La Gualdra 704 / Cine
Agnes (Jessie Buckley) es una mujer que vive con una familia adoptiva en Stratford, a finales del siglo XVI; la acompaña su hermano Bartholomew (Joe Alwyn). Gracias a las enseñanzas aprendidas por su madre, quien murió cuando ambos eran pequeños, Agnes tiene una fuerte conexión con la naturaleza, los árboles, las plantas y sus propiedades curativas. Además, cuenta con cierta clarividencia que le ayuda a ver lo que sucederá en el futuro.
Por azares del destino, ella cruzará su camino con Will (Paul Mescal), un profesor humilde y un tanto torpe que imparte lecciones de latín a niños para pagar las deudas de su padre. Luego de algunos breves encuentros ambos se enamorarán y, pese a las objeciones de sus respectivas familias, eventualmente contraerán matrimonio.

Los años pasarán y Will cada vez tendrá más éxito como dramaturgo, pero también dificultades para triunfar bajo ese oficio viviendo en el medio del campo. Por esa razón viajará de manera constante a Londres, ausentándose por largos periodos de tiempo. Mientras tanto, Agnes se queda en casa, cuidando a sus tres hijos: la mayor, Susanna (Bodhi Rae Breathnach), y los gemelos, Judith (Olivia Lynes) y Hamnet (Jacobi Jupe). A pesar de las dificultades, ambos padres consideran que se encuentran en la etapa más feliz de sus vidas. Pero las visiones inquietantes de Agnes, aunadas a la llegada de la peste bubónica a la región, traerán consigo una terrible tragedia que hará cimbrar los cimientos más sólidos de su relación y su familia.

Ésta es la premisa central de Hamnet (2025), el trabajo más reciente de la realizadora Chloé Zhao (The Rider, 2018; Nomadland, 2020), cuyos temas centrales orbitan en torno al doloroso proceso del duelo ante ese misterio tan insondable que significa la muerte. El filme plantea cómo es que dichas emociones e inquietudes se tratarían, del impulso creativo detrás de una de las obras literarias más importantes de todos los tiempos: Hamlet (1623), de William Shakespeare.
Adaptada de la novela homónima de Maggie O’Farrell, publicada en 2020, la cinta evita los lugares comunes del cine histórico y en cambio se centra en la cotidianeidad de sus protagonistas, ambos personas tan comunes y mundanas como cualquier otra, pero con conexiones profundas con el arte y la naturaleza. Y son precisamente estas distinciones aquello que los terminará por salvar del abismo y la desesperanza.
Con un estilo naturalista e íntimo, Zhao compone imágenes de un preciosismo visual casi onírico, y logra ahondar en las emociones de sus protagonistas con una honestidad descarnada. La directora hila esos pequeños momentos del drama familiar hasta converger en una secuencia final portentosa y de una construcción emocional admirable, que parte desde un dolor que se percibe íntimo y personal, hasta volverlo colectivo y universal.
Zhao reflexiona, en última instancia, sobre las múltiples formas en las que el arte puede erigir espacios liminales, donde el pasado y el presente, la ficción y la realidad son capaces de unirse como parte de un todo. Y es ahí donde los sentimientos de desconcierto frente a tragedias que no se pueden evitar finalmente encuentran claridad y algo parecido a la resignación.
Con Shakespeare creando a modo de melancólica exaltación, Hamnet es un poderoso y afectivo relato sobre qué tan lejos podemos llegar para encontrar aquello que perdimos, incluso si sólo se encuentra dentro de las historias que nos contamos. A manera de reflejo, la directora nos permite reconocernos en esa búsqueda, traspasando ese umbral entre la vida y la muerte, tal y como ocurre en el mito de Orfeo y Eurídice. Zhao propone que, ante los temores que surgen por lo caprichoso e inamovible de la vida, lo único que nos queda es reconciliarnos con esa imprevisibilidad y permitirnos sentir con el corazón abierto, ya sea la dicha más grande, o la aflicción más profunda. El resto es silencio.
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