En el marco de las celebraciones decembrinas, cuando la convivencia familiar y el intercambio de obsequios se intensifican, el teléfono celular se ha convertido en uno de los regalos más solicitados por niños y adolescentes. No obstante, especialistas en desarrollo infantil y neurociencia humana advirtieron que la exposición prolongada a pantallas electrónicas representa riesgos significativos para la salud, el aprendizaje y las relaciones humanas, particularmente en menores de seis años.
De acuerdo con los expertos, el uso excesivo de dispositivos como celulares y tabletas en la infancia temprana puede generar afectaciones en el neurodesarrollo, dificultades en la socialización y en el bienestar emocional, además de trastornos del sueño, daños en la salud visual y un aumento del sedentarismo.
Viviana Quintero, investigadora de la Universidad de los Andes, Colombia, sostuvo que el análisis del impacto de la tecnología y la inteligencia artificial (IA) en niños, niñas y adolescentes debe realizarse desde una perspectiva de desarrollo integral. Durante el Seminario Internacional Crecer, aprender y convivir en la era digital: oportunidades, riesgos y desafíos, organizado por el Tecnológico de Monterrey y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en México, explicó que en la infancia deben priorizarse cuatro áreas fundamentales: la actividad física; el sueño, la alimentación y la higiene; la interacción social, y el aprendizaje y la educación.
“La exposición prolongada a pantallas perjudica estas áreas. Los niños que pasan mucho tiempo conectados aumentan su sedentarismo, se aíslan socialmente, dejan de dormir y de comer adecuadamente y disminuye su rendimiento escolar”, afirmó la especialista.
Quintero agregó que la IA está magnificando riesgos que ya existían con las redes sociales, como la exposición a contenidos inapropiados —retos virales, violencia o autolesión—, interacciones con desconocidos que pueden derivar en extorsión y conductas de ciberdependencia o violencia digital. Asimismo, señaló que los menores pueden desarrollar problemas de control de impulsos, ansiedad y síntomas depresivos debido a una baja tolerancia al malestar.
En la misma línea, Juan Francisco Lozano, especialista del Tecnológico de Monterrey, informó que los infantes menores de tres años que pasan más de dos horas diarias frente a pantallas presentan retrasos en los hitos del lenguaje, menor adquisición de vocabulario y un aumento en la hiperactividad. Añadió que los escolares que utilizan estos dispositivos más de una hora al día tienen 1.8 veces más riesgo de presentar desfases en el desarrollo cognitivo al ingresar al preescolar.
Ante este panorama, los especialistas recomendaron evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir y durante las comidas, además de insistir en que madres y padres conozcan y supervisen el contenido que consumen los menores. Subrayaron que el problema no es únicamente el tiempo de uso, sino la calidad del contenido, el contexto y el equilibrio con otras actividades esenciales para el desarrollo.
En Zacatecas, el acceso a un teléfono celular puede ir desde alrededor de mil 500 pesos en modelos económicos hasta más de 34 mil pesos en equipos de alta gama. Los dispositivos de bajo costo ofrecen funciones básicas; la gama media incorpora mejores cámaras y conectividad, mientras que los modelos premium concentran mayor potencia y sofisticación tecnológica.
Especialistas en salud y educación coincidieron en que el uso del celular en adolescentes debe abordarse como un tema de salud pública y de educación temprana. Entre las recomendaciones destacan establecer límites de tiempo -en promedio, no más de dos horas diarias de uso recreativo en adolescentes-, priorizar contenidos educativos o creativos, fomentar actividades fuera de línea como el deporte y el arte, y establecer acuerdos familiares claros sobre el uso de la tecnología.
“El equilibrio no implica prohibición absoluta, sino una gestión consciente basada en límites, educación digital y fortalecimiento de la vida familiar y social”, concluyeron, al advertir que el desarrollo saludable del cerebro infantil y adolescente depende, en gran medida, de experiencias reales de interacción, juego y convivencia.



