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El lenguaje de los pájaros. Sobre Niñapájaroglaciar de Mariana Matija

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Por: DANIEL SIBAJA* •

La Gualdra 689 / Literatura

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—Aló, Aló ¿cómo así? Colombia fue mi mejor amiga en estos meses… Dentro, muy dentro, como un implante… Incrustado en mi interior… Ella nos expuso su cariño entre las calles de la Emérita, y me pareció hermoso, como el canto de las tórtolas en los jardines de Chen T’Ho, muy cerca de casa, cuando el Oriente era un canto de la naturaleza, un corazón palpitante, mientras uno cae dormido, mientras uno muere …En mi cerebro, lupa implacable… Mi voluntad destruyó… Si pudiera describírtelo: /…Dayana son las aves del crepúsculo en los parques. 

—¿Gritaba mucho? / ¿Por qué, reinita? […] / Adentro trato de grabar en mi cuerpo el recuerdo de su existencia pequeñita, sus plumas oscuras, sus ojos luminosos […] / Fue el ruido del mundo entrando sin invitación a un momento lleno de belleza… Poquito a poco, tú te instalaste… ¿Eres huésped o invasor?… Fue un momento lleno de belleza recordándome que hay más cosas en el mundo, además del ruido. 

Encontré el libro Niñapájaroglaciar (2025) gracias a mi amiga bióloga-colombiana. La conocí en la Emérita, entre mayo y junio, dentro de mi club de lectura… Tiñes mis días de fatal melancolía… Inmediatamente, caminamos hacia el parque de La Plancha, tomamos cerveza, comimos helados de pistache, y al fondo: …escuchábamos el atardecer con sus pájaros repletos y distintos: loritos verdes, cuervos mayas, tortolitas y palomas… Eres el hacha que astilló toda mi vida… Cuando ella nos hablaba de los ecosistemas microscópicos a través de las plantas coincidimos en muchas otras cosas. Para nuestra suerte, también Mariana Matija era un animal que dibujaba y escribía sin descanso. ¿Quiénes eran ellas?, ¿cómo podría escribirles sobre la naturaleza extraña de vivir? …Premeditada y divina… Me pasó con Dayana, la misma bióloga. Parecía que su Colombia interior había cambiado mi juicio sobre aquella literatura de guerrillas, sí, la cambió en su totalidad, por una literatura anegada de hermosas especies, paisajes nublados, montañas con glaciares y pinturas al óleo con crayones. 

—No sé cómo explicarte, Parce, lo mucho que te extraño desde México… Cruel y despiadado, me has humillado… Y, sin embargo, aquí estoy… De cuando me invitaste un pedazo de carne de cerdo y me diste de beber flores de jamaica. De esa noche cuando bailamos un poco de cumbia colombiana en el Barrio de Santiago, esperamos el bus y caminamos harto. Ese momento en el que nos dimos aquellos halagos entre los amores imposibles, las relaciones del pasado y las decepciones… Aunque me ultrajes, aunque me uses… Siempre a tu disposición… Cuando me enseñaste Maligno y brindamos con media botella de vino. Si pudiera, honestamente, nunca olvidaría también, que tú: / …Dayana eres como los almuerzos con arroz y plátano. 

—Las pomarrosas se parecían a muchas cosas y al mismo tiempo no se parecían a nada que yo hubiera conocido: piel lisa como la de una manzana, pero mucho más suave y más delicada, olor a flores, pulpa entre dulce y ácida… ¡Se acabó!, he llegado al límite… / A los bichofués les decimos así porque en su canto dicen biiiiiiiiichofueeeé […] / así como los humanos, tienen acentos distintos en cada lugar […] / De mi ciega devoción… / …sé que mi cuerpo guardó el recuerdo de esas voces. 

Encontré, en este libro autobiográfico, que: …María Matija nos pinta un paisaje lleno de árboles, el color fucsia de las flores y el blanco glaciar de las montañas… Tiñes mis días de fatal melancolía… Entonces, su escritura, dividida en diecisiete capítulos, nos lleva hacia un paisaje interior, la suya, la de Colombia y su lenguaje de pájaro endémico… Eres el hacha que astilló toda mi vida… Desde Jorge Isaacs, con su novela María en el Valle del Cauca, hacía mucho que no abría una novela colombiana… Premeditada y divina… Lo que más recordaba de aquella historia fueron los muros hechos de enormes rocas, igualitos a los que se ven en los pueblos de Yucatán; los paisajes amplios, verdes y grandísimos, extendiéndose por todas las letras en la longitud de la página.

