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La irrupción de vibraciones lumínicas… frente a un silencio abrumador

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 681 / Arte

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Por Álvaro López Limón

Es sorprendente la importancia que tiene la música en la pintura de Zóbel; su obra muestra la influencia del sonido en la materia, crea patrones, estructuras geométricas, contornos difuminados, diáfanos y, una paleta rica en recursos formales de exquisito ingenio, de vibraciones acústicas entre tonos que nos permiten ver el sonido.

Zóbel implanta con su obra, Jardín seco, tres posibles escenarios que coexisten en una aparente contradicción. En primer lugar, el título de la obra se refiere a algo que aparentemente no es. No es un jardín seco lo que estos trazos parecen evocar, sino una mariposa aleteando. Además, aunque de colores otoñales, la pintura sugiere un signo visual, una realidad alejada de la sequedad y aridez que evoca el nombre asignado.

En segundo lugar, el cuadro es atravesado por una línea vertical que se origina de una mancha negra que insinúa una nota musical, la línea divide el cuadro en dos mitades verticales –casi simétricas e independientes– con luminosidad propia y movimiento diferente. Vemos que la zona de la izquierda queda mucho más iluminada y estática; una luz blanquecina impregna esa mitad izquierda del lienzo, mientras que la de la derecha queda manchada de gris amarillento, con trazos negros semiondulados de contornos difuminados. La tonalidad grisácea se apodera del cuarto superior izquierdo. Si concentramos nuestra mirada en zonas pequeñas del cuadro, podremos comprobar el salto lumínico y tonal que se verifica a uno y otro lado de la citada línea vertical, como si de un corte o una grieta en el lienzo se tratase, casi se deja ver una luz que se esconde detrás de la tela, que alumbra de derecha a izquierda. Aquí, Zóbel busca captar el instante, esculpir las oscilaciones lumínicas protagonistas en Jardín seco, se apropia de la luz y de esa vívida sensación de movimiento.

En tercer lugar, pensamos con Josep Maria Guix, que la pintura es un lenguaje visual, lo primero es dar una oportunidad a la observación, contemplar la realidad, no deslizarse sobre la superficie, sino esperar en actitud paciente y abierta a que se nos revele su espíritu sonoro; así encontramos en la obra de Zóbel que la concentración cromática del cuadro, no es sólo el resultado de advertir la similitud de colores con los pigmentos de las alas de la mariposa monarca, es también la irrefrenable sensación de movimiento que desprende todo el conjunto, y que al ser ilustrada con tanta nitidez, nos deja sin palabras.

En fin, en medio del pacífico vacío del cuadro, emerge un gesto pictórico que desvela el desorden y el azar de la naturaleza. El apreciable silencio que suscita ese gran vacío se ve alterado por un breve aleteo, sutil pero perceptible, que no desentona ni distrae. La serenidad no se ve perturbada por irrupciones lumínicas, pues al contrario, la gracia de esa vibración relaja lo que de otra forma sería un silencio abrumador.


Referencias Bibliográficas 

Exposición en homenaje a la memoria de Fernando Zóbel (cat.exp.), textos: Francisco Calvo Serraller. Madrid: Fundación Juan March, (septiembre-noviembre), 1984.

Hernández, M., Fernando Zóbel: el misterio de lo transparente. Madrid: Rayuela, D.L. 1977.

Ver La Dirección: M Guix Images of Broken Light: https://www.neurecords.com/images-of-broken-light/

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_681

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