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El Monterrey de Alfonso Reyes: una apelación a la memoria en tiempos de la inmediatez

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 691 / Libros / Historia

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Por Mariana Martínez Fortuno

En esta nueva entrega de la fecunda e inquieta pluma de Alberto Enríquez Perea, nos presenta un material tan concienzudo como necesario. Ya desde la fotografía en blanco y negro que engalana la portada de este libro (una vista panorámica de la Catedral Metropolitana custodiada por el imponente Cerro de la Silla), se advierte que la nostalgia será casi inevitable con la lectura de sus páginas. Dividida en nueve secciones, tal selección de fragmentos de la obra, recuerdos y algunas fotografías demuestra, una vez más, que los estudios sobre Alfonso Reyes son, sin duda, abarcables y, al mismo tiempo, inagotables. 

La evocación, pienso, es permanente no sólo porque Reyes nunca desaprovechó la oportunidad para hablar de su natal Monterrey hasta sus últimos días, sino porque, además, esa fórmula se volvió indisoluble: era conocido por muchas personas como el “regiomontano universal”. Su ciudad hoy alberga la mitad de aquello a lo que consagró su vida, es decir, su vasta colección de libros, en la “Capilla Alfonsina” Biblioteca Universitaria, de la Universidad Autónoma de Nuevo León. 

A lo largo de las páginas de Evocación permanente de Alfonso Reyes (1903-1960): Monterrey (UANL, 2025), Enríquez Perea, cual Virgilio, funge como guía en el tiempo-espacio de Alfonso Reyes, develándonos las estampas de su infancia, la briosa juventud, pasando por la adultez joven y culminando con la edad adulta, cuando el regiomontano ocupaba sus ratos tranquilos, desde su Capilla en la Ciudad de México, para poner en orden sus papeles y para preparar las compilaciones de su obra.

Reyes dice, en su conocido poema “Sol de Monterrey”, que de niño a él lo seguía el sol, día tras día. Ese sol neoleonense que se impregnó, ya no sólo en su joven piel, sino en su alma y, por consiguiente, en su pluma. Casi paradójicamente, ese clima semi-árido parió a uno de sus hijos más prolíficos; sin embargo, Reyes vivió poco tiempo en Monterrey, pues debido a las circunstancias políticas y al asesinato de su padre, se vio orillado al autoexilio en Europa desde 1913, con visitas al país natal de manera intermitente, hasta su regreso definitivo a la Ciudad de México, en 1939.

Esa nostalgia por la tierra conocida, potencializada por la partida no deseada, fungió como simiente para la creación de obras donde, si bien no siempre se hablaba de Monterrey, el autor procuraba establecer, cada que podía, su origen, y escribir sobre y para su patria. Asimismo, no es de extrañar el descubrimiento de que varios de sus textos provenían de inquietudes gestadas desde su juventud, nacidas de las lecturas en la biblioteca de la casa familiar y que, además, ya en su adultez, tuviera el ímpetu por recopilar sus memorias más íntimas y atesoradas.

Y es que, algunas personas que hemos migrado de nuestro origen conocemos y experimentamos esa nostalgia perpetua, esa saudade por lo allí vivido. Crecemos con las memorias que resguardamos con celo y a las que la distancia (física y, a veces, emocional) inyecta una mayor necesidad por legitimar la pertenencia. Por ello, quizá, Reyes conservaba tan vívidos los recuerdos de su infancia, no sólo por su privilegiada memoria, o más bien, como menciona Enríquez Perea, debido a la avidez de anotarlo, de asirlo todo y así conservarlo.

Más allá de la imagen solemne que se pueda tener de éste, Enríquez Perea retrata y presenta a Reyes en su más pura cotidianeidad, antes de ese trágico suceso en su vida, desde su infancia y juventud, cuando realizó sus primeras creaciones literarias, o cuando en el colegio ponía apodos (hoy censurables) a los compañeros, cuando intentó ser mago y, además, cuando conversaba con los pavorreales, en cuya idiosincrasia ya se había instalado ese lenguaje que el humano imitaba y que ellos traducían a su propio sistema de comunicación. No se omiten los recuerdos ingratos, como el de la nana que lo asustaba y maltrataba, o la vez que, en una salida a cazar venados, además de padecer la cabalgata, fue olvidado por sus acompañantes en ese campo.

El Cerro de la Silla, eterno vigilante, fue su inspiración para la creación de un sello o ex libris, símbolo inequívoco de su origen, que viajaba a muchas partes del orbe, impreso en ese particular periódico que editó en Sudamérica titulado Monterrey. Correo Literario (bautizado así, según él, “por motivos puramente cordiales”), y que lo acompañó incluso en su retorno a México, donde se apreciaba en algunos de sus libros bajo el sello de “Tezontle”. Este Correo Literario fue significativo, no sólo por lo evidente de sus paratextos que lo ligaban a Monterrey, sino porque ésta, decía Reyes, perseguía la encomienda de buscar “el tiempo y […] el espacio perdidos”. 

Al día de hoy, Monterrey, la simiente alfonsina, sigue albergando celebraciones hacia la vida y obra de uno de sus hijos más ilustres, y la memoria de Reyes sigue vigente en las aulas, en las calles que llevan su nombre y en el corazón de quienes sentimos empatía y simpatía por este gran escritor.

Citando a Enríquez Perea podría decir que: “La herencia de Reyes […] se quedó para todo aquél que quisiera estar interesado en su vida y en su obra, que van juntas y a disposición de todos. Reyes no descansa, vive entre nosotros, con su obra colosal y diversa. Como sus intereses, como sus preocupaciones. Ahí siempre lo encontraremos”. 

Este nuevo libro de Alberto Enríquez me parece imperativo y de suma relevancia, pues en estos tiempos donde la memoria se mecaniza cada vez más y donde la inmediatez permea todos los ámbitos de nuestra vida, se ponen en riesgo nuestros recuerdos, nuestra capacidad de remembranza, de evocación y, por esto el trabajo de Enríquez Perea resulta inspirador para continuar la conversación de un pasado del que podemos desprender múltiples lecciones y, ¿por qué no?, al que podremos volver siempre que el presente se sienta pesado y la estocada del recuerdo nos apunte al corazón.

* Evocación permanente de Alfonso Reyes (1903-1960): Monterrey, de Alberto Enríquez Perea, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2025.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_691

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