—Entristeciéndome y deprimido, decirlo en el salón de clase: …me cuesta mucho estar solo, ésa era la sensación más aguda… Quiero desintoxicarme… ¿Por qué de repente estoy sintiendo la muerte tan cerca de mí? He dejado que las malas decisiones arruinen mi entusiasmo. Quisiera tener más emociones positivas… Cortar esta dependencia antes de que sea tarde… Dejar de comportarme como un inmaduro. No hacer berrinches, dejar de andar a altas horas de la madrugada. Lo acepto, en esta ciudad Emérita voy de la mano con un muerto. Y estoy totalmente vulnerable. No quiero morirme. Quisiera recordar, por siempre: / …Dayana son las noches en motocicleta. 

—Pero un día el árbol me habló. / En ese momento sentí como si se me hubiera abierto un hueco en el estómago y ahora entiendo que lo que me pasó fue más o menos eso: en mi paisaje interno empezó a intuirse el vacío […] / ¿De qué manera se ha podido tener acceso a ese lenguaje secreto de células, tejidos, tubos y sangre? / Aparecen. Como espantos. Todo eso se iba metiendo también en mi cuerpo y lo invadía poco a poco, disimuladamente. Era el zumbido filtrándose y desplazándose y llenando todo. BRRRRRRRRRRRRMMMM.

Ignoré por mucho tiempo: …la soledad en sí no existe al interior de este libro… Tiñes mis días de fatal melancolía… Siempre estaremos acompañados y nos comunicaremos con la naturaleza, aquélla que también destruimos. Mariana Matija nos hace conocer, en este recuerdo de onomatopeyas, otra cara del globo terráqueo, un planeta que, aunque enorme, llora por nosotros, los que vivimos aquí… Eres el hacha que astilló toda mi vida… No creo poder etiquetar este libro, hace mucho que no me fijo en la solapa, o en el cintillo de venta que las editoriales y lectores consumistas añoran… Premeditada y divina… Ya lo decía en aquel billete colombiano de 2 mil pesos, Débora Arango: “[…] no espero que todos estén de acuerdo conmigo; pero yo tengo la convicción de que el arte, […] nada tiene que ver con los códigos de moral…”. Dayana y Mariana tenían la misma queja: esa Colombia violenta, en verdad, contiene: …los pueblos más morados de la Tierra, al igual que el rincón donde nació mi mejor amiga: Bojacá, en Cundinamarca. 

—Enséñame a amar sin deudas ni garantías. Déjame tener miedo de quererte así, tal como eres, en medio de este clima distinto… Tiñes mis días de fatal melancolía… Dame el tiempo para extrañarte, ofrecerte mi mano cuando estás sobre el suelo, casi en la derrota… Tiñes mis días de fatal melancolía… Cuéntame tus más vergonzosos secretos, mientras escuchamos la Emérita caer por la noche, con sus ruidos subterráneos y sus pulpos blanquitos. Déjanos, Libro, en este paseo por el centro histórico… Tiñes mis días de fatal melancolía… Quisiera, en este pequeño infierno, escribirte: / …Dayana es una carta de amistad nunca antes escrita. 

—Toda la vida he sido muy llorona, y por eso me ha pasado muchas veces que otras personas no se toman en serio mi dolor […] / Me encerré para protegerme de la tristeza y no me di cuenta de que me metí en una jaula. / Los glaciares y las montañas que los sostienen. El páramo y el agua que escurren. Las islas. Los volcanes. Los aguaceros. […] Los acantilados llenos de nidos de frailecillos. […] Los afrecheros. Los bichofués. Las pomarrosas y los árboles que las hacen y sus explosiones fosforescentes en el suelo. […] Las reinitas canadienses y sus viajes imposibles. La Tierra y sus canciones magnéticas.

Niñapájaroglaciar fue publicado primeramente en el 2023 por Rey Naranjo Editores, pero hoy se abre al mundo con la colección de ensayo de Almadía en 2025. Quiero dedicar esta carta, como ese dibujo de Mónica Figueroa que también nos invita, siempre, a ascender a las montañas. Mónica Nepote, lo anota, esta obra literaria para la Tierra “…nos recuerda que vivir es habitar y que el mundo palpita…”. Qué humillado me siento entonces. Estoy hasta la coronilla cuando digo que esta soledad jamás nos pertenece, sino que hay mucho más allá afuera, deprimido Lector, que la naturaleza nos regala, y que, por tercos, no terminamos de admirar y… ¿amar? 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_689

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