las diferencias en costo y velocidad de la producción tienen que ver con el hecho de que en el país gobernado por Donald Trump esa industria está en manos privadas y en Irán bajo la dirección estatal. Lo mismo sucede en China, Rusia y Corea del Norte.
Agresividad, ausencia de estrategia, conflicto y rompimiento con tradicionales aliados, como la OTAN, los primeros efectos adversos, un discurso contradictorio y cambiante que no convence y otros ingredientes, vaticinan una tendencia lógica a la derrota de Estados Unidos.



