La Gualdra 691 / Libros / Mitohistoria
Por Judith Alejandra Rivas Hernández y René Amaro Peñaflores
El mito es una narración simbólico-sagrada que se refiere a una explicación de origen del mundo sustentado en la existencia de dioses, fantasías y creencias populares. La mitohistoria es un tipo de historia-narración con una trama de sujetos y un desenlace. Según Lawrence Stone (1986) la historia narrativa se caracteriza por ser una descripción cronológica anclada en los sujetos, que no en las estructuras; su enfoque es lo particular, específico y singular.
En este contexto, se inscribe el libro Elogio de la Mitohistoria de Arturo Burciaga Campos, constituido por dos partes. La primera, es un ensayo en donde se entrecruzan las aficiones del autor: la historia colonial, la microhistoria y su gusto por la literatura y la poesía. Con base en diez digresiones (cambios temporales de temas) el autor analiza acontecimientos humanos desde la historia social y la historia cultural (Bloch y Ginzburg). Así, aparecen Mesopotamia, Egipto y Grecia con su sentido del tiempo circular, en donde el mito eclosiona como lenguaje figurativo. La creación de los mitos históricos vinculados a la Historia de Bronce de los pueblos, plantea los orígenes sagrados y divinos de las naciones. En estos temas aparece el líder-agente que se convierte en villano o viceversa y es analizado en la dimensión de las pequeñeces y los delirios de grandeza, de las hazañas. Por supuesto que Heródoto es aludido, por su enfoque narrativo-anecdótico, en contraposición a Tucídides, más analítico y explicativo mediante causas y efectos. Desde aquí se hila la relación entre mito, prosa y poesía que se conjugan en la Mitohistoria. Por supuesto, hay una articulación del método histórico con relación a la verdad y la ficción, al paradigma indiciario y la “lectura microscópica” de la realidad.
Encontramos en las digresiones reflexiones sobre la verdad y la poesía; la lectura en voz alta y en silencio; el mítico Don Quijote y Cervantes; el Siglo de Oro de la literatura y el recuento de poetas ilustres como Garcilaso de la Vega; así como del romanticismo, modernismo, positivismo y Octavio Paz. Finalmente, la parte crítica está en la última digresión: la literatura poseída por el libre mercado neoliberal en donde las nuevas narrativas son vagas, ambiguas y líquidas; son una forma de “pervertir a la historia y trocarla en mito”.
En la segunda parte del libro, se encuentra una poética a la mitohistoria, allí Burciaga deja volar su capacidad literaria en los versos de temática historiográfica, como si fuera un encadenamiento evocativo temporal de la épica histórica: lugares, acontecimientos, protagonistas, lo ficticio, lo necesario, el amor, la religión. Evocaciones diversas sobre la naturaleza, la geografía, la mujer –“de largos cabellos”-, los caminos, el frío, las piedras. Allí, en la poética, se deja advertir e interpretar una cronología de la mitohistoria que desde la explicación de los orígenes es cantada, añorada e imaginada. Desfilan sujetos históricos, poesía, personas, paisajes, acontecimientos. La Mitohistoria, con su atributo narrativo-poético, alude Madrid, Londres y París; el Támesis por la mañana fría. La añoranza por el Mediterráneo de Serrat, “donde las olas arrasan una costa de placeres”.
Se observa en los últimos poemas las andanzas del autor, de sus viajes y de su fervor por lo histórico y la poseía. Preexiste la figura femenina con quien se dialoga y convive, compañera invisible, pero presente en la imaginación de los lugares anhelados. Más “lugares sociales”, los Ángeles, en donde finalmente destaca un nombre femenino: “María solo es una sonrisa y un vestido en vuelo”; Liverpool, entendemos la vaguedad del momento y lo fácilmente que los individuos pueden ser olvidados. En Moscú, se alude a la plaza, que “no es roja” y al prócer épico, que entendemos es Lenin; ahí donde “se lavan las aguas y solo las palomas son su compañía”. En la misma tesitura, el encuentro con Berlín, Nueva York y hasta el temido Wuhan. Por último, el poema “No somos espacio”, el poema que se refiere a Nueva Delhi, el cual está plagado de significados, como una urdimbre instituida por Buda, la meditación, los yoguis, la luz, los colores y el número 7. Interesante e importante, pues, la mitohistoria como relato.
*Judith Alejandra Rivas Hernández (UPN-321) y René Amaro Peñaflores (DEC-UAZ).
(1) Acerca del libro Elogio de la Mitohistoria de Arturo Burciaga Campos [México, Taberna Libraria Editores, 2025 (Colección Elogios)].



