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Descolonización mental en proceso

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Por: FILIBERTO FRAUSTO OROZCO •

Las clases sociales dominantes, de cualquier país del mundo, imponen sus intereses, sus ideas, su cosmovisión y sus valores, en sí su cultura, a través de la educación formal, medios de comunicación, religión, etc. Los principales rasgos de esa cultura son el consumismo, el individualismo, la acumulación de dinero y de bienes materiales, la naturalización de la opresión de unos sobre otros, la explotación de los recursos naturales, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. 

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Esa reproducción cultural les permite el statu quo y un férreo control social, pues al pensar, actuar, ver el mundo desde su perspectiva y desear ser como ellos, perdemos la oportunidad de explorar otras formas de organización social más justas, imaginar otros mundos posibles. 

Es por esta razón que personas que pertenecen a la clase trabajadora, cuando tienen la oportunidad de ascender en los peldaños de la política y de las estructuras de poder, terminan corrompiéndose y administrando los mismos sistemas opresivos, es decir, se convierten en un pequeño engrane de la maquinaria que engulle la fuerza de trabajo para la concentración de la riqueza en pocas manos. Este fenómeno lo observamos en todos los partidos políticos, sean de derecha, de centro o de izquierda, incluso en personajes que encabezan movimientos sociales reivindicativos de derechos laborales. Algunos de esos tránsfugas de clase se apropian de un discurso retórico para ganar adeptos y, una vez que tienen un pequeño coto de poder, terminan siendo custodios de los intereses de la clase dominante, lo que los lleva a actuar en contra de quienes confiaron en ellos. Basta echar una mirada a las filas del partido hegemónico en México, que se autodenomina progresista, para constatar esta aseveración. De los demás institutos políticos ya ni merecen tal revisión, la mayoría de ellos se ofertan como voluntariosos servidores de la clase social dominante. 

Otro claro ejemplo de cómo el oprimido lleva al opresor en su interior es cuando el primero tiene la oportunidad de ascender a un cargo directivo sea en una empresa o en el ámbito educativo o quienes obtienen el cargo de capataz en el campo. Con un poco de poder suelen ser, sin que sea regla, autoritarios con sus compañeros de clase que están bajo su mando. 

Los dirigentes sindicales no están exentos de esa colonización mental, es por ello que abundan los sindicatos blancos, que son aquellos cuyos dirigentes se ciñen a los intereses de la parte patronal a cambio de canonjías o prebendas, traicionando a quienes deberían de defender.

Quienes integran el actual Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV del SNTE-CNTE, en su gran mayoría, han logrado un avance importante en la descolonización mental, lo cual no es fácil, pues como señalamos en líneas anteriores, desde que se nace se “bebe” la cultura neoliberal. Este proceso de descolonización ha sido posible por su formación como normalistas, por sus lecturas de teorías críticas, por su conciencia de clase, por su frecuente análisis de la realidad en forma colectiva a través de asambleas y círculos de estudio. A poco más de un año de haber llegado a la representación seccional por mandato de la mayoría del magisterio zacatecano del sistema federal, aun conservan su sencillez y su convicción, eso sí, con mucha más experiencia que no escatiman al momento de ponerla al servicio de las causas comunes de las y los trabajadores de la educación. Esta peculiar característica en un grupo de personas que tienen clara la dimensión de su responsabilidad histórica los hace confiables, ya que concentran su atención y su activismo en cambiar el estado actual de cosas en su ámbito de competencia. Por añadidura, hay, de manera natural, la formación y consolidación de nuevos cuadros que garantizan continuidad, si así lo decide la mayoría llegado el momento, de un proyecto sindical disruptivo que pese a contradicciones, tropiezos, intentos de sabotaje, golpeteo, sigue sentando un hito y mostrando su pertinencia. 

Desde luego, nuestra tarea como educadores populares debe ir más allá del intento de la descolonización personal. Se requiere, y así lo estamos haciendo, impulsar una educación crítica que permita a las y los estudiantes de todos los niveles educativos hacer una lectura y comprensión de la realidad social y natural, pero también que desarrollen la convicción para transformarla en colectividad, guiados por la razón y la justicia. Estamos seguros que con ello estaremos abonando a la formación de sociedades más armónicas. De igual manera vale la pena recuperar lo mejor de nuestras culturas originarias que conservan el amor a la tierra, a la naturaleza y preservan formas de organización comunitarias basadas en el trabajo comunitario y la solidaridad entre sus integrantes. 

Que nadie tenga duda, estamos del lado correcto de la historia y con el bando correcto. 

*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE

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