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Marx Arriaga; ejemplo de dignidad y resistencia

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Sin una nueva cultura social que irradie todas las esferas sociales, la 4T quedará inconclusa, corriendo el peligro de retrogradar. El riesgo no sólo es el régimen político, como ya ha sucedido en otras naciones, sino de toda la orientación económica, social y cultural que en un nuevo modelo de sociedad (el humanismo mexicano) se edifica para disminuir las desigualdades, crear mejores condiciones de vida y bienestar. Si la lucha contra las injusticias y las desigualdades son motores de la transformación, la conciencia y la memoria colectivas son dos factores indispensables.

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Desde esa perspectiva puede dimensionarse la importancia de la política educativa obradorista, cuya mejor síntesis se concentra en la Nueva Escuela Mexicana llamada a desmontar el modelo educativo neoliberal trasplantado desde el extranjero a través de las llamadas “reformas estructurales” de Peña Nieto. 

Metodológicamente, los objetivos y la orientación social constituyen la columna de todo modelo educativo. De sus estrategias derivan planes y programas de estudio. Ejecutarlos ocupa de las herramientas pedagógicas y didácticas. No a la inversa.

Herramientas como la pedagogía, y específicamente la didáctica, facilitan formas, métodos y prácticas concretas de la enseñanza. Pero lo hacen a partir del conocimiento definido por los planes y programas de estudio. Por eso, una estrategia educativa está por encima de sus herramientas que, aunque necesarias, no definen la orientación.

El comentario viene al caso porque, en mi opinión, el secretario de educación Mario Delgado (y con ello nuestra presidenta Claudia Sheinbaum) equivoca el rumbo cuando tras el despido, basado en falsedades, del Director General de Materiales Educativos, Marx Arriaga, doctor en Filología y con experiencia en estudios en planes y programas curriculares, colocan en su lugar a Nadia López García, poeta y pedagoga de origen indígena quien no cuenta con producción científica, ni siquiera artículos, que la acerquen a la comprensión y manejo socialmente estratégico de lo que significa el Humanismo Mexicano.

Aunque “es tiempo de mujeres”, el problema a tomar por los cuernos no es de género, es intelectual, de formación en valores, principios y de convicción del rumbo. Autocríticamente debiera tomarse en cuenta que retirar a un funcionario, al que dicen reconocerle mucho, al menos debieron buscar a alguien  mejor, de similares capacidades y convicciones en el proyecto del que el joven Marx Arriaga demostró conocer, defender, dejando fecundas orientaciones en el historial de sus intensos debates públicos, como el que tuvo con  el exsecretario de educación peñista, Aurelio Nuño, a quien destrozó evidenciando la enorme diferencia entre la educación neoliberal y la Nueva Escuela Mexicana que el actual secretario sólo la entiende como slogan.

La concepción educativa neoliberal, de corte neocolonizadora y promotora del subdesarrollo, que defiende Aurelio Nuño es propuesta por las organizaciones del Capital Imperial que ya aplican en naciones con gobiernos sometidos al neoliberalismo. Es un modelo de formación instrumental, concibe a los profesionistas como “Capital Humano”, una mercancía a explotar para exprimirle plusvalía para el Capital Transnacional (colonialismo industrial). 

Paradójicamente, su ideología (falsa conciencia) es creer que carece de ideología (le llaman adoctrinamiento), forma profesionistas acríticos, sin memoria histórica, sin iniciativa en la organización para la defensa de sus derechos y contra las injusticias, sumisos, dóciles. Para esa tarea ocupan pedagogos y didactas. Los mismos que ocupa la Nueva Escuela Mexicana, porque esas herramientas educativas no definen los propósitos de los planes y programas educativos.

Marx Arriaga fue ampliamente conocido por ese debate. Evidenció que el proyecto transformador de la 4T puede ser más profundo a lo planteado por López Obrador. Contrario al adoctrinamiento, “de que los profesionistas deben carecer de doctrina”, la regeneración de la patria arranca con el despertar de las conciencias, rescate de la grandeza mexicana, sus orígenes, asimilar la memoria histórica, recuperar valores, principios, promueve una cultura que nos da identidad nacional, soberanía, abriendo camino al humanismo mexicano sediento de crítica propositiva, libertaria, democrática, ampliación de derechos, disminuya desigualdades, injusticias y mejore nuestro bienestar.

El gobierno de la 4T, encabezado por nuestra presidenta, al referirse a Marx Arriaga dijo con intolerancia y autoritarismo que se marió al subirse a un ladrillo, debieran autocriticarse, reflexionar y corregir, no sólo por tratarse de un invaluable cuadro de la 4T que se le expulsó con falsedades y utilizando prácticas impropias del Movimiento de Regeneración Nacional, difamándolo mientras, contradictoriamente, y sólo de dientes para afuera, se le reconocía.

El pueblo no es tonto. Observa y expresa su indignación por el hecho de que a Marx Arriaga lo expusieron al escarnio de una derecha corrupta y falsearía que ataca a la víctima y aplauden al victimario,  al  maltrecho Mario Delgado que tuvo la osadía de votar a favor de la reforma educativa de Peña Nieto. Hemos perdido a un gran funcionario público, pero muy probablemente estamos ante el surgimiento de un nuevo dirigente social. 

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