Muchos años he creído que la historia de la radio en México pertenece por entero a José Piña de la Peña y tengo en mi haber casi 200 documentos que no solo lo prueban, sino que demuestran su gran contacto con las radios del mundo y desde su base en la ciudad de México, Fresnillo Zacatecas, Monterrey y la ciudad populosa y proletaria y mega campesina y pinacata -tacuata de verdad, de sobra tacuatona, (chichimeca irremisible y voraz)-, es decir, del chinacate más suciote, los descamisados, los más pobres entre los pobres– de San Luis Potosí, que hizo y deshizo, promovió la radio, prometió evolucionarla, promoverla a gran escala.
A veces veo que al pasar de los años dichos documentos serían idóneos para empresarios radiales, universidades nacionales o curiosos de la historia de las comunicaciones en un México increíble en sus tantos años de milenios y frutos encontrados, fueron y son, verdaderos poemas de amor en un sinfín de banalidades diluyéndose en sociedades de consumo o diatribas politiqueras y en pos de enriquecerse aun a costa del sufrimiento de miles de seres y que de nada sirvió -pa una fregada- una revolufia, muchos paredones, hartos desencuentros.
Los archivos los adquirí bajo la premisa de que “lo que ha de ser pa ti, lo será” y fueron y son míos y por ende, para el mundo y el pueblo mexicano; por ejemplo , tengo en mi poder casi 300 cartas y postales de las radios iniciales de ese México profundo e indígena, cosmopolita y ansioso por conocer las coordenadas de la comunicación de la radio de onda corta y banda ancha, escuchar, reflexionar, huir de lo aburrido, ser testigos de los grandes acontecimientos, como me repetía mi jefita: el fin victorioso de la segunda guerra mundial, los carteles en cada casa que anunciaban la felicidad de que había terminado esa masacre monumental mundial y aterradora y además, la música mexicana como la mas querida, las noticias del norte y los desastres del sur.
Todo ello en una taza de café.
Té de cardio mariano con diente de león pál hígado gratzo.
Son mis archivos sagrados y criminales , vulgares y peleoneros, guerra de guerrillas verbales con enunciados radicales del honroso pueblo mexicano.
Sucede que entre esos archivos enfáticos, está la cepa curadora: la pintora Flora Martínez Bravo, acaecida a los 97 años hace apenas unos mil días, suscrita a que debía tener entre mis kilotajes de documentos, su acervo mas sagrado: EL FONDO DOCUMENTAL DE LA PINTORA FLORA MARTINEZ BRAVO, la primera gran pintora infrarrealista del país, talentosa, meticulosa, además pianista y profa de generaciones, bella en todos sus costados, eterna en sus muchas circunstancias como nieta y bisnieta e hija de italianos, con su raíz veracruzana y toluqueña y luego el asiento milagroso y creativo de la entidad potosina o zacatecana hasta el final de los tiempos.
Ese apremio es la valoración a mi curiosidad y entusiasmo y amor a toda la raza, el barrio, el sector donde se vive, pues dichos documentos no salen del todo de mi entorno, merecen que el mundo los conozca, y no exagero: es el recorrido maravilloso de la magia vibrante del color, el dibujo a gran escala, la pintura y la invención cotidiana que trasformó a miles de vidas y de pueblos, de América pobretona, viajera y circunstancial y esa Europa aguerrida, siempre migrante, nunca olvidadiza.
Radicales y dichosos para ver y disfrutar postales bordadas en 1887, colección de fotos de los pueblos indígenas mexicanos de 1897, pinturas y dibujos de cuando frisaba los 14 años, toda la ascendencia italiana de muchos milenios en un acta de nacimiento, un invento, un diario de canciones y poemas, obras de teatro, guiones de cine, trazos inolvidables de una humanidad que nos fue dada por todos los costados para que entendiéramos que esta visión que calibramos, viene de muchas batallas y peleas verdaderas, hitos humanos de migraciones y abordajes de ciudades que los esperaban desde hacía muchos años, una de ellas, San Luis del Potosí y que fueron bendecidas con toda esa vibra que hoy se resiente y es persistente a través de los tiempos.
Pérense: doña flora a los 82 años fue atropellada por motociclista cricote: en pleno centro de la ciudad ella fue aventada por un motonauta que le fracturó su humanidad, es ahí que su sobrino Eugenio Calvillo, el gran “chícharo”, entra decididamente y hace justicia: que el moto chorro y su empresa fantasma pagare todo curamiento, ahí nos pusimos avispas todos: hasta beca le tocó a la tía milagrosa e hiper talentosa para dibujar al mundo y sus contornos.
No es poco decir que hasta Julián Carrillo, Luis Echeverria o Plácido Domingo hayan sido en presencia viva sus modelos para cumplir con el traspaso de rasgos y peculiaridades psíquicas emocionales, ella cumplidora, sencilla, radiante, mujer del pueblo y para el pueblo.
Me emocionan las circunstancias, quisiera ponerle el precio del mundo entero y me rindo, pero tampoco puedo soltar tan grandiosas maravillas que pudieran ser casas culturales de altura mundial y que sorprendería a propios y extraños y es más, darle contexto de humanidad de gente que fue diseñada específicamente para darnos luz y abarrote a lo largo de los siglos.
Por eso mis archivos quieren salir al mundo.
Los de la radio como el más espectacular acervo que pudiera enseñar como era la radio en el mundo de 1932 a 1975, las notas más inverosímiles y hermosas de comunicadores de gran escala y dominio de facultades sobre humanas para informar de delirios, lamentaciones o la pura alegría de haber existido en el mundo y disfrutado de todos sus placeres.
Se que en Fresnillo anduvo don José Piña de la Peña, a sus correos llegaban toda clase de avisos y constancias de una radio nicaragüense o peruana, de trasmisiones y saludos y aceptaciones de la radio de EEUU o de la mismísima Argentina, fue el colorido agregado por sus propias emociones fueron dando protección al deliro ,el mero jefe de las causas difíciles y los traumas cortesianos que los protegían para masacrar sin miedo a algunos miles de aztecas, cholultecas o tlaxcaltecas, sin temor alguno.
Hasta ahí: esos archivos quieren salir al mundo.
Tema es qué y cuánto cuestan.
Y mucho.
Example: un viaje a Pretoria y de ahí a Ushuaia, luego, por tierra, hasta José C. Paz.
No sabemos del final de don José Piña de la Peña. Quisiéramos saber y con furor y circunstancia.
Ojalá el destino logre encontrar esa osadía.



