Este lunes, miles de estudiantes y docentes regresan a clases en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Se reanudan no solo las actividades académicas, sino también la vida que fluye en aulas, pasillos, laboratorios y bibliotecas. Es una buena ocasión para reflexionar sobre el papel que la universidad puede y debe desempeñar en el momento que atraviesa nuestro estado.
Zacatecas enfrenta desafíos complejos. Desacuerdos entre sectores, tensiones políticas, rezagos estructurales, fenómenos como la extorsión y el desempleo, o una inversión pública que muchas veces no alcanza a transformar el entorno inmediato de las personas. Pero, frente a todo esto, la Universidad sigue ahí: abierta, presente, viva.
Por eso, más allá de formar profesionistas o generar conocimiento, la UAZ puede convertirse en un verdadero punto de encuentro. Un lugar donde confluyan distintas visiones políticas, voces de la sociedad civil, propuestas empresariales, saberes populares y necesidades comunitarias. Donde se escuchen ideas distintas, pero con un mismo objetivo: construir soluciones concretas para Zacatecas.
En otras partes del mundo, las universidades públicas han sabido convertirse en epicentros de cambio. En Medellín, por ejemplo, el trabajo conjunto entre la Universidad de Antioquia y el gobierno local permitió transformar espacios de violencia en entornos educativos y culturales. En Boston, el MIT no solo forma ingenieros: colabora con autoridades para resolver problemas de movilidad, energía y planeación urbana. En Seúl, Corea del Sur, las universidades lideran procesos de alfabetización digital para personas mayores. Ejemplos como estos muestran que cuando la universidad abre sus puertas a la sociedad, se convierte en motor de transformación.
En Zacatecas también podemos hacerlo. Un ejemplo es el proyecto Casas Seguras, que en breve presentaremos desde la UAZ con el apoyo de estudiantes, docentes y organizaciones civiles. Este programa busca capacitar a las personas más vulnerables en el uso de tecnologías digitales: desde cómo acceder a una consulta médica en línea, hasta cómo hacer trámites, protegerse de fraudes o comunicarse con sus seres queridos. Porque en tiempos de transformación digital, el conocimiento no puede ser privilegio de unos cuantos.
Esta iniciativa es apenas una muestra de lo mucho que puede lograrse si la Universidad asume un rol activo en el diseño de políticas públicas y la intervención social. Si se articula con otros niveles de gobierno, si escucha a las comunidades, si pone su capacidad científica y técnica al servicio del bienestar colectivo. La UAZ no puede ni debe ser espectadora de los procesos que marcan la vida pública del estado: debe ser protagonista, mediadora y constructora.
Y todo esto comienza reconociendo algo fundamental: la Universidad no le pertenece solo a quienes la habitan, sino a toda la sociedad que la sostiene. Por eso su compromiso no puede reducirse a su autonomía: debe ampliarse hacia la corresponsabilidad con el futuro de Zacatecas.
Hoy, al reiniciar clases, celebremos también la posibilidad de que la UAZ sea ese espacio donde converjan propuestas, se debatan ideas y se proyecten acciones concretas. Ese espacio donde no se cancelen las diferencias, pero sí se privilegie el diálogo y la búsqueda de soluciones.
Zacatecas necesita puntos de encuentro. Y la Universidad tiene todo para ser uno de ellos.



