La Gualdra 700 / José Alfredo Jiménez / 100 Años
He sido migrante toda mi vida, sin darme cuenta, dentro de mi propio país, dentro del centro-sur de México. Aunque nací en la CDMX, la mayor parte de mi infancia y adolescencia la viví en los pueblos del oriente del Estado de México. Además, culturalmente me reconozco más afín a forma de ser y hablar de los estados de Guerrero y Michoacán, de donde son mis abuelos y mis padres, que con lo típicamente chilango o defeño, como se decía antes. Ya en la juventud regresé a la Ciudad de México para habitar diferentes zonas como el norte donde nací y el centro que tanto me ha cautivado, no sólo por sus historias y su arquitectura, sino porque allí confluyen todo tipo de personas con usos, costumbres y lenguas diversas que me parecen enriquecedoras.

Dentro de los barrios del centro está Santa María la Ribera, una de las primeras colonias del México moderno porfirista. Aquí vivió la clase media y la burguesía de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pero después la colonia mutó en la posrevolución para convertirse en un barrio habitado por las clases populares, proletarias (ferrocarrileros de Buenavista) y la clase trabajadora. Es por este rodar del tiempo histórico que hoy vivo en Santa María la Ribera. Uno de los centros neurálgicos de este barrio aún popular es una cantina, el Salón París, lugar de bebidas y de comida como botana, de buen ambiente y amena música. Dentro de este local, ubicado al lado del quiosco morisco, se encuentra en una esquina la escultura del compositor e intérprete guanajuatense José Alfredo Jiménez, pues se sabe que él cantó y compuso muchas de sus canciones ahí.

Dicen los meseros y el personal de la barra que allí compuso, entre otras, “Tu recuerdo y yo (Estoy en el rincón de una cantina)”. En este recinto josealfrediano, que por supuesto es uno de mis lugares preferidos, hay además recortes de periódicos y documentos que relatan también la llegada, crecimiento y éxito de este artista de la música ranchera, y de sus pasos migrantes por la CDMX: en un México en plena explosión demográfica y de urbanización. Y es que las letras de José Alfredo relatan justamente esta movilización de las personas del campo a las ciudades y de las dificultades citadinas que ponen en quiebre los recuerdos y las tradiciones que luchan para no ser derrotadas por la apabullante modernización que todo lo diluye y lo blanquea.

Su música es la lucha constante de lo popular y su evolución contra los valores de un sistema económico y político que dicta que adoptemos formas de ser distintas a las nuestras, como lo europeo o lo estadounidense. Hoy, en pleno 2026, Santa María la Ribera y José Alfredo Jiménez, sentado en el rincón de esta cantina, continúan en esa lucha por el rescate de lo popular, ya que desde hace algunos años el barrio ha sufrido los estragos del desplazamiento de personas a manos de los nuevos proyectos urbanísticos gubernamentales e inmobiliarios que están comprando casas y departamentos a bajo costo para revenderlos a una clase media-alta que nada tiene que ver con las costumbres barriales y que no le importa si éstas sobreviven o se pierden.
La cantina París donde cantó José Alfredo sigue de pie resistiendo las amenazas de la cínica ultramodernidad y José Alfredo, como si fuera el Ángelus Novus de Paul Klee, observa cómo lo “nuevo” arrasa con la memoria y las tradiciones, pero observa no de manera pasiva sino en defensa de lo nuestro, de nosotros, de la clase trabajadora, de lo popular, de los que migramos, de los que tenemos historia y de quienes hemos construido un presente con base en el recuerdo de los del pasado. El Salón París y la escultura de Fello son símbolos de la lucha contra la gentrificación.
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