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■ Destaca la apropiación de espacios públicos como mecanismo de control

Señala experta que violencia criminal reestructura cotidianidad en el estado

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

Tomando como ejemplos de resistencia a colectivos de madres buscadoras y al trabajo de fotoperiodistas, la investigadora Karen Victoria González Llamas presentó los avances de su tesis doctoral “Subjetividad, significados y espacio social en la ciudad de Zacatecas: la vida cotidiana ante la violencia criminal”, en la que analiza cómo, entre 2020 y 2026, la violencia criminal pasó a estructurar la forma en que se habita y se significa el espacio público en la capital del estado.

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Durante su participación en el III Coloquio de Ciencia Política de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, González Llamas sostuvo que la violencia criminal no puede entenderse solo como una suma de hechos delictivos, sino como una práctica social colectiva que reproduce la ciudad, al operar como un actor no estatal capaz de imponer control simbólico, generar miedo compartido y normalizar el horror sin detener la vida cotidiana.

La investigación no se centra en las causas de la violencia, sino en sus consecuencias vivenciales y subjetivas, particularmente en la manera en que reconfigura el espacio social y las relaciones entre quienes habitan la ciudad, a partir de la teoría de Henri Lefebvre.

Como ejemplo de la ruptura en la forma de habitar el espacio público, recordó el 6 de enero de 2022, cuando diez cuerpos fueron abandonados en la Plaza de Armas, un espacio que días antes había sido acondicionado por el Estado como zona de recreación familiar en el marco de festejos navideños. Señaló que ese hecho transformó de manera radical el sentido del principal espacio público del Centro Histórico, evidenciando cómo la violencia utiliza lugares emblemáticos para “performar” control, poder y confrontación.

También mencionó una fotografía de la fotoperiodista Flor Castañeda tomada en 2021 en la Plaza Bicentenario, donde ocurrió un asesinato a plena luz del día. González Llamas destacó que ver a niños limpiando y jugando en charcos de sangre muestra cómo la espectacularización de la violencia busca el control del territorio y de los cuerpos, pero al mismo tiempo normaliza la violencia conforme se vuelve parte de la vida cotidiana.

En este contexto, la ponente destacó que las madres buscadoras representan procesos de resistencia y memoria que se viven de manera aislada.

Miedo, angustia, incertidumbre y desconfianza se convierten en el sentido común colectivo y en dispositivos de control social, explicó la investigadora señalando que influyen en los horarios para salir, las zonas que se evitan y las formas de relación entre vecinos, erosionando la organización colectiva.

Al referirse a la violencia vivida por jóvenes, mencionó el caso de la desaparición de siete jóvenes en Malpaso y describió cómo, en los funerales, los propios compañeros cargaron las cruces de sus amigos. Desde el testimonio de fotoperiodistas, señaló que estas experiencias generan sentimientos de venganza en comunidades donde todos se conocen y donde otras formas de violencia ya tienen una presencia permanente.

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