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■ A 49 años del asalto a la Rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas

A 49 años del asalto a la Rectoría de la BUAZ, la comunidad universitaria se ha alejado de las causas sociales

■ “La UAZ haya extraviado la brújula que la vinculaba a procesos sociales”: Rodríguez Cercantes

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

A 49 años del asalto al edificio de Rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ), la comunidad académica y estudiantil ha abandonado los preceptos ideológicos que se enarbolaron en ese momento para defender el proyecto de una institución democrática, científica, crítica y popular; ahora impera una disociación entre docentes y alumnos con el entorno social.

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A pesar de que se mantienen vigentes algunos de los logros que se alcanzaron en 1977 –la creación de comedores y casas estudiantiles, y el ejercicio mismo de la autonomía, por ejemplo–, para algunos de los actores que participaron en aquel movimiento en defensa de ese modelo de universidad, la BUAZ ha perdido la brújula y se ha separado de las causas sociales; mientras tanto, la actual administración rectoral afirma que aquella vinculación de los universitarios con sectores sociales vulnerables no se ha perdido, sino que ahora se ha institucionalizado.

El movimiento estudiantil de 1968 había propiciado un mayor interés entre los jóvenes para participar en los asuntos políticos y sociales en una época en la que era evidente la desigualdad, la pobreza y corrupción y la represión como medida del partido hegemónico en el poder para acallar toda expresión opositora.

Laura Rodríguez Cercantes, en aquel momento docente de Preparatoria, recuerda que en ese momento “habitábamos un Zacatecas rentista, instalado en el inframundo de la dinámica en todos los sectores, con una economía preindustrial, latifundista atrasada y una clase política caciquil enriqueciéndose al abrigo del partido único, lo que cancelaba cualquier opción democrática”.

Desde su perspectiva, el suceso del 10 de enero de 1977 evidenció que las contradicciones gestadas al interior de la sociedad zacatecana eran irreversibles: “una clase política avejentada, aferrada a las prácticas caciquiles a quienes se les terminaron los trucos y los espejismos para el control social y unos segmentos emergentes teniendo en mente –como parte de su proceso formativo- la justicia social y el bienestar colectivo”.

Sin embargo, “cuesta asumir que ahora la UAZ haya extraviado la brújula que la vinculaba a procesos sociales, principalmente de reivindicaciones de los que menos tienen. Hoy sobreviven voces críticas al interior de la institución con compromiso social, pero lastimosamente rodeados de un enorme silencio, no pocas veces cómplice”.

Entre los aspectos cuestionables, expone, está el hecho de que es inexistente el pronunciamiento y mucho menos acompañamiento de la universidad en asuntos que afectan a grandes segmentos sociales y que tienen relación con problemas del medio ambiente, la salud, el campo y su crisis, la seguridad humana, la corrupción prevaleciente, el empleo, la transparencia o la rendición de cuentas.

Según Rodríguez Cervantes, “la vinculación institucional no solo es llevar dentistas a comunidades, eso es una parte, otras son acompañar a la sociedad en sus exigencias y reivindicaciones, pues es a esa sociedad manipulada, engañada y sumisa a la que la UAZ se debe, no a figurines políticos, partidos o sectas infiltradas en los recovecos del sistema y los grupos de poder”.

Por su parte, Luis Medina Lizalde, docente retirado de la BUAZ, refiere que en esa época surgieron generaciones de universitarios que asumieron un compromiso social como resultado de las condiciones sociales desfavorables y, entonces, se involucraron en organizaciones que incomodaron a las élites zacatecanas. 

Destaca la participación activa de la comunidad universitaria en movimientos de respaldo a la huelga en el Hospital Civil General, a colonos de Buenavista, Lázaro Cárdenas, entre otras comunidades, a las huelgas mineras en Fresnillo y a campesinos que durante décadas habían demandado el reparto de tierras concentradas en latifundios. 

Según recuerda, la universidad ya había tomado la decisión de impulsar un proyecto en el que la educación estuviese al alcance de toda la sociedad y que ofreciera servicios como los comedores y casas estudiantiles y becas en libros para los estudiantes. 

Como consecuencia, el 10 de enero de 1977 un grupo de encapuchados tomó la Rectoría y dio a conocer un manifiesto en el que desconocían al rector Jesús Manuel Díaz Casas y exigían la expulsión de un grupo de universitarios. En los meses posteriores, el gobierno federal mandató un referéndum en el que triunfó un proyecto democrático, científico, crítico y popular contra una visión elitista.

Para Medina Lizalde, la BUAZ pudo defender un proyecto que en otros casos no fue posible como en Aguascalientes, donde la universidad autónoma opera hasta la actualidad con criterios de una institución privada y con una visión muy conservadora.

