A tres décadas de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, voces académicas, legislativas y de la sociedad civil se reunieron para reflexionar sobre los avances y desafíos en torno al derecho humano al cuidado. En el conversatorio “El derecho humano al cuidado: avances y desafíos a 30 años de Beijing”, diversas referentes en derechos humanos, trazaron un balance histórico y actual de las luchas de las mujeres.
Gloria Ramírez, coordinadora cátedra UNESCO DH-UNAM, abrió con una mirada crítica al camino recorrido. Recordó que, hasta hace apenas 70 años, las mujeres no tenían reconocimiento ciudadano pleno: no podían decidir, poseer bienes, ni votar. “No existíamos hasta que tuvimos derechos”, apuntó. Subrayó cómo las estructuras históricas han culpabilizado a las mujeres por aspirar a un desarrollo personal y profesional, manteniéndolas en un terreno “chicloso” que frena el ejercicio pleno de sus libertades.
Para la académica, Beijing representó un parteaguas al reconocer los derechos de las mujeres como derechos humanos, pero la implementación sigue enfrentando resistencias. Ramírez recordó instrumentos clave como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), mecanismo vinculante que obliga a los Estados a rendir cuentas. México, dijo, ha presentado informes oficiales y de sociedad civil que muestran tanto logros como carencias en la agenda de igualdad, especialmente en violencia y participación política.
A tres décadas, apuntó, existen instituciones como institutos de mujeres, comisiones y políticas públicas, pero muchas veces carecen de diagnósticos sólidos y resultados concretos. “Hemos roto techos legislativos, pero el techo sigue pegado”, resumió.
Enseguida, la senadora Amalia García, presidenta de la Comisión Nacional 50+1 Cuidados, tomó la palabra para contextualizar históricamente la lucha feminista en México. Evocó su participación en la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1975, cuando feministas repartían volantes frente al evento oficial organizado por el procurador general de la República. “Se nos consideraba peligrosísimas”, recordó entre sonrisas, al relatar cómo el movimiento feminista era vigilado por la Dirección Federal de Seguridad.
Para García, Beijing en 1995 marcó un antes y un después. Allí surgieron conceptos que hoy son cotidianos, como “empoderamiento” y “perspectiva de género”, en su momento considerados ajenos a la cultura mexicana. Además, destacó la propuesta de la mexicana Clara Guzmán, que logró que se reconociera el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados en las cuentas nacionales. Hoy, ese aporte equivale al 27% del Producto Interno Bruto.
García explicó que el feminismo ha impulsado la agenda de cuidados bajo el enfoque de las “tres R”: reconocer, redistribuir y remunerar. Primero, reconocer el cuidado como un trabajo indispensable para la vida; segundo, redistribuirlo entre familias, Estado y comunidad; y tercero, garantizar condiciones dignas para quienes cuidan. También hizo énfasis en el autocuidado, pues las mujeres suelen posponer su salud y bienestar por atender a otros.
La senadora subrayó que los cuidados deben traducirse en políticas públicas y reformas legislativas. Planteó la necesidad de escuelas de tiempo completo, estancias infantiles, servicios para personas mayores y sistemas que liberen tiempo para las mujeres. “Compartimos una pobreza común: la pobreza de tiempo propio”, señaló. A ello se suma la falta de trabajos formales que aseguren pensiones, lo que condena a muchas mujeres a la precariedad en la vejez. “El derecho a los cuidados es la gran política social del siglo XXI”, finalizó.
Por su parte, Patricia Cárdenas, presidenta de 50+1 Aguascalientes, destacó los avances impulsados en la entidad en materia de igualdad de género y erradicación de la violencia contra las mujeres. Subrayó la implementación de una política de cero tolerancia al acoso y hostigamiento laboral y sexual en las dependencias del gobierno estatal.
Resaltó también la creación de 35 lactarios en oficinas gubernamentales, con el fin de garantizar a las madres trabajadoras espacios dignos y seguros para la lactancia, así como la puesta en marcha de las Casas Rosas, centros especializados de atención integral para mujeres en situación de violencia, donde se brinda apoyo psicológico, jurídico, social y de salud, además de acompañamiento a sus hijas e hijos.
Finalmente, explicó que se trabaja en la recuperación de espacios públicos con perspectiva de cuidados, a través de iniciativas como las baterías comunitarias, orientadas a transformar zonas inseguras en lugares de convivencia segura para mujeres, familias y personas adultas mayores. Estas acciones, afirmó, forman parte de una estrategia integral para colocar los derechos y necesidades de las mujeres en el centro de la agenda pública.



