En un estado marcado por la migración, la violencia y el rezago productivo, sanear a las Instituciones de Educación Superior (IES) no es un asunto administrativo: es una prioridad estratégica. Si creemos, desde una visión progresista, que el Estado debe garantizar educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles, entonces resulta impostergable fortalecer económica y moralmente a nuestras universidades.
Zacatecas requiere ingenieros capaces de impulsar la diversificación productiva, científicos que aporten innovación tecnológica, profesionales de la salud que atiendan las brechas en comunidades rurales y especialistas que enfrenten los desafíos ambientales e hídricos. Sin presupuesto suficiente y oportuno, los planes de estudio quedan obsoletos y la investigación se vuelve marginal. La inversión pública en educación superior no es gasto: es desarrollo, soberanía y justicia social.
Pero el saneamiento no es solo financiero. También es ético y político. La crisis prolongada en la Universidad Politécnica de Zacatecas (UPZ), con un paro de casi dos meses, y el conflicto que recientemente puso en riesgo el semestre en la Universidad Tecnológica del Estado de Zacatecas, evidencian fallas de conducción y diálogo. La propia Universidad Autónoma de Zacatecas arrastra desde hace décadas problemas estructurales de gestión y financiamiento, además de un profundo desgaste institucional tras la impune Estafa Maestra y la sentencia contra su anterior rector por un delito que lastimó gravemente a la comunidad universitaria y a la sociedad zacatecana.
Las IES necesitan directivos honestos, con capacidad de gestión y habilidad política para construir acuerdos internos y externos. Gobernar una universidad exige transparencia, planeación y responsabilidad social. No puede normalizarse que los conflictos laborales o administrativos paralicen la formación de miles de jóvenes o que la falta de voluntad por una reforma haga que el mayor aporte de la BUAZ sea generar más licenciados que ingenieros o doctores.
Actualizar planes de estudio frente a un mundo multipolar, fortalecer la vinculación con los sectores productivos y, al mismo tiempo, erradicar prácticas clientelares o corruptas es el camino para que nuestras universidades recuperen su papel como faros del conocimiento. Zacatecas no puede darse el lujo de tener instituciones debilitadas: su futuro depende, en buena medida, de su educación superior