No obstante, considera que las condiciones han cambiado en Zacatecas y ahora la comunidad universitaria se ha alejado de las causas sociales, al grado de que recientemente no hubo ningún pronunciamiento por la desaparición de un profesor en Fresnillo, mucho menos para cuestionar otras problemáticas sociales.

“Hay un caso extremo de insensibilidad social: se introdujo un sistema de cobros que es un problema para la gente de bajos recursos; aparece el comercio del conocimiento con la creación de diplomados o programas para cobrar decenas de miles de pesos; durante muchas décadas cada grupo que controlaba una facultad controlaba el dinero”, explica. 

Abel García Guízar, docente jubilado de la Unidad Académica de Derecho, explica que en la década de los 70 del siglo pasado se sentaron las bases para poner en marcha el modelo neoliberal en México, y como consecuencia de ello en la BUAZ se enfrentaron dos modelos de educación: uno que planteaba privilegiar solo a aquellos que pudieran pagarla, y otro que proponía abrir las aulas al grueso de la sociedad.

En consecuencia, en el asalto al edificio de la Rectoría “se agrupó lo más reaccionario, desde una derecha más o menos tolerante hasta una derecha casi fascista, con la intención de controlar la universidad a partir de un sujeto que había sido gobernador del estado y que no perdía la esperanza de seguir manejando la educación: José Rodríguez Elías”.

La derecha, dice, no estaba dispuesta a tolerar que la BUAZ fuera autónoma, democrática, científica, crítica y popular e incluso estos fueron términos que les molestaba, lo que se demuestra con el manifiesto que presentaron en la toma de la Rectoría.

En respuesta, docentes, estudiantes, trabajadores y padres de familia se organizaron en asambleas y, de manera conjunta, emitieron un documento con el título “Fuera manos espurias de la UAZ”, hasta que se realizó un referéndum cuyo resultado permitió la restitución de Díaz Casas y la reservación de la ley orgánica.

En su opinión, García Guízar afirma que la universidad ha abandonado aquellos preceptos que fueron abanderados, lo que se debe a varias circunstancias, entre ellos cultura individualista y consumista que trajo consigo el modelo neoliberal.

“Después del 77, nuestra generación y otras subsecuentes intentaron impulsar esos principios en todas las escuelas, pero algunas se resistieron y en otros casos como la Unidad Académica de Derecho se mantuvo como una escuela conservadora”.

Asimismo, Raymundo Cárdenas Hernández, primer secretario general del Sindicato de Personal Académico (SPAUAZ), opina que la toma de Rectoría fue un acontecimiento fundamental en la historia de la institución que se presentó en un contexto en donde se visibilizó el desgaste del sistema político mexicano y la incapacidad del gobierno federal para atender las demandas de sindicatos, maestros, mineros, médicos y campesinos.

En ese escenario, la izquierda liderada por Valentín Campa promovió una reforma política con la intención de registrar formalmente al Partido Comunista Mexicano en el sistema electoral y una ley de amnistía para lograr la liberación de presos políticos, que el gobierno federal encabezado por José López Portillo y Jesús Reyes Heroles entendió que no podía haber democracia sin la inclusión de la izquierda.

Mientras tanto, comenta que en Zacatecas muchos universitarios se comprometieron con la lucha por la tierra de campesinos y la lucha por la vivienda de colonos en la capital del estado que lograron la fundación de colonias populares como la Lázaro Cárdenas y la Buenavista.

“La voluntad de López Portillo y de Reyes Heroles aquí no lo entendieron y, antes de que hubiera las reformas a nivel nacional, aquí se apresuraron a dar el golpe el 10 de enero para expulsarnos de la universidad a los que pensábamos de manera progresista”.

Como consecuencia, Cárdenas Hernández refiere que el gobierno federal no atendió las demandas de la denominada Alianza Universitaria y en su lugar Reyes Heroles convocó a un referéndum para que los universitarios decidieran si Díaz Casas era o no restituido como rector, el cual se realizó en mayo de ese mismo año y de esa manera se dirimió el conflicto.

Señala que la comunidad universitaria se deslindó paulatinamente de las causas sociales debido a la fragmentación de la izquierda que se produjo al interior de la BUAZ, cuando esta se escindió y surgió un grupo reformista que estaba a favor de los procesos electorales y la llegada al poder para la transformación del país y otro revolucionario que se pronunció en contra de este proceso.

Desde su perspectiva, en la BUAZ se impuso la visión de la corriente que abanderaba una postura contraria a los procesos electorales y la toma del poder a nivel federal “y por eso se han desperdiciado talentos enormes como Carlos Reveles, Francisco Valerio, el ‘amigo’ Abel, entre otros. Entonces se quedaron con la dirección universitaria aquellos que han llevado a la institución al pragmatismo más indecente”.

