El reciente proceso electoral en Costa Rica confirma una tendencia que se ha venido consolidando en diversos países de América Latina: el fortalecimiento de fuerzas políticas de derecha impulsado por el descontento social ante problemas de inseguridad, crisis económicas y la percepción de incapacidad de gobiernos progresistas para atender demandas urgentes, sostuvo el doctor en Ciencia Política Jesús Moya Vela durante una entrevista en la que analizó el panorama político regional y sus posibles implicaciones.
El académico, docente de la Unidad Académica de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), explicó que el triunfo electoral de Laura Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano, representa la continuidad de un proyecto político conservador respaldado por el actual presidente Rodrigo Chaves, cuya administración mantiene todavía niveles importantes de aprobación entre la ciudadanía.
Moya Vela precisó que Fernández obtuvo cerca del 48 por ciento de los votos en la primera ronda electoral, cifra superior al 40 por ciento necesario para evitar una segunda vuelta. “Eso implica que su triunfo fue contundente y prácticamente asegura su llegada al poder sin necesidad de una contienda cerrada en balotaje”, explicó.
De acuerdo con el especialista, la fórmula presidencial se consolidó junto con las dos vicepresidencias, garantizando continuidad política en el gobierno y fortaleciendo la estructura institucional del partido oficialista, que además obtuvo mayoría simple en la Asamblea Legislativa, lo cual permitirá impulsar cambios legales con relativa facilidad.
Uno de los factores determinantes para el resultado electoral fue, según el académico, el crecimiento de la inseguridad en Costa Rica, un fenómeno que resulta particularmente impactante para un país históricamente reconocido por su estabilidad social y bajos índices de violencia.
“Es muy curioso, pero la percepción de inseguridad ha permeado fuertemente en la ciudadanía. Aunque no es el único factor, sí se convirtió en un elemento clave para definir el voto”, señaló Moya Vela, quien subrayó que esta preocupación también ha influido en procesos electorales recientes en otras naciones latinoamericanas.
El experto recordó que situaciones similares se han presentado en países como Chile, donde la ciudadanía transitó de un gobierno progresista hacia una administración de derecha, en parte debido a preocupaciones relacionadas con seguridad pública y estabilidad económica.
En Costa Rica, agregó, la nueva presidenta electa prometió impulsar reformas legislativas para endurecer penas contra delincuentes y concluir la construcción de una prisión de máxima seguridad similar a modelos implementados en otras naciones. Este tipo de discursos, afirmó, conecta con una población que busca soluciones rápidas frente al aumento de la violencia.
Moya Vela destacó que la inseguridad no opera sola, sino que se combina con el desgaste de administraciones progresistas que, aunque llegaron al poder con grandes expectativas de transformación social, no lograron resolver problemas estructurales heredados del periodo neoliberal.
“El péndulo político en América Latina funciona de manera cíclica. Cuando la izquierda no consigue resultados concretos, parte del electorado gira hacia opciones conservadoras esperando respuestas inmediatas”, explicó.
El académico subrayó que, durante las últimas décadas, los procesos de democratización permitieron mayor participación electoral, pero paralelamente se redujo el papel social del Estado, provocando carencias en salud, empleo y servicios públicos, además de insuficiente atención a grupos vulnerables.
En este escenario, cuando los gobiernos progresistas llegaron al poder, no lograron revertir completamente las consecuencias económicas y sociales acumuladas, lo que generó frustración ciudadana reflejada posteriormente en las urnas.
El especialista señaló que esta insatisfacción facilita que discursos conservadores ganen terreno, particularmente cuando prometen orden, estabilidad y combate frontal al crimen, aun cuando dichas propuestas no siempre resultan sostenibles en el largo plazo.
Asimismo, advirtió que la derecha suele focalizar políticas públicas en sectores específicos sin atender de fondo problemas sociales amplios, lo que podría derivar en nuevas tensiones sociales si las expectativas generadas durante las campañas no se cumplen.
Otro elemento que Moya Vela considera clave es la influencia internacional, especialmente la presencia histórica de Estados Unidos en la región, país que mantiene interés estratégico en América Latina por razones económicas, comerciales y geopolíticas.
Según explicó, los gobiernos conservadores suelen alinearse con mayor facilidad a los intereses estadounidenses, mientras que administraciones progresistas intentan mantener cierta autonomía, aunque sin romper completamente relaciones diplomáticas o económicas.
“El mensaje que se ha enviado a la región es que alinearse con los intereses norteamericanos reduce conflictos internacionales, mientras que apartarse puede generar tensiones”, comentó.
No obstante, el académico aclaró que esto no significa que gobiernos progresistas como los de México, Brasil o Colombia no puedan sostener relaciones con Washington mientras impulsan políticas sociales internas.
El panorama internacional también se complica por la creciente presencia de China en la economía global, lo que genera una disputa geopolítica que repercute indirectamente en América Latina, donde ambos países buscan fortalecer vínculos comerciales y políticos.
En este contexto, el analista considera que muchos países latinoamericanos aún enfrentan incertidumbre sobre su rumbo económico y político, especialmente ante la continuidad de políticas neoliberales que han promovido flexibilización laboral y precarización del empleo.
A ello se suma, explicó, una lucha cultural e ideológica en la que influyen redes sociales, medios digitales y figuras públicas que difunden discursos simplificados sobre la política, muchas veces caricaturizando propuestas progresistas y posicionando opciones conservadoras como soluciones prácticas.
“Existe una batalla cultural por definir el rumbo de América Latina y su papel en el mundo, donde diferentes grupos influyen en la percepción pública”, señaló el académico, quien recordó que históricamente han existido campañas de desprestigio contra ideologías de izquierda en distintos momentos de la región.
Sin embargo, también reconoció que los propios gobiernos progresistas han cometido errores, incluidos casos de corrupción o falta de resultados en políticas públicas, lo cual ha debilitado su credibilidad.
En ese sentido, advirtió que el retorno de gobiernos conservadores no garantiza soluciones inmediatas y podría generar nuevas frustraciones si no se atienden problemas estructurales como desigualdad, pobreza y falta de oportunidades laborales.
El especialista señaló que América Latina atraviesa un proceso complejo en el que todavía no se define con claridad el rumbo político y económico que seguirá en las próximas décadas, especialmente en un contexto global marcado por tensiones internacionales y competencia económica entre potencias.
De cara a futuros procesos electorales en países como Colombia, Bolivia, Perú, Brasil y Paraguay, Moya Vela considera posible que continúe el avance de fuerzas conservadoras si persisten los problemas económicos y de seguridad.
Finalmente, subrayó que la volatilidad electoral se ha convertido en una característica central de la política regional, donde los ciudadanos están cada vez más dispuestos a cambiar de opción si perciben falta de resultados.
“El desafío para cualquier gobierno, sea de izquierda o de derecha, será responder a demandas concretas de seguridad, empleo y bienestar social. De lo contrario, el péndulo político seguirá moviéndose”, concluyó el académico.



