Organizaciones civiles y especialistas en seguridad vial y consumo responsable advierten que en México comprar un automóvil sigue siendo una decisión tomada con poca información en materia de seguridad y eficiencia energética, a pesar de que los siniestros viales provocan cada año alrededor de 16 mil muertes y más de un millón y medio de personas lesionadas en el país, con un costo social equivalente al 1.28 por ciento del Producto Interno Bruto.
De acuerdo con la Guía para comprar un auto más seguro y eficiente, publicada por Cruz Roja Mexicana, El Poder del Consumidor y Latin NCAP, muchos de los vehículos nuevos que se comercializan en el mercado nacional carecen de tecnologías de seguridad que ya son estándar en otras regiones del mundo.
Advierten un rezago de al menos 20 años en la Norma Oficial Mexicana de seguridad vehicular vigente frente a la normativa europea, además de que no cumple el enfoque de protección a usuarios vulnerables establecido en la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial.
Entre los elementos mínimos que debería incluir un automóvil seguro, se destacan los cinturones de seguridad de tres puntos en todas las plazas, reposacabezas ajustables, al menos seis bolsas de aire, anclajes Isofix para sistemas de retención infantil, frenos antibloqueo (ABS) y control electrónico de estabilidad (ESC). Este último es considerado una de las tecnologías más efectivas para prevenir pérdidas de control y volcaduras, con reducciones de al menos 23 por ciento en choques fatales, aunque todavía no es obligatorio en todos los vehículos comercializados en México.
A ello se suman los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, conocidos como ADAS, como el frenado autónomo de emergencia, la alerta de punto ciego, los asistentes de mantenimiento de carril y los sistemas inteligentes de velocidad, los cuales pueden prevenir o mitigar colisiones y atropellamientos, especialmente en zonas urbanas donde el riesgo para los peatones es mayor.
En ese sentido, se subraya la importancia de revisar la calificación del vehículo en el Programa de Evaluación de Vehículos Nuevos para América Latina y el Caribe (Latin NCAP), que califica de cero a cinco estrellas con base en pruebas de choque y en la protección que ofrece tanto a ocupantes como a usuarios vulnerables de la vía. Una calificación de cinco estrellas indica alta probabilidad de protección con lesiones leves y no permanentes, mientras que cero estrellas implica un alto riesgo de lesiones mortales.
Sobre eficiencia energética, la guía propone parámetros mínimos de rendimiento de al menos 19 kilómetros por litro en vehículos de combustión interna, 25 km/l en híbridos no enchufables y consumos iguales o menores a 15 kWh por cada 100 kilómetros en autos eléctricos.
De acuerdo con sus estimaciones, en algunos segmentos la diferencia en gasto de combustible entre el modelo más eficiente y el menos rendidor puede superar los 43 mil pesos anuales. En el caso de los vehículos eléctricos, recorrer 100 kilómetros puede costar alrededor de 38 pesos en consumo eléctrico, una séptima parte de lo que requiere un automóvil convencional.