Ángel Román Gutiérrez, rector de la BUAZ, opina que la toma de Rectoría el 10 de enero de 1977 fue un parteaguas en la historia de la institución pues, como consecuencia de este acontecimiento, se definió el proyecto y filosofía democrática, científica, crítica y popular que “al día de hoy no ha perdido”.

“La universidad sigue siendo una institución combativa y en este aniversario vale la pena que reflexionemos en torno a lo que pasó. Fue un asalto violento a la Rectoría por un grupo de alumnos de Medicina que no aceptaban que se diera el pase automático de la preparatoria a este programa. Además, no estaban de acuerdo en que nuestra universidad tuviera un carácter asistencialista, que se apoyara a la sociedad”, expone.

Detalla que el Frente Popular de Zacatecas tuvo una presencia e influencia importante al interior de la universidad y con el paso del tiempo se ha perdido el vínculo entre docentes y estudiantes con ese tipo de organizaciones, pero ahora la comunidad universitaria no necesita de fuerzas políticas externas para defender lo que en ese momento se logró: la autonomía. 

En ese sentido, considera que esa relación de la universidad con los diversos sectores sociales ha cambiado y ahora no son grupos de profesores y alumnos los que se involucran, sino que es la institución en su conjunto la que impulsa proyectos en beneficio de la sociedad. 

De acuerdo con Román Gutoérrez, en la actualidad la BUAZ ofrece la generación de conocimiento al servicio de todos aquellos sectores sociales que buscan una solución a problemas como el agua, la salud, el campo, la pobreza, entre otros. Es decir, “eso que se había antes abanderado por un grupo e incluso por un partido, ahora lo hacemos todos con la finalidad de retribuir algo de lo que la sociedad”.

Es decir, la vinculación de la comunidad universitaria con los diversos sectores sociales ha cambiado y, en comparación con aquella época, ahora se ha institucionalizado a través de diferentes proyectos académicos.

Como muestra de ello está la clínica de la Unidad Académica de Odontología que ofrece servicios a bajo costo; la Unidad Académica de Agronomía, cuyos docentes llevan a los alumnos a comunidades marginadas para atender sus problemas; y la coordinación de Vinculación que lleva a cabo brigadas de salud. 

En la actual coyuntura política y económica a nivel global, concluye que la universidad debe cobrar una mayor relevancia y se debe instituir como espacio de análisis y generación de soluciones a situaciones como a invasión de Estados Unidos a Venezuela y las amenazas contra México con el pretexto del narcotráfico.

Para recuperar aquella vinculación de la comunidad universitaria con las causas sociales, Rodríguez Cervantes manifiesta la necesidad de un análisis académico profundo, desprejuiciado y sin filias ideológicas, y a partir de ello crear las condiciones para que la BUAZ vuelva a ser un agente de cambio a nivel local.

“Desgraciadamente creo que la UAZ no camina en esa dirección, sino en sentido contrario. Es el signo de los tiempos, pero no por ello debéis abandonar la lucha y menos a 49 años después de aquel nuestro 10 de enero que detonó profundas transformaciones”.

Para Medina Lizalde, en México se avecina una etapa de desderechización de la academia y esta avanzará gradualmente debido a que este fenómeno no brotó de adentro, sino de afuera, estimulado por las políticas que impuso Carlos Salinas de Gortari.

En ese sentido, “el único camino para revertir lo que ha venido sucediendo es la recuperación de la vida democrática. Es decir, que no se vea como una amenaza al control institucional la tradición de asamblea, discusiones colectivas, y que estas se vean como una fortaleza. Confío en eso porque la mayoría de los profesores tienen condiciones laborales precarias y son una minoría la que está en situación de privilegio”.

García Guízar considera que es importante que la universidad se relacione otra vez con los problemas que enfrenta la sociedad como sucedió en la década de los 70 cuando docentes y estudiantes lucharon por la tierra de los campesinos y colonos, y aunque no hay una fórmula para recuperar esa identidad en la coyuntura actual, se puede buscar la manera de hacerlo.

Cárdenas Hernández, por su parte, insiste en que la academia en la universidad se ha disociado de la realdad social y revertirlo es un tema muy completo porque “los más ilustrados son los que más combaten a la Cuarta Transformación. Se enredaron en decir que la lucha electoral era puro reformismo, luchar para que nada cambie, pero sí cambió y yo siento que estos 50 años de lucha valieron la pena”.

A nivel interno, sugirió que la nueva administración rectoral debería convocar a toda la comunidad para eñaborar un Plan de Desarrollo Estatal y así insertar a Zacatecas en el Plan México y así “dar la pelea con la presidenta”.

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